La espera. Recuerdos (Capítulo 13)


Las fechas pasan en la Nave Industrial y los ingenieros, con Braxton Hicks a la cabeza, siguen optimizando la Máquina. Aún no han comprobado todos los sistemas pues los errores, pequeños pero numerosos, se superponen y no tienen duda de que su suma puede ayudar a que una placa con fallas se chamusque. A pesar de que su trabajo es mucho y el descanso mínimo, no conlleva dificultad intrínseca, son ajustes y comprobaciones constantes, nada más.

Los doctores por su parte tienen que lidiar con personas, personas con miedos más complejos que los restos en una situación y un espacio extraños para ellos que se sale, más que sus traumáticos pasados si cabe, de cualquier normalidad. Con ellos han de lidiar los tres doctores, Garriga, Lorenzo y Méndez, mientras el Presidente, Ricardín, ya les ha informado de que no volverá por la Nave hasta que se reinicie el experimento como tal, que será más eficiente si realiza acciones administrativas desde su despacho. Pepe, su cuñado, sabe que va a dormir varias noches fuera de casa pero ¿qué nos importa a nosotros? ¿qué hacemos con su infidelidad? Pues lo mismo que el doctor Méndez, pasamos ahora y cuando sea necesario, lo utilizamos a nuestro favor.

espera clock

Las primeras horas en las jaulas de oro son iguales todos los días, los sujetos salen de ellas tras el margen de tiempo establecido ante el atronador despertador. Por el patio las miradas somnolientas se tornan incómodas cada vez que se cruzan con las de sus carceleros doctorados. Por fortuna para los experimentadores, esa incomodidad se transfiere al comedor y los desayunos son solitarios y silenciosos, nadie habla con nadie, nadie interactúa con nadie, ningún sujeto muestra interés alguno por cualquier otro ser de los que les rodea. Parecen satisfechos con los regalitos que han dejado en sus celdas. Cada vez que uno de los doctores trata de acercarse a alguno, ellos se despegan raudos de la conversación y se esconden de sus miedos frente a una de las múltiples pantallas que presiden sus habitaciones. Algunos aprovechan para ver maratones de series de televisión de pago, otros se masturban ante el acceso ilimitado a ese aspecto de la red, todos prueban videojuegos en alguna plataforma y sólo una decide leer, aprovechan durante horas el hidromasaje de su baño y el retrete japonés refresca sus bajos fondos. Eso sí, luego llega la hora de comer, de volver a compartir el espacio, y la incomodidad se hace vigente otra vez y el silencio y la soledad vuelven a mostrarse con crudeza, aunque los manjares a los que tienen acceso les permite soportar mejor la situación. Se repiten las evasivas a la hora de la siesta cuando los doctores tratan de acercarse de nuevo a los sujetos, terminando con todos ellos enclaustrados entre las maravillas informáticas de sus jaulas. Y cómo podréis imaginar, en la cena la escena se repite en un menor margen de tiempo, pues la excusa de irse a dormir es poderosa. Pero el tercer día Bernardo Loup, cual Jesucristo ludópata, despierta.

En este, el tercer desayuno de la espera, todas las costumbres se mantienen hasta que una mala mano en el póker online, hace que Bernardo grite.

¡Malditos! Si pudiera veros no me clavaríais semejante faroles…

Luego silencio, un silencio tan repentino que hace necesaria comprobación visual y desde la sala de vigilancia el doctor Lorenzo, en su turno, informa.

Está pensando, nada más.

Pero a la hora de comer sí que hay algo más. Se sienta con cada uno de sus compañeros para ofrecerles la idea que a la mañana le asaltara.

espera pxfuel

No sé tú, pero yo ya me he aburrido de estar encerrado sólo, como un autista, en la habitación, y se me ha ocurrido que sería divertido socializar un poco… parece que esto va para largo así que habrá que conocerse un poco, ¿no crees? Claro que sí… por eso estoy preparando una partida de póker amistoso para esta noche, yo me encargo de todo, tú sólo tienes que venir… la pasaremos bien ¿qué dices? ¿Tú también estas cansada de la espera?

Sólo con Mariola Piola el éxito es rotundo.

Yusuf se queda callado y mirando su plato con intensidad con un único anhelo, que quién se le ha sentado tan cerca y le ha hablado tanto, se marche y le deje en paz. Cómo eso no pasa, en un ataque de valentía nada común, se levanta, recoge los aparejos alimenticios y sin echarle un vistazo siquiera, se marcha a otra mesa dándole la espalda.

Lorena reacciona de una forma mucho más sencilla de entender.

No gracias, creo que el azar es un cabrón traicionero, no le veo la diversión. Además según mis cálculos, el experimento debería reanudarse en breves y no será necesario eso de socializar.

Y finalmente Yolanda Miedo esta vez no lo da, su lado más afable surge para indicarle con amabilidad que rechaza su oferta y es ahí donde Bernardo dobla la apuesta insistiendo, lo que produce la transformación de Yolanda Miedo, ahora sí lo da. Y entre llantos grita, no tanto al señor Loup como al mundo entero.

¡¿Por qué no me dejas elegir?! ¡¿Por qué no aceptas mi decisión?! ¡Siempre es igual! ¡Siempre lo mismo! ¡Yo sé lo que quiero pero siempre llega alguien para decirme que me equivoco, qué sería mejor esto otro! ¡Siempre igual! ¡Siempre lo mismo!

Se levanta con el cabreo gobernando sus movimientos, la silla sale disparada sin querer aunque el plato contra la pared, sí que ha sido aposta. Yolanda se marcha con cajas destempladas farfullando por el camino hasta su habitación. El portazo lo escuchan hasta los ingenieros.

Sala de vigilancia, comprobación visual de Yolanda Miedo por favor.

Tranquilos, está llorando vestida bajo la ducha, sentada y agarrándose las rodillas… si va a más tengo preparado al equipo de seguridad.

Ok.

Esta es la preocupación de los doctores por sus sujetos.

Espera i-am-waiting_opt

La comida termina con el ambiente enrarecido por la reacción de Yolanda, aunque para nada le quita las ganas a Bernardo que cambia de objetivos, tiene una mesa que llenar.

Buenas Carcelero A.

Le dice al doctor Méndez que intenta exponerle su nombre, no le deja.

No, no, no, no me lo digas, guárdatelo para esta noche cuando os paséis por mi habitación para jugar una partida amistosa de póker, necesito sociabilizar y por aquí parece difícil…

Le muestra una sonrisa cómplice, Pepe se la responde y decide que ante la cerrazón de los sujetos, esta es una oportunidad única para acercarse a ellos. La reacción de Yolanda es el ejemplo claro del nerviosismo que se respiraba en las últimas horas.

Muy bien Bernardo, esta noche a las nueve vendremos los tres y si te parece bien, prepara la timba en el comedor, tú dinos que necesitas, te lo traemos y lo pones cómo más te guste…

Como un niño chico Bernardo se trastabilla repasando su lista de “exigencias”.

Mesa de póker redonda con reposa fichas y reposa bebidas, fichas de póker por supuesto, de seis a diez barajas… no queremos que una carta se rasgue y quede marcada… mini bar con hielos y refrigerios varios, pizzas como para que las grasas conquisten nuestras arterias y… ¿sería mucho pedir un barman con experiencia en coctelería?

De nuevo deja escapar su sonrisa pícara, esta vez el doctor Méndez no le corresponde.

Tampoco te pases Bernardo…

Vuelven a reír.

Los secretarios te lo traerán todo.

La espera será soportable.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.