El presidente Ricardo. Recuerdos (Capítulo 12)


La mañana despierta con otra reunión entre el Director y Braxton Hicks, hoy el tema no es tan sencillo como el de la anterior, pues al fin y al cabo, provocar una muerte no es como si sólo se hubiera chamuscado un circuito mal configurado, lo que curiosamente fue la causa de la defunción de John Doe. Aunque por lo visto, para ninguno de los dos fue tan urgente como para organizar una con premura el mismo día en que ocurrió, no, han esperado con tranquilidad hasta el día siguiente. Los protocolos estaban prestablecidos, se han supervisado y se han seguido a rajatabla, se ha cumplimentado toda la documentación necesaria y John Doe descansa, si tras su traumática muerte así se pueda decir, en la fosa común del cementerio municipal. Este es el valor de los sujetos del experimento.

Buenos días.

Buenos días.

Hoy es la doctora Braxton Hicks quién llega, la reunión se celebra en la Sede Central, en el despacho del Director, quien sin más preámbulos habla.

No se puede repetir lo que ocurrió ayer, no puede ser que después de tanta inversión, el primer día perdamos al primer sujeto, y no sólo por todos los problemas administrativos que genera, ni por el frenazo que nos ocasiona… doctora… no es fácil encontrar nuevos individuos que cumplan con las características exigidas para ser sujetos del experimento…

Estoy de acuerdo aunque…

Sí, sí, nos queda la posibilidad de reponerlo con alguno de los suplentes pero por ahora no parece lo adecuado…

A pesar de ser cierto…

Perdona por cortarte, tengo que realizarte primero unas preguntas antes de avanzar, en un rato vendrá el presidente y he de informarle…

Los dos ríen a carcajadas y con sinceridad.

presidente 1

En realidad es para los inversores, se han preocupado. Tampoco es menos cierto que tengo que darle los datos, la jerarquía es la jerarquía.

Pues termina rápido, los dos tenemos cosas que hacer.

¿Qué ocurrió ayer? Sea exacta.

Muy simple, una de las placas era defectuosa lo que produjo que se quemasen los controles de los visores, el sistema de apagado de urgencia y alguna otra función que no importa para el caso.

¿Ya está arreglado?

Eso creemos aunque hasta que no hagamos las pruebas generales no se puede asegurar nada…

¿Existe algún responsable directo del fallo?

Bien, esta cuestión es más interesante. Sí que un par de mis chicos eran los responsables de la sección, pero no considero que sea su culpa a pesar de que no niego sus faltas y por ello pagarán con varios días de sueldo.

¿Ningún tipo de suspensión?

No, necesito de todo el personal y no hay tiempo para formar a nuevos ingenieros, pero aquí lo importante es que la placa era defectuosa y tras revisar el resto, hemos encontrado tres más que ya hemos sustituido, así que confío en que abras las diligencias necesarias contra el proveedor…

Se lo comentaré más tarde, pues como ya sabes, quién nos provee de esos artilugios es también uno de los inversores principales… pero bueno, veo que se han tomado las medidas imprescindibles. Pasemos de punto.

Ya era hora, a ver, hemos retrasado el calendario de sesiones en la Máquina hasta realizar las tres pruebas generales y asegurar fehacientemente, que ninguna pieza sufre un desgaste tan exagerado como estas placas deficientes…

Muy bien, entonces ya podemos dar por concluida la reunión, informaré al jefe…

Los dos vuelven a sonreír

Y él se encargará de organizar a los psicólogos para tratar al resto de sujetos ante los retrasos y a la tarde, en la videoconferencia, les contaré a los inversores lo que has explicado.

A la doctora Braxton Hicks se le tuerce le morro y el Director remata.

No ponga mala cara, ya sabes que este es el protocolo y que si el fallo se hubiese dado en mi sección, deberías ser tú la que diese parte a los inversores…

Lo sé y aun así, no deja de disgustarme.

Te entiendo, pero tienes que pasar página.

Ya.

En ese momento Pedro, el secretario del Director, le avisa por teléfono de que el “cuñado del doctor Méndez” ha llegado. La despedida de Braxton Hicks es concisa y rápida, al igual que su saludo a Ricardo, su supuesto superior, quién no la conoce más que de verla en el palco acristalado de la Sala de Borrado. Entonces Pedro le permite el paso al despacho y a pesar de ser “el que manda”, se siente en el lado de las visitas de la mesa y espera cuál subordinado, a que quién en verdad gobierna el experimento, tome la iniciativa y disponga las órdenes a seguir. No tarda.

Bueno señor Presidente, ayer sufrimos la baja del Sujeto A.

¿John Doe ha dejado el experimento?

Digámoslo así, el Sujeto A ha fallecido durante el transcurso del experimento.

El Presidente se queda sin palabras hasta que el silencio que mantiene el Director le obliga a decir algo.

Entonces… ¿qué ocurrirá con la subvención que recibimos por John Doe?

Veo que está al quite señor Presidente, no se preocupe…

Cada vez que escucha referirse a su persona de esta forma, su ego crece un poco más. El Director continúa.

Ya está hecho todo el papeleo y por fortuna, la subvención seguirá vigente.

La duda asalta a Ricardo.

No se inquiete señor Presidente, ya sabe, hay formas de realizar la burocracia estatal más beneficiosas que otras.

Esta respuesta le calma porque primero, le evita quebraderos de cabeza y porque ha vuelto ha repetido su nuevo cargo, lo que parece haberse convertido en su nueva droga. Ricardo el Presidente se digna a contestar.

¿Algo más?

Sí señor Presidente, por las complicaciones de la Máquina vamos a retrasar, por hasta una semana si todo va mal, la utilización de los sujetos en la Sala de Borrado. Hay que realizar comprobaciones exhaustivas para que no vuelva a ocurrir…

Claro, claro…

Por ello debería organizar a su grupo de doctores para cuiden y observen a los sujetos durante el retraso, que supervisen sus actitudes frente a esta situación.

¿La muerte de su compañero?

No, no, no, no… el retraso de su participación en el experimento, señor Presidente, ellos no deben conocer los hechos acaecidos con el Sujeto A.

Claro, claro…

Ricardo sólo escucha “señor Presidente” y el Director decide terminar la reunión.

Pues si lo tiene claro señor Presidente, le recomiendo ir a la Nave Industrial y hablar con sus subalternos.

Me place, gracias por la información y su buena labor. Buenos días y adiós.

Y Ricardo el Presidente sale del despacho con la tranquilidad de la inconsciencia y el ego por las nubes.

salon presidente

Llega a la Nave, sigue flotando ante la magnificencia de su persona y con un halo de superioridad saluda a cuantos se encuentra, con suficiencia y conciencia de su cargo real, hasta llegar a la sala de trabajo de sus doctores. Mientras entra, lista a los tres para avisar de su llegada, convocándoles a su vez a las órdenes del día.

Doctor Garriga, doctor Lorenzo, doctor Méndez, atentos, tengo novedades.

El ímpetu con el que ha cruzado la puerta y el tono imperativo en su voz, les mantiene callados y a la expectativa.

John Doe… perdón, el Sujeto A, ha dejado el experimento, lo siento por su posible bonificación doctor. Este error de ingeniería hará que el resto de sujetos tengan que esperar, en el peor de los casos una semana, para su participación en el experimento y ahí entran ustedes, deberán mantenerles tranquilos durante la espera y supervisarles contantemente… eso es todo, ya tienen labor…

El doctor Méndez se atreva a preguntar.

¿Y tú qué harás?

Yo revisaré a los suplentes para elegir a los más aptos y tenerlos preparado por si acaso se produjeran más bajas… tenemos que estar preparados.

Ante esta versión endiosada de su cuñado el doctor Méndez no se atreve a responder, sus pensamientos le dirigen a un único punto, piensa.

¿La señora Pérez no estaba entre los suplentes, no?

Y su mente le ofrece un recuerdo de la última cena familiar que compartió con Ricardo bañado en ron con un filtro etílico envolviéndolo todo.

Lo siento mucho Pepe, he tenido que meter a Josefa Pérez entre los suplentes del experimento, desde Dirección me han exigido una lista más amplia que la que entregamos de primeras…

Y de vuelta a la realidad, el doctor Méndez empieza a negar con la cabeza al recorrer el pasillo que le lleva al patio para el desayuno, como si fuera otro paciente más de su antigua consulta. No tiene tiempo para recapacitar, los despertadores de los cinco sujetos restantes suenan, es hora de trabajar.

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