Una mañana tranquila. Recuerdos (Capítulo 8) 1


¿Ya están los resultados?

Es el cuñado del doctor Méndez el que responde con el sueño apoderándose de sus palabras.

Se los envié ayer por mail, a última hora.

Aquí no está, actualizo y actualizo y nada… quería revisarlos antes de la reunión…

Con apatía le responde el cuñado.

¿Ha mirado en el correo no deseado?

Tras un silencio ansioso el doctor Mancebo exclama.

¡Aquí está, perfecto!

Y después de otro silencio, mucho más tranquilo, le interpela de nuevo a su interlocutor.

¿Recuerda qué se requiere de su presencia para el comité de hoy, no?

El cuñado se asusta.

¡¿Pero qué hora es?! Si el despertador no ha sonado…

Son las siete de la mañana…

¡Joder! Me ha acojonado doctor…

Un instante de lucidez brilla en su consciencia, está hablando con su jefe.

Doctor Mancebo, comprendo su entusiasmo pero entienda usted que hemos quedado a las doce y hoy es el primer día, desde que empezó la selección, que mis obligaciones me permiten rezongar un poco en la cama…

Está bien, está bien…

Le corta su jefe mientras cuelga el teléfono centrado únicamente en el informe recién descubierto.

En la habitación del cuñado, una joven voz femenina suelta desinteresada.

¿Quién era? ¿Tu mujer?

Nada, trabajo… sigamos durmiendo muñeca…

Ella sonríe con mueca de asco por esa expresión tan pasada.

Muñeca, me dice.

De nuevo el gesto que mezcla cariño con repulsión. Su diferencia de edad abarca varias generaciones. Él cierra los ojos y los brazos sobre un cuerpo precioso que bajo la apariencia de fragilidad, esconde la dureza del basalto. Es muy pronto por la mañana y aún así, sonríe como lo que es y el móvil vuelve a vibrar y a sonar y a apremiarle.

una mañana tranquila 3

¿Sí?… Doctor Mancebo ya le he dicho que en el correo no deseado…

¿Qué pasa Ricardín? ¿Soñando otra vez con el Mancebo?

¿Quién? ¿Cómo?

Tranquilo Ricardín, ¿no reconoces la voz de tu cuñado?

¡Joder Pepe! ¿Qué haces llamando a estas horas?

Perdona macho, cómo tu hermana y tu mujer han estado toda la mañana mandado mensaje para preparar la cena de hoy, pensaba que tú también andarías a tope, ya sabes cómo es tu mujer, a la mínima ponme la mesa, vete a comprar esto que se me ha olvidado…

Yo… eh, sí… bueno, no… sí, estaba todavía dormid…

¿Me la pasas?

Sí, bueno no… es que ha… ha salido y…

¡Tranquilo Ricardín!

Una carcajada al otro lado.

¡Qué ya sé dónde estás! Estoy de vacile.

La carcajada evoluciona en risa contenida pero continuada.

¡Qué te follen Pepe!

Un chist a su espalda pide silencio, una risita en el teléfono pide que le griten. Decide que es lo importante e inicia la conversación que se ha retrasado durante tanto tiempo, aunque al mirar el reloj la realidad le refuta. Han pasado muy pocos minutos de la mañana.

¿Qué quieres Pepe?

Algo fácil esta vez… ya sabes que soy una tumba…

Sí, sí, no te andes por las ramas…

Quiero formar parte de tu equipito para la siguiente fase del experimento.

Pero ya no puedo incluir a nadie más, tenían que ser tres y a tres escogí y tú no estás entre ellos…

¿A qué hora es la cena? Porque es en tu casa y estaremos toda la familia…

La amenaza podría no parecer tal pero ahí está, enviada por correo urgente y con corazones en los puntos de las íes. Y por supuesto el doctor, del que al fin conocemos su nombre de pila, Pepe Méndez consigue su objetivo.

Está bien Pepe…

Responde Ricardo resignado.

Le diré a Peeble que se queda fuera, pásate a las once y media por mi consulta, iremos juntos a Sede Central y ahí lo cerramos todo… supongo que no les será muy difícil realizar el cambio.

Yo tampoco lo supongo, pero así es la vida…

Ahora que ha cedido siente que puede volver a un tono contrariado.

Pues ya está, Pepe, déjame dormir.

Mientras cuelga escucha al doctor Méndez con una voz pequeñita.

¡Muchas gracias Ricardín! ¡Dale duro cuñado!

Ricardo piensa, duda en cómo darle la noticia al doctor Peeble, ¿cara a cara?, ¿llamándole?, admira las piernas que se pierden bajo las sábanas y se decanta por la solución más fácil y rápida. Le escribo un mensaje y lo arreglo otro día.

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¿Quién era? ¿Tu mujer?

Nada, trabajo… sigamos durmiendo muñeca…

Tras escribirlo cierra los ojos y los brazos sobre un cuerpo precioso que bajo la aparien…

El teléfono, cada vez más estridente, le vuelve a reclamar.

¡¡Pero qué cojones!! ¡¿Quién es?!

¡¿Cómo qué quién es?! ¡¡¿Qué hostias es esto de que estoy fuera de la siguiente fase del experimento?!!

Estas frases vienen regadas por un acento inglés apenas perceptible.

Ricardo sueña con dormir y se lamenta, ¿pero hoy no me tocaba la mañana tranquila?

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Una idea sobre “Una mañana tranquila. Recuerdos (Capítulo 8)

  • Pura

    Las historias parece que van funcionando solas, poco a poco se descubren conexiones más o menos intensas entre ellas hasta configurar un todo, nunca exento de sorpresa y con final inesperado!!!
    Espero la continuación!!!!! 🤔😘