Braxton Hicks. Recuerdos (Capítulo 10)


Correos electrónicos, llamadas de teléfono, vídeo conferencias, burofaxes y burocracias varias copan las oficinas de Sede Central. Los secretarios y secretarias están de trabajo hasta las cejas, los doctores de vacaciones, tres días nada más, y los candidatos preparando su partida hacia la nave industrial donde se realizará el experimento y donde los científicos más puros ponen a punto la maquinaria, literal y figuradamente, necesaria para la investigación.

braxton hicks ingeniería

La nave hierve ante los últimos preparativos, los científicos puros realizan comprobaciones de última hora; quítame de ahí ese chip quemado, cambia la dirección de ese pulso, necesitamos más memoria acá, desinfectadme esos aseos y hacedme esas camas. El espacio ha de quedar perfecto y los instrumentos, estabilizados por completo, en tres días los errores no serán permitidos.

La cena de Pepe y Ricardo sale a la perfección, nadie tiene que confesar ni justificar nada, todos ríen, unos por la compañía, otros por el vino y un par por los nervios ante lo que está por venir. Pero el futuro, que está a tan sólo 3 o 4 días, todavía queda muy lejos, sorprendentemente lejos para tan poco tiempo, aunque cuando el ansia aprieta, los minutos duran más segundos y las horas parecen días y los días… bueno, ya entendéis.

En este punto de la historia y por difícil que pueda parecer, todavía quedan presentaciones que realizar. Si bien los doctores tienen todos una importancia constante, tampoco les falta a los ingenieros de todas razas (electrónicos, informáticos…), a pesar de que sólo uno de ellos tiene capacidad decisoria, la prestigiosa doctora en Matemáticas e Ingeniería Robótica, Braxton Hicks. Ella, desde la sala de control, observa como el resto de ingenieros siguen sus órdenes cual hormigas reaccionando ante su reina, es también la única con contacto directo con el Director, la única a la que toda esta retahíla de graduados, reconocidos o no, respetan y la única en la nave que conoce el objetivo final del experimento. El resto son ingenieros pero podrían ser mecánicos o filósofos, pues para seguir órdenes al pie de la letra no se necesitan títulos especiales, como bien demostraron los nazis o más recientemente y con menos sadismo, los supuestos responsables de supuestas cajas B.


M.


Los días avanzan, los preparativos terminan y el lunes, los doctores son los primeros en llegar. Se reparten todos los escritorios salvo el principal, el cual está reservado para Ricardo y nadie más. Braxton Hicks no ha tenido que venir porque no ha salido de la nave en varias semanas,  sus “súbditos” llegan en pequeños grupos, escalonados, y sin molestarla ni presentarse a los doctores, en teoría no habría de ser necesario, marchan a sus puestos de forma mecánica. El Director y su secretario Pedro continúan en Sede Central, que ahora parece un fantasma de lo que fue pues el resto del secretariado han sido llamados a la nave industrial para ser los recepcionistas de los sujetos del experimento. Los cuales al llegar, a la hora que quieran ya que sólo tienen la obligación de arribar hoy, son llevados a sus habitaciones como jeques a sus pisos privados en un hotel de lujo cualquiera. Sus habitaciones son, muy probablemente, mucho más opulentas que sus respectivos hogares. En cada una hay una televisión y un ordenador de última generación y alta gama, baño privado con todas las comodidades, bidé incluido, y cama de uno ochenta con tantos cojines como para ahogarse bajo ellos y además, para terminar esta gran acogida, los nuevos recepcionistas, antiguos secretarios, les ofrecen a cada uno que pidan cualquiera otra cosa que puedan querer o necesitar.

Les aseguran.

Si es legal, de precio razonable y no abulta demasiado, te lo conseguiré…

Y tras las peticiones y sus consecuentes consecuciones, desde mini-neveras hasta libros que siempre habían deseado leer, el primer día del experimento termina.

braxton hicks

Aunque experimentar, lo que se dice experimentar, hoy no se ha experimentado nada, tan sólo hemos reunido a los factores que harán de esta ecuación una historia que valga la pena.

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