Disculpas. Recuerdos (Capítulo 15)


El Director informa al presidente Ricardo de la expulsión de Mariola Piola y aunque no se lo indican, entendiendo muy bien sus capacidades al ostentar este cargo, le dice a su subalterno.

El ratio de hembras se ve drásticamente reducido con la baja de Mariola y he decidido que esta vez, sí que necesitamos suplirla y ya tengo un nombre, Josefa Pérez.

Todo esto se lo dice al Director a través del teléfono porque en otra de sus decisiones, ha decidido que puede resolver cualquier problemática a través de internet o mediante la red de telefonía. Quienes sí que creen que está en la oficina (llámese Nave Industrial o Sede Central) es su familia, su mujer y sus hijos observan cómo sale de casa con tan sólo un café en el cuerpo, sin tiempo para despedirse siquiera. Pero el cuñado del doctor Méndez por no ir, no va ni a su oficina privada, desde que ocurrió lo del sujeto A, ha pasado todo el tiempo posible con aquella joven que le acompañaba durante aquella mañana tranquila.

Dígale a los secretarios que se pongan en contacto con la señora Pérez y que si acepta, comiencen el papeleo con premura. A ver si puede ingresar antes de que terminen de refinar la Máquina y de que se acaben las pruebas generales.

Tiene claro su poder actual y actúa bajo esa premisa, en principio nadie puede contradecir sus órdenes, así que no va a dejar de darlas.

Y hágale saber al doctor Méndez que esta inclusión de última hora es imprescindible, que he intentado evitarla a toda costa pero que debemos mantener el ratio femenino y ella es la única que entró en la lista de suplentes.

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Nadie se despide de Mariola, a ninguno de sus compañeros se les permite hacerlo aunque siendo sinceros, nadie lo ha pedido. Los doctores se mantienen al margen, son las normas y ellos la siguen, sus contratos depende de que lo hagan. A pesar de que al doctor Garriga sí que le apena la decisión pues conectaron mucho en la timba de póker y quiere, con sincera preocupación, abrazarla y decirle que todo saldrá bien, no lo hace y calma la lástima que le da Mariola y la que se da a sí mismo por cobarde, con los restos del mini bar que pidió Bernardo para la partida. Y  cuando aprecia que la sobriedad se ha ido lejos, muy lejos, hace un trato de turnos con el doctor Méndez, se coge sus dos días de descanso que gracias a Pepe, serán dos y medio y se marcha a casa. Después, en la madrugada, tirado en calzoncillos sobre el sofá, comiendo palomitas que mitigan los efectos del alcohol mientras ve a Tom Cruise en Algunos hombres buenos, se percata de que en lo que resta de experimento, no le queda descanso alguno y se arrepiente de su pataleta. Pero esto no importa, lo que cabe resaltar aquí es que el doctor Méndez está cubriendo uno de esos turnos del doctor Garriga cuando recibe la visita de un secretario de Sede Central.

Buenas tardes doctor Méndez, estoy aquí por deseo expreso del señor Presidente para pedirle disculpas por una resolución que ha debido tomar para el bien del experimento tras la última expulsión. Que el señor Presidente tiene constancia de que en su momento, en el comité de selección, defendió a su candidata tratando que no fuese escogida. Que entiende que de alguna manera empatizó con ella en la entrevista, pero mañana a primera hora, Josefa Pérez entrará en la Nave como nueva sujeta de pruebas… y me ha insistido en que redoble las disculpas, pues tiene por seguro que esta decisión no es de su agrado. Así que de nuevo, discúlpele.

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El secretario se retira sin mayores despedidas y vuelve a sus labores cotidianas, qué más da las que sean, no es más que un figurante con frase. Unas horas más tarde el presidente Ricardo llama a Sede Central para que se le informe sobre las novedades diarias y una voz neutra en todos los sentidos, las repasa.

Se han terminado las pruebas generales de la Máquina, funciona a la perfección y desde mañana mismo se pueden comenzar los experimentos…

Genial, continúa…

Hay algo que le inquieta más.

Mañana por la mañana también se ha concretado la entrada al experimento de la nueva sujeta de pruebas, Josefa Pérez.

Vale, algo más al respecto ¿no?

Por ahí van los tiros.

Ah, sí… se le han pedido las disculpas, que usted ordenó, al doctor Méndez por esta última inclusión.

Muy bien y ¿qué ha dicho?

No ha respondido señor Presidente, como no ordenó devolverle respuesta alguna, mi compañero (en realidad es él) no ha esperado a que se diera. Lo siento…

Bueno, da igual.

Y el presidente cuelga el teléfono aunque tan sólo apriete un botón en una pantalla, desde su atalaya de poder actual se siente satisfecho y piensa sobre sí mismo, a pesar de que parezca que se preocupe por su cuñado.

Seguro que estará agradecido porque haya sido capaz de discernir que esta nueva sujeta de pruebas, tenía valor sentimental para él y que sin importancia de los puestos que ocupamos cada uno en la empresa que nos atañe, me he dignado a disculparme…

Un par de segundos en blanco y se corrige.

Bueno, yo no diría dignarme…

Esto último se le escapa en alto y una voz joven de mujer le responde desde la lejanía.

¿Qué? ¿Con quién hablas? ¿Es tu mujer?

Tranquila muñeca, era sólo trabajo…

Pero quizás la percepción de los cuñados no es coincidente.

Disculpas result

Volvamos con el doctor Méndez, quien poco a poco ha ido ganando peso argumental, tras las disculpas del secretario. No le sorprende tanto el hecho de la inclusión en sí, cabía la posibilidad, como que siente que toda la parafernalia de la disculpa formal del señor presidente, es recochineo, como si le devolviese el chantaje que él le hizo con su relación extraconyugal, como si con esta decisión y su posterior postureo se vengase.

Así que al presidente Ricardín le gusta jugar con golpes bajos… pues creo que endiosado como está, todavía no se ha dado cuenta de que él es el responsable último de todo lo que aquí ocurra… él cargará con las culpas… y ya hay un muerto…

Vuelven a ser cinco.

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