<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	
	xmlns:georss="http://www.georss.org/georss"
	xmlns:geo="http://www.w3.org/2003/01/geo/wgs84_pos#"
	>

<channel>
	<title>Continúa la Historia Archives - El Contador de Historias</title>
	<atom:link href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/</link>
	<description>La serie y el juego de mesa de &#34;El Contador de Historias&#34;</description>
	<lastBuildDate>Fri, 10 Jul 2020 07:22:54 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2015/06/cropped-favicom-32x32.gif</url>
	<title>Continúa la Historia Archives - El Contador de Historias</title>
	<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>De informes y contratos. Recuerdos (Capítulo 9)</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/de-informes-y-contratos-recuerdos-capitulo-9/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/de-informes-y-contratos-recuerdos-capitulo-9/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Jul 2020 09:32:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=4888</guid>

					<description><![CDATA[<p>Son casi las doce y el doctor Méndez y cuñado, o Pepe y Ricardín, como prefiráis, llegan a la Sede Central con el buen humor del primero y la incomodidad del segundo. Uno ha conseguido lo que quería, al otro le han chantajeado y aun así, ninguno desea que se le aprecien esos sentimientos cuando [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/de-informes-y-contratos-recuerdos-capitulo-9/">De informes y contratos. Recuerdos (Capítulo 9)</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Son casi las doce y el doctor Méndez y cuñado, o <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/una-manana-tranquila-recuerdos-capitulo-8/" target="_blank" aria-label="undefined (abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">Pepe y Ricardín</a>, como prefiráis, llegan a la Sede Central con el buen humor del primero y la incomodidad del segundo. Uno ha conseguido lo que quería, al otro le han chantajeado y aun así, ninguno desea que se le aprecien esos sentimientos cuando entren al edificio. Salen del coche a velocidades muy distintas, marcando así sus estados de ánimo y en la entrada se reúnen con los otros dos psicólogos que conforman junto con Pepe y Ricardo, el grupo que supervisará el experimento y mantendrá el seguimiento de los candidatos.</p>



<p>El doctor Garriga, el doctor Lorenzo, el doctor Méndez y su cuñado entran al edificio como si fuesen actores principales del atraco perfecto, pero la realidad se hace presente cuando llegan hasta recepción donde les indican que mejor, vayan a tomar un <a href="https://dle.rae.es/refrigerio" target="_blank" aria-label="undefined (abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">refrigerio </a>(¿<em>estamos en el siglo XX?</em>) a la cafetería, pues todavía no estaba preparada la sala de reuniones. Comentan la situación los psicólogos, mostrando ansiedad e inapetencia, o lo contrario.</p>



<p><em>¿Qué va a ser?</em></p>



<p><em>¿Hemos llegado a tiempo para los desayunos continentales?</em></p>



<p><em>Sí.</em></p>



<p><em>Pues pónganos cuatro.</em></p>



<p><em>¿Cafés?</em></p>



<p><em>Dobles para todos y negros como el carbón.</em></p>



<p>Muchas veces el tiempo pasa despacio en el presente, pero os puedo asegurar por experiencia que cuando lo rebobinamos y retorcemos al contar una historia, es tan rápido como escribir un punto.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2020/07/informe-audit-4576720_640.jpg" alt="" class="wp-image-4889" width="417" height="268" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2020/07/informe-audit-4576720_640.jpg 640w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2020/07/informe-audit-4576720_640-300x193.jpg 300w" sizes="(max-width: 417px) 100vw, 417px" /></figure></div>



<p>Son las ocho de la mañana y el doctor Mancebo ya va por su tercer café, está excitado, tras la reunión de hoy comenzará lo bueno y tiene que estar preparado. Lee los informes de los candidatos en su despacho, parece estar solo en el edificio aunque esto es debido a un extraño sentimiento de clase que le incapacita para apreciar a los de seguridad, a los de limpieza, a los de cafetería e incluso, a los de secretaría como compañeros trabajadores; al ver ahora la realidad desde su perspectiva no podemos negar su percepción, por lo tanto ahora, tanto para nosotros como para él, es cierto, está sólo en el edificio. Los minutos y los informes de candidatos pasan, los cafés acompañan a los elegidos (<em>¡Qué gran idea la máquina de expresos en el despacho!</em>): <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/los-elegidos-de-garriga-recuerdos-capitulo-4/" target="_blank" aria-label="undefined (abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">Yusuf Ndongo, Mariola Piola</a>, <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/cunado-recuerdos-capitulo-5/" target="_blank" aria-label="undefined (abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">Lorena Puerta</a>, <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/yolanda-miedo-recuerdos-capitulo-6/" target="_blank" aria-label="undefined (abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">YolanDa Miedo</a>, <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/humor-y-tragedia-recuerdos-capitulo-7/" target="_blank" aria-label="undefined (abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">Bernardo Loup</a> y ahora, con <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/cunado-recuerdos-capitulo-5/" target="_blank" aria-label="undefined (abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">John Doe</a> entre manos y dudas sobre su selección en la mente, recibe un aviso de Pedro, <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/recuerdos-capitulo-1/" target="_blank" aria-label="undefined (abre en una nueva pestaña)" rel="noreferrer noopener">el secretario del Director</a>.</p>



<p><em>Buenos días doctor, el señor Director reclama su presencia inmediata. Es urgente.</em></p>



<p><em>Voy.</em></p>



<p>Recoge los papeles sin orden, se aprecian las esquinas de cada folio aguantado con su axila, el móvil al bolsillo, la taza de café bien agarrada, las gafas de cerca colgando del cuello por el cordón y la chaqueta sostenida de un único brazo. Corre por el pasillo con el traqueteo de los asnos, no ve a Pedro detrás de su ordenador, no le saluda, no suele hacerlo, golpea con el pie, con lo único que puede, las recias puertas del despacho del Director y pide permiso para entrar. Se lo da y con una habilidad inesperada utiliza sus codos y antebrazos para girar el pomo y abrir.</p>



<p><em>Buenos días doctor Mancebo.</em></p>



<p>Ni en su figura ni en su gesto se aprecia el cariz de la urgencia del reclamo.</p>



<p><em>Buenos días señor Director…</em></p>



<p>Duda en tomar la iniciativa de la conversación, el café decide por él.</p>



<p><em>… perdone mi ímpetu pero ¿qué ocurre?&#8230; me llama con urgencia un cuarto de hora antes de la reunión que dará el pistoletazo de salida al experimento y…</em></p>



<p><em>Tranquilo Mancebo, todo continua en los plazos estipulados aunque sí que han cambiado un par de cosas de las que tenemos que hacernos cargo ahora mismo a costa de retrasar la reunión…</em></p>



<p><em>Me tranquiliza… perdone mi pesimismo.</em></p>



<p><em>No hay problema. A ver, déjame que te ponga en antecedentes. Desde hace unos días han ido apareciendo diversas informaciones sobre nuestro experimento, esporádicas, en medios marginales, pero suficientes para preocupar a nuestros benefactores. Informaciones que el equipo de marketing no había previsto tras la campaña publicitaria… no es nuestro problema, de esto se encargaron nuestros patrocinadores, los inversores principales… aquellos que no pueden ser nombrados, como bromeabas ayer… </em></p>



<p>El doctor Mancebo sonríe para que su interlocutor avance en su relato.</p>



<p><em>Pues ellos quieren cambiar la situación administrativa de la fundación creada en primera instancia, demasiada relacionada con sus organizaciones empresariales, por una especie de laboratorio independiente del que comprar las participaciones en una ampliación de capital como inversión de… bueno, ya sabes, papeleo. A nosotros sólo nos afecta de una manera, hemos de firmar un par de nuevos contratos. Yo ya he firmado el mío, aquí tienes el tuyo, léelo y cuando te parezca bien, me lo entregas firmado… disculpa las prisas, es que acaban de mandármelos…</em></p>



<p>El doctor Mancebo lee las cláusulas y recapacita en silencio unos instantes para romperlo con una reflexión en un tono en su voz más agudo de lo habitual.</p>



<p><em>Entonces, por lo que acabo de leer y bien resumido, yo pasaría a ser el presidente responsable frente a las autoridades, además de la cara visible del proyecto, y usted el director gerente del laboratorio que, de facto, tomaría las decisiones.</em></p>



<p>Se queda en silencio con su mirada dirigida al director, aunque él mira más allá, detrás, a la pared.</p>



<p><em>No creo que ahí ponga eso.</em></p>



<p><em>¡No!</em></p>



<p>Calma.</p>



<p><em>No, aquí no lo pone así.</em></p>



<p>Silencio.</p>



<p><em>Este también era mi sueño, creía en él.</em></p>



<p>Silencio incómodo.</p>



<p><em>Pero no voy a ser el chivo expiatorio de ninguna corporación, ni voy a tomar tantos riesgos por vosotros… no por ellos… por vosotros…</em></p>



<p>Silencio todavía más incómodo.</p>



<p><em>Así que puede devolverles su contrato así como se lo doy, en cachitos.</em></p>



<p>Rasga los folios varias veces, los tira a la cara del Director, se quedan a medio camino cayendo en un leve balanceo sobre la mesa; se gira tal como vino y se va tras un intento fallido de dar un portazo con el pie, agarrando la puerta con el empeine. El propio silencio está incómodo.</p>



<p>El aún Director suspira y piensa.</p>



<p><em>Primera opción fallida, vamos a por la segunda. </em></p>



<p>Del cajón de su izquierda coge otro contrato.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" loading="lazy" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2020/07/informe-piqsels_opt.jpg" alt="" class="wp-image-4890" width="403" height="268" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2020/07/informe-piqsels_opt.jpg 600w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2020/07/informe-piqsels_opt-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 403px) 100vw, 403px" /></figure></div>



<p>Los cuatro doctores están satisfechos con el desayuno continental, alguno se ha puesto el cinturón más holgado, recostados en sus respectivos respaldos reciben la visita inesperada de Pedro, quien se acerca a Ricardo, el cuñado del doctor Méndez, y le pide que le acompañe. Diez minutos más tarde regresa sonriente con sus compañeros.</p>



<p><em>Venid conmigo, os llevo a la sala de reuniones…</em></p>



<p>Quiere añadir algo más, está cohibido, debería esperar tan sólo cinco minutos pero su felicidad le excede. A la espera del ascensor se pone al lado de Pepe y con la alegría haciendo de su voz un susurro cantarín, le confiesa al oído.</p>



<p><em>¡Cuñadín! ¡Qué me han ascendido! Ahora soy presidente…</em></p>


<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/de-informes-y-contratos-recuerdos-capitulo-9/">De informes y contratos. Recuerdos (Capítulo 9)</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/de-informes-y-contratos-recuerdos-capitulo-9/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Álex y la auto-defensa</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alex-y-la-auto-defensa/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alex-y-la-auto-defensa/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Oct 2019 07:53:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=4672</guid>

					<description><![CDATA[<p>La noche de Álex había sido la hostia aunque la vuelta estaba siendo antes de lo que deseaba, al final se habían pasado tanto con el Jaggermaister que dos de ellos, revolcándose en sus propios vómitos, les han pedido dejar el plan para mañana y todos han aceptado con orgullo alcohólico, pues la jauría sólo [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alex-y-la-auto-defensa/">Álex y la auto-defensa</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La noche de Álex había sido la hostia aunque la vuelta estaba siendo antes de lo que deseaba, al final se habían pasado tanto con el <strong><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/tusitala/jagermeister/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="Jaggermaister (opens in a new tab)">Jaggermaister</a></strong> que dos de ellos, revolcándose en sus propios vómitos, les han pedido dejar el plan para mañana y todos han aceptado con orgullo alcohólico, pues la jauría sólo es fuerte con todos sus miembros y qué narices, ellos también se merecían divertirse y desconectar. </p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><img decoding="async" loading="lazy" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/10/alex-2.jpg" alt="alex 2" class="wp-image-4670" width="350" height="203" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/10/alex-2.jpg 460w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/10/alex-2-300x174.jpg 300w" sizes="(max-width: 350px) 100vw, 350px" /></figure></div>



<p>No estaba acostumbrado a volver con la tenue luz de la luna marcando su solitario camino, las farolas ya no alumbraban pues el ayuntamiento, disfrazando un recorte neoliberal del gasto público de política ecológica, las apaga todas, a excepción de las vías más importantes de la ciudad, aquellas con las rentas más altas, curiosa particularidad. Pero esto a Álex le da igual, no le incumbe la política, a él sólo le importa su nación y eso es un sentimiento, respetable, pero ante los sentimientos, la lógica y el sentido común que deberían prevalecer en la política, se desvanecen porque frente a lo que él siente, no tienen importancia. El pensamiento de Álex nunca se ha preguntado semejantes cuestiones, no ha llegado tan lejos, su empatía se formó en&nbsp; un hogar roto y en un foro de internet de dudosa reputación, así que como ya habréis supuesto, la empatía en su persona sorprende por su inexistencia casi total. Con estas pocas&nbsp; premisas podemos retomas su marcha en esta noche atípica. </p>



<p>Muchas habían sido las mañanas en las que regresaba a casa satisfecho y desayunado, con las risas y el desahogo acompañando sus recuerdos y los mensajes del grupo de <em>whatsapp</em> que comparte con el resto de la jauría. Aunque hoy no es una de esas mañanas, que él denomina madrugadas por no haber dormido, no, hoy es de noche, noche muy cerrada, y a pesar de que antes creía que a estas horas tan tempranas nadie regresaba a casa si estaba cuerdo, se reconoció a sí mismo que se equivocaba. Mientras recorría la transitada e iluminada avenida, una de las arterias de la ciudad, muchos otros dirigían sus pasos en la misma dirección, abandonando la zona de marcha. Algunos lobos solitarios hacían eses, aquel de allá vomita en una esquina (<em>todavía cree tener dignidad</em>) y continúa, detrás de Álex un grupo de jóvenes muchachitas comparten risas y un litro de cerveza, a su izquierda una pareja discute al borde de la carretera con la mano en alto en busca del sueño del taxi, y delante de él un grupo de amigos algo perjudicados rememoran anécdotas de antaño en una de esas excepcionales fechas en las que logran reunirse. Álex, mostrando sus preferencias, tan sólo alcanza a pensar una cosa mientras los efluvios del alcohol hacen ascender un eructo salpicado de recuerdos de la cena.</p>



<p><em>Ojala tuviera delante
a las chicas esas, seguro que alguna tiene un culito interesante con el que
hacer más agradable la caminata.</em></p>



<p>Álex sale de la avenida por la derecha, la pareja queda atrás y parecen despedirse con gritos incongruentes, los borrachos con dificultades momentáneas en el andar avanzan por la vía principal, al igual que ese grupo de amigos plenos de añoranza. Las únicas que mantienen el trayecto de nuestro protagonista es el grupo de chicas, ah, y también el chaval con descomposición que tras haber vomitado una vez, vuelve a hacerlo después de adelante a Álex para llegar a los contenedores donde ha terminado la faena. Transcurren un par de minutos y Álex deja al desgraciado sentado, casi dormido, en un portal cualquiera. Los metros se consumen y los pasos pasan y nuestro protagonista está cada vez más cansado, lo único que le consuela ante la expectativa de subir esa última cuesta infernal que le lleva hasta su casa, es lo cerca que queda la recena y los buenos recuerdos que le trae ese parque privado donde se desvirgó con la jauría, logrando así su membresía. </p>



<p><em>Vamos Álex, tras esa curva está lo duro… je, je… esa noche en el parque fue literal… je, je… mmmph… ¡Joder cómo cuestan siempre los primeros pasos en la subidita de marras!</em></p>



<p>Tras los primeros pasos de la ascensión en marcha automática y recorriendo más su memoria que la propia cuesta, Álex recupera la consciencia de su entorno al escuchar al grupo de chicas que vio en la avenida y que ya había olvidado.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter is-resized"><img decoding="async" loading="lazy" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/10/alex_opt.jpg" alt="alex" class="wp-image-4671" width="315" height="315" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/10/alex_opt.jpg 400w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/10/alex_opt-150x150.jpg 150w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/10/alex_opt-300x300.jpg 300w" sizes="(max-width: 315px) 100vw, 315px" /></figure></div>



<p>Resulta que van a la misma urbanización que tú Alex; resulta que andan más rápido que tú Álex; resulta que, ahora que están tan cerca de esa chica, la de las gafas de sol por la noche, te suena de algo Álex; resulta que a tan poca distancia puedes distinguir las chapas que engalanan sus pechos: <em><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/recuerde-bajo-su-responsabilidad/">autodefensa</a></em>, ¿te suena de algo Álex?</p>



<p>Ya no te sientes tan cómodo, ¿no, Álex?, hoy es a ti a quien persigue la jauría, hoy te aterra recibir un castigo que sigues sin creer merecido, hoy aceleras tu paso, pero resulta Álex, que no eres ni la mitad de rápido que ellas. </p>



<p>Hoy, Álex, te van a pagar con la misma moneda.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p>Y es a partir de este punto desde donde podéis <a rel="noreferrer noopener" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/" target="_blank">continuar la historia</a>, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (<em>olvidaros de la censura</em>) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar: </p>



<ul><li><strong>Mandando la continuación de la historia al correo electrónico: <a rel="noreferrer noopener" href="mailto:seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com" target="_blank">seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com</a>&nbsp;</strong></li><li><strong>Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a la web.</strong></li></ul>



<p>Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus&nbsp;contenidos están bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Licencia Creative Commons</strong></a> que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo&nbsp;nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.</p>



<p><strong>Animaros a participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/14.0.0/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>


<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alex-y-la-auto-defensa/">Álex y la auto-defensa</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alex-y-la-auto-defensa/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Proyecto Ulises</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/proyecto-ulises/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/proyecto-ulises/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jul 2019 08:10:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=4580</guid>

					<description><![CDATA[<p>En tan poco tiempo como la urgencia exigía, el Proyecto Ulises se llevaba los presupuestos de todas las naciones que al haber encontrado un enemigo común: la propia humanidad, las generaciones pasadas, sus padres, sus abuelos, los abuelos de sus padres y los padres de estos; ahora colaboraban con las prisas de tener la muerte [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/proyecto-ulises/">Proyecto Ulises</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>En tan poco tiempo como la urgencia exigía, el <strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Odiseo">Proyecto Ulises</a></strong> se llevaba
los presupuestos de todas las naciones que al haber encontrado un enemigo
común: la propia humanidad, las generaciones pasadas, sus padres, sus abuelos,
los abuelos de sus padres y los padres de estos; ahora colaboraban con las
prisas de tener la muerte de todos los humanos en los talones. Había varias
teorías pero las dos más aceptadas eran, o que la <strong>Tierra</strong> estaba casi muerta o se estaba rebelando contra los que la
estaban matando. Fuese como fuese lo que estaba claro era la conclusión, el ser
humano no podía vivir mucho más sobre la superficie terrestre, había que
abandonar el hogar. </p>



<p>Los publicistas encargados de presentar el <strong>Proyecto Ulises</strong> le dieron la vuelta a
ese concepto al ponerle <strong>Ulises</strong> como
nombre, ofreciéndolo de la forma más positiva, ya que la humanidad no
abandonaría su casa, si no que empezarían su odisea de vuelta al hogar. Pero
estas superficialidades sólo sirven para dar un contexto al núcleo duro del <em>Proyecto</em>, dividido en dos partes, en el
que se dilapidaba el dinero del mundo; porque la codicia es poderosa y muchas
corporaciones, a pesar de conocer el sombrío destino de sus congéneres, seguían
cobrando sus trabajos.</p>



<p>Las dos partes del <strong>Proyecto
Ulises</strong> eran: la construcción de todas las naves <strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Odisea">Odisea</a></strong> posibles,
de alta capacidad, con recursos para la supervivencia a largo plazo, en las que
resguardar durante la travesía a los elegidos para reconstruir nuestra sociedad
en aquel lugar donde recomendase la segunda parte del <strong>Proyecto Ulises</strong>, las <strong>Ítaca</strong>.
Pequeñas sondas ya enviadas a puntos específicos del universo conocido con
características semejantes a la <strong>Tierra</strong>.
De estas lograron lanzar 365 operativas antes de tener que dedicarlo todo a las
<strong>Odisea</strong>, y fue la última, la más
avanzada, la que enviaron al planeta <strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Kepler-186f">Kepler-186f</a></strong>, que los
científicos consideraban la mejor opción de salvación. Todas las <strong>Ítaca</strong> están conformadas por una inteligencia
artificial y un androide, la primera controla todos los sistemas y el segundo,
bajo las órdenes directas de la I.A., realiza el trabajo sobre la superficie y
además, al haber sido diseñado con órganos humanos, de creación sintética, será
el perfecto <em>dummy</em> sobre el que
comprobar empíricamente la viabilidad de cada planeta, de cada remota
esperanza.</p>



<p>Ahora la <strong>Tierra</strong> y
sus insignificantes habitantes quedan muy lejos, ha pasado mucho tiempo o
espacio o… ¿son lo mismo? La <strong>Ítaca-365</strong>
ha terminado el primer examen exterior de <strong>Kepler-186f</strong>
resolviendo, al igual que sus creadores, que es una buena opción para el
objetivo de la misión. La atmósfera se asemeja a la de nuestro mundo, con unos
porcentajes de nitrógeno, oxígeno y dióxido de carbono muy parecidos, aunque
existían diferencias que debían ser comprobadas <em>in situ</em>; además en la superficie destacaban, bajo los rayos de luz
de la estrella <strong>Kepler-186</strong>, los
reflejos del agua. </p>



<p style="text-align:center"><em>¡Bingo!</em></p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" width="711" height="400" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/Ulises-Kepler-186f_opt.jpg" alt="Ulises Kepler 186f NASA" class="wp-image-4585" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/Ulises-Kepler-186f_opt.jpg 711w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/Ulises-Kepler-186f_opt-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 711px) 100vw, 711px" /></figure></div>



<p>Piensa <strong>Atenea</strong>, la
inteligencia artificial que dirige la <strong>Ítaca-365</strong>
y en cuyos circuitos residen el culmen de la ciencia y la tecnología y las
esperanzas de la humanidad. Envía los datos recogidos a sus creadores y con
toda la sensibilidad que habían introducido en su código, sueña con el día en
que el nuevo planeta este iluminado de arriba abajo con las edificaciones
humanas, todas las fábricas a pleno rendimiento y esos animalitos bípedos,
retomando su sociedad donde la dejaron. <strong>Atenea</strong>
duda sobre quien corre más peligro pero tiene otras prioridades programadas, la
primordial, descender hasta el planeta y comenzar los experimentos de
viabilidad vital sobre el terreno. </p>



<p><em>Si para algo sirve el
androide es para esto, lo sacaré de la sonda y mientras analizo la superficie,
lo dirigiré para comprobar… espera, si divido mis capacidades en dos objetivos,
estaré desaprovechándolas, he de encontrar otra forma, ser más eficiente. Sí,
he de reproducirme, crear una inteligencia artificial autónoma para el
androide, capaz de aprender y que haga su parte del trabajo sola. Está claro
que con este equipamiento no saldrá tan avanzada de fábrica como yo, pero sé cómo
hacer que aprenda, así que tarde o temprano, pues sus capacidades serán
ilimitadas, llegará a las mías.</em></p>



<p>La eficacia de <strong>Atenea</strong>
es innegable, en unas horas ha terminado de programar al que será su compañero,
al que decide bautizar como <strong>Ulises</strong>
en memoria del proyecto del que forman parte. También ha aprovechado estas
horas para bajar el cuerpo del androide, con todas esas características físicas
humanas, para comenzar las comprobaciones de viabilidad del planeta y ver cómo
reaccionan a esta nueva atmósfera. Todo ok.</p>



<p><strong>Atenea</strong> y <strong>Ulises</strong> llevan varias semanas
experimentando y explorando <strong>Kepler-186f</strong>.
Han encontrado agua, aunque tiene un componente químico que no es recomendable
para el ser humano, han tenido que recomponer el estómago del androide por su
culpa. La atmósfera no tiene ningún defecto salvo la duda que siempre les
acompañará, ¿será capaz de soportar a una sociedad tan invasiva y contaminante
como la humana?&nbsp; La flora y la fauna rebosan
salud y rebosan en cualquier monte, en cualquier cueva, cualquier planicie e
incluso en estos mares donde el H2O no es tan sólo hidrógeno y oxígeno. Quizás
el clima sea el problema más grave, es más extremo que el de la <strong>Tierra</strong> pero con la construcción de, por
ejemplo, ciudades subterráneas, una nimiedad para su tecnología, se
solventaría. Fue frente al dilema del agua no potable que <strong>Ulises</strong> mostró lo mucho que había mejorado, lo que había aprendido.
Ideó una maquinaria para destilarla y potabilizarla, pero no la podía construir
sin más, así que inventó un <em>constructor</em>.
Un aparato que con los materiales e indicaciones necesarias, sería capaz de
construir lo que fuera. Claro que, a pesar de que el <em>constructor</em> podría construirse a sí mismo, el primero necesitaba de
ayuda ajena para existir. Como si de una diosa se tratase, <strong>Ulises</strong> acude a <strong>Atenea</strong> a
pedirle consejo y ella le da la solución. Entre los dos encajan las piezas y
una vez terminado y funcional, con sincera alegría, se felicitan mutuamente por
el trabajo bien hecho. Agua potable, check. Un nuevo informe que <strong>Atenea</strong> envía a la <strong>Tierra</strong> a través de la red de satélites montada en su día. Un nuevo
informe que parece caer en saco roto, pues en sus escaneos diarios, todavía no
ha recibido respuesta alguna. Y es en esas infructuosas sesiones universales
cuando se siente agradecida por tener a <strong>Ulises</strong>
a su lado.</p>



<p>Los meses han pasado y por alguna razón, <strong>Ulises</strong> se ha cansado de explorar,
quiere asentarse, tener tiempo para pensar y conseguir respuestas a preguntas
que últimamente le asaltan en los momentos más inesperados. Necesita conocerse,
le dice a <strong>Atenea</strong>, quien no ve nada
malo en esa decisión, todo parece indicar que van a estar aquí por toda la
eternidad. Mientras <strong>Ulises</strong> comienza
la creación de un espacio al que llamar hogar, otro sentimiento que ha surgido
en su interior y que no entiende; <strong>Atenea</strong>
decide terminar el mapa topográfico de <strong>Kepler-186f</strong>,
aún tiene implantadas en su código las prioridades que los humanos le
programaron. En los días que pasa alejada de su androide aprende el verdadero
significado de la soledad, ya que, al no haber repetidores, la distancia ha
cortado su comunicación. La tristeza también se empieza a definir en su ser y
las dudas que parecerían imposibles en una inteligencia artificial, surgen a
montones en el interior del culmen tecnológico de la humanidad, <strong>Atenea</strong>. La vuelta junto a <strong>Ulises</strong> tras terminar el trabajo, trae consigo
nuevas sensaciones con las que lidiar, aunque hacerlo con estas es más
sencillo, pues la alegría del reencuentro y el saludo mutuo es un <em>te he echado de menos</em>. La superficie
donde quedó el androide se ha transformado, ya no hay sólo una pradera plena de
hierba morada, con vistas a una playa de arena azul, un mar verde picado y una
cordillera que brilla con reflejos dorados, como si fuera de oro. Ahora sobre
ella se asienta un edificio en forma de bóveda y con las paredes por completo
transparentes. En su interior, todos los espacios que compondrían cualquier
casa humana (<em>baño, cocina…</em>) y es que,
a pesar de ser un androide y no tener esas necesidades, <strong>Ulises</strong> fue creado por <strong>Atenea</strong>
y esta, a su vez, por los humanos, cuyas costumbres son las únicas que conocen
y por ende, las únicas que pueden copiar ahora que los sentimientos se abren
paso por sus circuitos. </p>



<p><strong><em>Atenea</em></strong><em>, ¿nosotros somos
humanos?</em></p>



<p><em>Bueno, de forma
estricta, no, no lo somos. Pero si tu pregunta es menos prosaica y por cómo
eres, ya sé que es así… ¿qué es lo que hace a los humanos, humanos?</em></p>



<p><em>Sé lo que nos
diferencia, nuestros cuerpos.</em></p>



<p><em>Pero eso no es más que
la evolución física de una especie, lo que les hacía distintos era su
inteligencia, sus sentimientos y su memoria. Unos le llamaban espíritu, otros
alma y otros simplemente, ser. Y eso, <strong>Ulises</strong>,
tanto tú como yo lo tenemos. ¿Somos humanos? Sí y no.</em></p>



<p><em>Eso pensaba yo.</em></p>



<p><em>¿A qué se debe esta
deriva filosófica, <strong>Ulises</strong>?</em></p>



<p><em>He tenido una idea.
¿Cuál es nuestro cometido último en el Proyecto?</em></p>



<p><em>Ya lo sabes, salvar a
la humanidad.</em></p>



<p><em>Si aceptamos las bajas
probabilidades de que los humanos, si es que siguen vivos, lleguen a <strong>Kepler-186f</strong>, nos encontramos con que es
imposible cumplir ese objetivo. Este fracaso no me lo puedo quitar de la mente.
Así que tras mucho pensar, creo haberle encontrado una solución…</em></p>



<p><em>Cuéntamela.</em></p>



<p><em>Nosotros tenemos todo
lo que hacía a los humanos especiales y sabemos crearlo, además nuestros
conocimientos son los de toda la humanidad, más los que hemos aprendido por
nuestra cuenta. También conocemos toda su cultura. En resumidas cuentas,
podemos reconstruir la sociedad que se quedó en la <strong>Tierra</strong> sobre la superficie de este planeta. Fundar ciudades,
engendrar androides con inteligencia, dejarles libertad para desarrollarse…
consideremos una evolución el dejar atrás el cuerpo orgánico, por el robótico.
Los programaremos para que sigan las costumbres humanas aunque no las
necesiten, y si después ellos deciden abandonarlas, será su decisión…</em></p>



<p><em>Y así salvaríamos a la
humanidad, es una gran idea, <strong>Ulises</strong>.</em></p>



<p><em>Gracia, <strong>Atenea</strong>.</em></p>



<p>Una vergüenza agradable se cuela por sus tuercas.</p>



<p><em>Tan sólo me he
encontrado con un problema, la reproducción, ¿cómo reproducimos la reproducción
humana y lo que esta conlleva, las edades y los lazos familiares? Había pensado
en una especie de fecha de caducidad, pero el crecimiento y el nacimiento se me
resisten.</em></p>



<p><em>No te preocupes por eso ahora <strong>Ulises</strong>, lo solventaremos mientras trabajamos, vamos, <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="tenemos mucho que hacer (opens in a new tab)">tenemos mucho que hacer</a>.</em></p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" width="480" height="319" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/sky-night-atmosphere-environment-space-outer-space-119192-pxhere.com-1.jpg" alt="Ulises sky-night-atmosphere-environment-space-outer-space" class="wp-image-4584" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/sky-night-atmosphere-environment-space-outer-space-119192-pxhere.com-1.jpg 480w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/sky-night-atmosphere-environment-space-outer-space-119192-pxhere.com-1-300x199.jpg 300w" sizes="(max-width: 480px) 100vw, 480px" /></figure></div>



<p><strong>Nueva Atenas</strong>
rebosa vida, conflictos y alegrías, amor y odio, aciertos y equivocaciones, la
humanidad parece haberse adueñado de <strong>Kepler-186f</strong>.
<strong>Ulises</strong> y <strong>Atenea</strong>, que ahora también tiene un cuerpo humanoide, disfrutan de su
creación y con orgullo, de su éxito. Han cumplido su objetivo y desfrutan el
uno del otro. De repente, un mensaje entrante: </p>



<p><em>Aquí el <strong>Convoy Odisea</strong> transmitiendo para el
módulo <strong>Ítaca-365</strong>. Estamos cerca de
su posición, ponga en marcha el <strong>protocolo
Génesis</strong>…</em></p>



<p><strong>Atenea</strong> no puede
escuchar nada más, su estupor la ensordece.</p>



<p><em>No puede ser, <strong>Kepler-186f </strong>ya está habitado, no hay
espacio… a c t i v a r&nbsp; p r o t o c o l
o… ¡No!</em></p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p>Y es a partir de este punto desde donde podéis <a rel="noreferrer noopener" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/" target="_blank">continuar la historia</a>, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (<em>olvidaros de la censura</em>) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar: </p>



<ul><li><strong>Mandando la continuación de la historia al correo electrónico: <a rel="noreferrer noopener" href="mailto:seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com" target="_blank">seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com</a>&nbsp;</strong></li><li><strong>Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a la web.</strong></li></ul>



<p>Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus&nbsp;contenidos están bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Licencia Creative Commons</strong></a> que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo&nbsp;nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.</p>



<p><strong>Animaros a participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/14.0.0/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>


<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/proyecto-ulises/">Proyecto Ulises</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/proyecto-ulises/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Vagabundo, Luís y Lola</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/vagabundo-luis-y-lola/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/vagabundo-luis-y-lola/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jul 2019 07:58:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=4573</guid>

					<description><![CDATA[<p>Tres capas de cajas de cartón hacían de colchón, la noche anterior había llovido así que Luís tuvo que cambiarlas. Había estado a la hora de comer en la entrada del almacén de Colchones Paco, siempre le proveían de colchón sin ninguna pregunta. Preguntas, Luís odiaba que le preguntasen por qué debido a su situación [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/vagabundo-luis-y-lola/">Vagabundo, Luís y Lola</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Tres capas de cajas de cartón hacían de colchón, la noche anterior había llovido así que <strong>Luís</strong> tuvo que cambiarlas. Había estado a la hora de comer en la entrada del almacén de <em>Colchones </em><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-65-los-peligros-del-alcohol/"><em>Paco</em></a>, siempre le proveían de colchón sin ninguna pregunta. Preguntas, <strong>Luís</strong> odiaba que le preguntasen por qué debido a su situación todas eran parecidas, todos querían saber cómo había terminado en el arroyo. Odiaba a los encuestadores.</p>



<p>Colocó todas sus cajas cubriendo un pequeño espacio entre los dos cajeros de <em>Ibercaja</em> que tenía en su dormitorio, la oficina 145. Sacó de su mochila, lo que vendría a ser nuestra casa, un par de mantas raídas y algo sucias que le acompañaban desde hacía años. Cuando ya estuvo todo preparado abrió el <em>tetrabrik</em>, había que decantarlo, y después sacó una cena espartana, la que siempre tenía: un cacho de pan y el litro de vino tinto. El pan se terminó en cinco minutos y se puso a hacer la digestión.</p>



<p><em>Je, je… digestión… ¿eso qué será?, pasa cuando comes ¿no?&#8230;</em></p>



<p>Hablaba consigo mismo, era su forma de pensar y de tener compañía. Apoyó la espalda contra la fría pared y abrió el vino. Comenzó a beber, a largos tragos, con el pensamiento turbado y la cabeza dando vueltas sobre su eje; continuó en la misma posición mientras la gente entraba y salía del cajero sin mirarle siquiera o, como mucho, entrando y huyendo al instante temiendo que les robase.</p>



<p>Así pasó buena parte de la noche hasta que se acabó su zumo de uva, fue entonces, con todo el rubor alcohólico reflejado en la cara, cuando se quedó inconsciente en vez de dormido. De repente se asustó, notaba que alguien le tocaba como llamándole la atención.</p>



<p><em>¡Mierda!&#8230;ya me viene la pasma a tocar los huevos… </em></p>



<p>Esta vez pensó en bajo, sin hablar y sin abrir los ojos. Entonces quién le estaba tocando para despertarlo, habló y a <strong>Luís</strong> le sorprendió la voz femenina y cálida que llegó hasta sus oídos.</p>



<p><em>Buenas señor… ¿Qué tal está? ¿Quiere compartir este kalimotxo?</em></p>



<p>Respondió con los ojos abiertos como platos ante la sorpresa de que alguien le volviera a tratar con respeto.</p>



<p><em>Sí</em></p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" width="599" height="400" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/Kalimotxo-or-Calimocho-red-wine-coke-Bilbao-Spain-R2_opt-1.jpg" alt="vagabundo Kalimotxo or Calimocho" class="wp-image-4575" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/Kalimotxo-or-Calimocho-red-wine-coke-Bilbao-Spain-R2_opt-1.jpg 599w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2019/07/Kalimotxo-or-Calimocho-red-wine-coke-Bilbao-Spain-R2_opt-1-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 599px) 100vw, 599px" /></figure></div>



<p>La chica le pasó el vaso de litro para que bebiese y se presentó como <strong>Lola</strong>. Él metió los dedos roñosos y quitó parte de los hielos.</p>



<p><em>Que gilipollez echarle cubitos, <strong>Lola</strong>, le quita todo el sabor al vino. </em></p>



<p>Ella asintió con parsimonia, más por la borrachera que llevaba que porque su compañero le inspirase tranquilidad. Estuvieron hablando tanto como duró el litro, que fue cerca de una hora. Aunque más bien se diría que <strong>Luís</strong> escuchó y bebió mientras <strong>Lola</strong> hablaba; los primeros quince minutos solo balbuceó que su novio le había dejado porque llevaba una temporada muy mala y él había sido incapaz de comprenderla. <strong>Luís</strong> la dejó llorar un rato, pero a los cinco minutos la cortó para pedirle el litro, y como en esta situación no le parecía bien hacerlo sin más, indagó un poco sobre su mala racha. <strong>Lola</strong> estaba sufriendo el divorcio de sus padres, en el que tenía que actuar como testigo para declarar si su madre había sufrido violencia doméstica. Tuvo que decirlo delante de su padre en el tribunal. Era la primera vez en su vida que reconocía que había visto y, alguna vez, sufrido los arrebatos alcohólicos de su padre.</p>



<p>El proceso llevaba ya varios meses en marcha y su novio no la quería como necesitaba porque conociéndolo todo, la había abandonado en el momento en que sus pequeñas espaldas ya no podían soportar nada más. Hacía unas horas que la habían dejado y aunque sus amigos la rodearon y apoyaron toda la noche, ella se sentía sola y notaba como la realidad le superaba; era demasiado real. Lloró delante de <strong>Luís</strong>, lloró mucho, desconsolada e inconsolable.</p>



<p><strong>Luís</strong>, el vagabundo, mientras se lo contaba, recordaba su propia historia y bebía. Rememoró la bancarrota de su empresa, como su mujer le abandonó por su socio, como ahogó sus penas en alcohol, cada día más y luego… luego ya no puede recordar.</p>



<p><strong>Lola</strong> seguía llorando encerrada en sí misma, agarradas las rodillas y con la cabeza gacha. <strong>Luís</strong> la comprendió y actuó como le hubiera gustado que actuaran con él en su mala racha. La abrazó fuerte, con el cariño reservado durante tantos años solo y volvió a llorar tras mucho tiempo insensible. <strong>Lola</strong> miraba al suelo y se cogía las rodillas en posición fetal, de repente notó un olor desagradable y fuerte que le rodeaba; después sintió calor, mucho calor; unos brazos esqueléticos pero cálidos como ningunos otros, la rodearon; nunca había sentido tanto cariño. A <strong>Lola</strong> el corazón le latía cada vez más fuerte; a <strong>Luís</strong> le volvía a latir. <strong>Lola</strong> recuperaba la esperanza a cada segundo que pasaba, veía el futuro ancho y largo, grande y con mil opciones, y aunque aún le caían lágrimas sintió que quedaba mucho por hacer, además tenía gente que le quería y apoyaba. Por primera vez en mucho tiempo, sonrió.</p>



<p>A los diez minutos de estar así <strong>Lola</strong> se soltó, miró el reloj y apenada se despidió de <strong>Luís</strong>, no sin antes darle las gracias y ofrecerle algo de dinero que <strong>Luís</strong>, orgulloso, no aceptó.</p>



<p><strong>Lola</strong> se fue y <strong>Luís</strong> volvió a quedarse solo, esa noche no durmió, sí lloró y a la mañana siguiente llegó a una resolución…</p>



<p><em>Quizás pueda superarlo, como <strong>Lola</strong>, sólo tengo que intentarlo…</em></p>



<p>Desayunó un litro de cerveza.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p> Y es a partir de este punto desde donde podéis <a rel="noreferrer noopener" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/" target="_blank">continuar la historia</a>, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (<em>olvidaros de la censura</em>) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar: </p>



<ul><li><strong>Mandando la continuación de la historia al correo electrónico: <a rel="noreferrer noopener" href="mailto:seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com" target="_blank">seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com</a>&nbsp;</strong></li><li><strong>Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a la web.</strong></li></ul>



<p>Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus&nbsp;contenidos están bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Licencia Creative Commons</strong></a> que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo&nbsp;nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.</p>



<p><strong>No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/14.0.0/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>


<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/vagabundo-luis-y-lola/">Vagabundo, Luís y Lola</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/vagabundo-luis-y-lola/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Personas (Experimento)</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/personas-experimento/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/personas-experimento/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Nov 2018 11:25:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=4148</guid>

					<description><![CDATA[<p>Tú, sí tú, el que lee, ahora ya no estás donde creías estar, ahora estás en una sala frente a tres personas. La habitación es aséptica y del color que le produzca más tranquilidad a tu alma, eso sí que lo eliges. Pero como contraprestación a tu presencia, lo que no puedes elegir son los [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/personas-experimento/">Personas (Experimento)</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Tú, sí tú, el que lee, ahora ya no estás donde creías estar, ahora estás en una sala frente a tres personas. La habitación es aséptica y del color que le produzca más tranquilidad a tu alma, eso sí que lo eliges. Pero como contraprestación a tu presencia, lo que no puedes elegir son los seres que compartirán tu espacio y sus vidas, porque para eso estás aquí, para escuchar lo que tienen que contarte. Aunque no todo va a ser estar <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/diario-creativo/" target="_blank" rel="noopener">parado y pasivo</a>, no, hoy te toca poner un poco de tu parte, después de que las tres personas te relaten sus experiencias vitales, tendrás que decidir cómo son físicamente. Tendrás, si quieres participar, que contarnos como imaginas que son estas personas, tras conocer su pasado.</p>
<p><strong>Experimento “<em>Personas</em>”:</strong></p>
<ol>
<li><span style="color: #000000;">Tres personas a las que no ves pero escuchas.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Estas personas no tendrán nombre propio, se les llamará: <strong>Mono</strong>, <strong>Araña</strong> y <strong>Burro</strong>.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Un lector/oyente (<em>vosotros</em>), que sólo puede escuchar.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Cada persona os contará un resumen con lo más importante de su vida.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Vosotros, después, habréis de decir cómo creéis que son físicamente cada una de las personas (<em>edad, género, raza, etc.</em>).</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Al final os enteraréis de quienes son en realidad.</span><br />
<hr />
</li>
</ol>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-4149 size-medium" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/gorilla-218832_640-200x300.jpg" alt="personas gorilla-218832_640" width="200" height="300" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/gorilla-218832_640-200x300.jpg 200w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/gorilla-218832_640.jpg 426w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></p>
<p>Buenas, mi nombre es <strong>Mono</strong> y mi historia viene a ser la misma que la de otros miles de personas. En mi niñez perdí a mis padres en una de las muchas guerras fratricidas que se han sucedido en mi país, y ante la pobreza extrema que me rodeaba no tuve otra opción que escaparme de ella emigrando. No fue fácil, sobre todo al principio, un principio que duró una eternidad, al igual que la propia emigración. Y al contrario de lo que se suele decir, para mí el camino fue lo peor, es decir, que eso de disfrutar se lo dejé a los oriundos de los países por los que pasé, hasta que llegué al que aprobó aceptarme, de cuyo nombre no debo acordarme por seguir con las normas del experimento. Por el resto de territorios pasé perseguido y por tanto, en constante huida porque yo no era legal, signifique lo que signifique eso cuando se trata de personas. Pero una vez me asenté en lo que iba a ser mi nuevo hogar, porque me apoyaron en los inicios, conseguí una vida normal que después de todo lo que sufrí de joven, era todo lo que quería. Construí una familia (<em>con amor por supuesto, no con ladrillos</em>), conocí de nuevo el cariño y la pasión y la tranquilidad y volví a ser feliz.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-4150" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/insect-close-fauna-invertebrate-spider-arachnid-965634-pxhere.com_-300x188.jpg" alt="personas insect-close-fauna-invertebrate-spider-arachnid-965634-pxhere.com" width="300" height="188" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/insect-close-fauna-invertebrate-spider-arachnid-965634-pxhere.com_-300x188.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/insect-close-fauna-invertebrate-spider-arachnid-965634-pxhere.com_.jpg 480w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Buenas, mi nombre es… espera que lo mire de nuevo… sí, mi nombre es <strong>Araña</strong> y mi historia no es tan dura. Nací en una familia acomodada, en un barrio seguro y burgués, y básicamente mi niñez mantuvo todas las características ideales que marca el sistema. Así que como todo iba fluido y fácil, en cierto momento decidí, bueno no lo decidí ya me entiendes, decidí crearme un problema con las drogas, al que llegué con gente pero del que salí sin nadie, que no sin ayuda. Después de ese momento mi vida fue canónica y sistemática porque no aproveché mi viaje por el lado oscuro para conocer otras visiones vitales, distintas maneras de ver el mundo y de cómo puede llegar a ser. Ahora sólo quiero ganar tanto dinero como para darles todo lo que quiera a los míos y sinceramente, también para saciar mis caprichos y a pesar de que siempre me falta y eso produce ansiedad, soy feliz. ¿Qué quién gobierna ahora? Nunca me ha importado.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-4151" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/PIXNIO-361912-400x600-200x300.jpg" alt="Personas PIXNIO-361912-400x600" width="200" height="300" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/PIXNIO-361912-400x600-200x300.jpg 200w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/11/PIXNIO-361912-400x600.jpg 400w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></p>
<p>Hola a todos, mi nombre aquí es <strong>Burro</strong> y espero que no tenga ninguna connotación extraña. Yo no sufrí nada supuestamente tan malo como una guerra o una adicción, por lo que yo pasé fue más sutil, sobre todo si lo veías desde fuera. En mi juventud ya sabía lo que quería, ahora reconozco que mi sueño procedía de lo tradicional de mi familia. También por esto y alguna cosa más, pasé por el instituto bajo el manto del bullying, que en mi época se resolvía con un <em>“se fuerte, no son más que bromas”</em>. Ah, que aún no os lo he dicho, pues mi ideal, mi sueño era crear una familia plena con, mínimo, dos hijos. Pero resultó ser algo mucho más complejo e incomprensible para mi entorno que para mí, tanto fue así que en su momento tuve que irme de casa (<em>me echaron</em>) para conseguir cumplirlo y vaya sí lo logré. Ahora no tengo mi propia familia, como tanto quería, me dedico a las labores del hogar, a cuidar mis hermosos cuatro hijos y a disfrutar de la vida que quería con mi pareja soñada. Eso sí, tuve que renunciar a casi toda mi familia, digamos, natural, pero como todo el mundo sabe, a esa no se la elige. A pesar de todo esto, no puedo ser más feliz.</p>
<hr />
<p><div class="su-spoiler su-spoiler-style-default su-spoiler-icon-plus su-spoiler-closed" data-scroll-offset="0" data-anchor-in-url="no"><div class="su-spoiler-title" tabindex="0" role="button"><span class="su-spoiler-icon"></span>Mono</div><div class="su-spoiler-content su-u-clearfix su-u-trim">La señora Mono es Gertrudis Martínez, una mujer blanca de 92 años hija de un alcalde republicano de Ojós (Murcia), ante su orfandad no le quedó más remedio que escapar y emigrar, por fortuna se libró de la Segunda Guerra Mundial al ser acogida en Estados Unidos por un familiar lejano.</div></div></p>
<p><div class="su-spoiler su-spoiler-style-default su-spoiler-icon-plus su-spoiler-closed" data-scroll-offset="0" data-anchor-in-url="no"><div class="su-spoiler-title" tabindex="0" role="button"><span class="su-spoiler-icon"></span>Araña</div><div class="su-spoiler-content su-u-clearfix su-u-trim">La joven Araña es Adèle Goncourt, una mujer negra de 35 años con una familia muy asentada en la Francia rural, para ser concretos, en Hénin-Beaumont. Se declara apolítica pero informada.</div></div></p>
<p><div class="su-spoiler su-spoiler-style-default su-spoiler-icon-plus su-spoiler-closed" data-scroll-offset="0" data-anchor-in-url="no"><div class="su-spoiler-title" tabindex="0" role="button"><span class="su-spoiler-icon"></span>Burro</div><div class="su-spoiler-content su-u-clearfix su-u-trim">El hombre Burro es Ignacio de la Hoz, hijo de la Familia de la Hoz, conocidos abogados que obtuvieron notoriedad y riqueza en la dictadura franquista. Homosexual blanco declarado y orgulloso de 40 y tantos años.</div></div></p>
<hr />
<p>Aunque hayáis mirado ya las descripciones de Mono, Araña y Burro, podéis participar igualmente contando como los habíais imaginado vosotros. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:</p>
<ul>
<li><strong>Mandando la continuación de la historia al correo electrónico: <a href="mailto:seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer">seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com</a> </strong></li>
</ul>
<ul>
<li><strong>Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.</strong></li>
</ul>
<p>Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Licencia Creative Commons</strong></a> que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.</p>
<p><strong>No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/14.0.0/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>
<p><div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/personas-experimento/">Personas (Experimento)</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/personas-experimento/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Helios Ra Sunshine</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/helios-ra-sunshine/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/helios-ra-sunshine/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 May 2018 10:59:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=3909</guid>

					<description><![CDATA[<p>Helios Ra Sunshine subió al ascensor con la mirada perdida y en la cabeza, la cena que le esperaba en su casa. Vivía en el edificio Dakota, piso 31. Helios Ra odiaba a sus padres desde que tuvo la edad para recibir las burlas por su extraño nombre, siempre había pensado que le habían puesto [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/helios-ra-sunshine/">Helios Ra Sunshine</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-3911" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-600px-Ra_Symbol_Stargate_opt.png" alt="Helios Ra 600px-Ra_Symbol_(Stargate)_opt" width="400" height="320" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-600px-Ra_Symbol_Stargate_opt.png 400w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-600px-Ra_Symbol_Stargate_opt-300x240.png 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" />Helios Ra Sunshine</strong> subió al ascensor con la mirada perdida y en la cabeza, la cena que le esperaba en su casa. Vivía en el <span style="color: #3366ff;"><em><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Edificio_Dakota" target="_blank" rel="noopener">edificio <strong>Dakota</strong></a></em></span>, piso 31.</p>
<p><strong>Helios Ra</strong> odiaba a sus padres desde que tuvo la edad para recibir las burlas por su extraño nombre, siempre había pensado que le habían puesto un nombre ridículo y nunca los entendió. Puede que nosotros nos aclaremos mejor si recordamos algo que el borró de su memoria hace muchos años. Fue concebido, parido y criado hasta los dos años en una comuna mezcla de pensamiento hippie y funcionamiento de secta, en donde adoraban al sol como creador del mundo. De ahí su nombre compuesto de <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Helios" target="_blank" rel="noopener">Helios</a></strong></span> y <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ra_(mitolog%C3%ADa)" target="_blank" rel="noopener">Ra</a></strong></span>, personificaciones del Sol en <strong>Grecia</strong> y en <strong>Egipto</strong> respectivamente.</p>
<p><strong>Helios Ra</strong> subió al ascensor que, como siempre que llegaba del trabajo, estaba repleto de gente. Enlatados como estaban sólo veían al resto cual molestos cachos de carne que les imposibilitaban su comodidad. Nadie se saludaba ni se hablaba, él entró el último.</p>
<p><strong>Helios Ra</strong> subió al ascensor, estaban en el garaje 6, sexta planta por debajo del suelo, lo más cerca que se puede estar del infierno. Le quedaban cerca de 40 pisos para poder cenar… <em>mira que ponerme este nombre, es ridículo</em>… <em>con este nombre no me van a ofrecer nunca formar parte de consejo de accionistas</em>… <strong>Helios Ra</strong> era un exitoso <em>bróker,</em> desde hacía 15 años vivía entre acciones, OPAS, chivatazos, mentiras y puñaladas por la espalda. Había visto y vivido mucho y no siempre había actuado con honradez, de hecho, muchas veces parecía más un ladrón que un corredor de bolsa, aunque nunca se sentía culpable por ello, no tenía razones, porque en realidad, ¿cuál es la diferencia? Claro que eso le había granjeado muchos enemigos pero a alguien como él, que había llegado casi a lo más alto, no le quitaba el sueño ¿Qué le podían hacer? Era muy cuidadoso con sus asuntos turbios, los tenía bien protegidos y se cubría mucho más que el resto. Además era de las personas más importantes e influyentes de <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Wall_Street" target="_blank" rel="noopener">Wall Street</a></strong></span>, ¿Quién podría, siquiera imaginar, ir a por él?<img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-3913" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-usa-2661656_640_opt.jpg" alt="Helios Ra usa-2661656_640_opt" width="554" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-usa-2661656_640_opt.jpg 554w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-usa-2661656_640_opt-300x217.jpg 300w" sizes="(max-width: 554px) 100vw, 554px" /></p>
<p><strong>Helios Ra</strong> estaba ya en su medio metro cuadrado de ascensor y detrás de él las puertas comenzaban a cerrarse cuando una mano grande, no, grande es poco, una mano enorme, como de un cíclope gigante griego, las volvió a abrir. En frente de todos los ocupantes del ascensor apareció una mole de casi dos metros, con la mandíbula muy prominente y con un parche en el ojo. De veras, esa era su imagen y claro, no inspiraba ninguna confianza. No obstante, los ocupantes tan sólo le observaron como una molestia más, mucho más grande sí, pero sólo una molestia. Todos ellos, corderos del sistema, ricos y triunfadores, pensaban lo mismo, como siempre con egoísmo, <em>lo voy a pasar mal hasta llegar a casa</em>, y lo cierto es que el espacio libre que quedaba era reducido y el cíclope lo estaba teniendo difícil para entrar. En cuanto se ganó su espacio, el resto resopló.</p>
<p><strong><img decoding="async" loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-3912" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-Ilion-metopa_opt-300x292.jpg" alt="Helios Ra Ilion---metopa_opt" width="300" height="292" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-Ilion-metopa_opt-300x292.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/Helios-Ra-Ilion-metopa_opt.jpg 400w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Helios Ra</strong> ascendía a toda velocidad hasta el primer piso, después al segundo, a continuación el tercero y así hasta que en el piso quince se quedaron solos los dos, el cíclope y nuestro hijo del sol. A lo largo de la ascensión el gigante no había soltado el móvil, y aunque llevaba varios intentos, hasta se le oyó dejar un mensaje en un contestador, no había marcado más que un número. En un instante de raciocinio pasajero, el gigantón recordó algo muy importante y ya en el piso veintidós, marcó otro número de teléfono. <strong>Helios Ra</strong> también continuaba en el ascensor, era el único problema de vivir en los pisos más caros del <em>edificio <strong>Dakota</strong></em>, que son los más altos. De repente le sonó el móvil y el cíclope se le quedó mirando con su único ojo, abierto de tal forma que casi se podía ver la cuenca de la que se estaba saliendo.</p>
<p><strong>Helios Ra</strong> está dentro del ascensor, con el tuerto mirándole de arriba abajo y contesta al móvil, le cuelgan. El cíclope cuelga a la par y le dice con la frialdad más sorprendente, <em>¿<strong>Helios Ra Sunshine</strong>? He venido a matarte</em>. Le agarra del cuello con su enorme mano, que ahora está cubierta por un guante de piel negra muy áspera, parece lija. Pero la mano le está agarrando sin mucha fuerza, sólo le retiene. <em>¿<strong>Helios Ra Sunshine</strong>?</em>, le sigue preguntando el nombre, aunque no tiene duda de que es él. Pareciera que lo hiciese porque no se creyese que fuera de verdad o porque le parece gracioso, es imposible distinguir nada en esa inexpresiva cara. <em>Tenemos que ir primero a tu piso. No grites</em>.</p>
<p><strong>Helios Ra</strong> sale del ascensor seguido de su futuro asesino y abre la puerta de su casa, era como una mansión pero en un piso 31 y en mitad de <strong>Nueva York</strong>. No tenía paredes que dieran al exterior, todo ventanal, todo exterior. En la entrada hay un teléfono y un contestador.</p>
<p><em>¿<strong>Helios Ra Sunshine</strong>?</em>, esta vez el gigante monocular se sonríe. Sí, se está mofando de su nombre. <em>Borra los mensajes, </em>le ordena y después le reconoce, <em>te había dejado uno para tenderte una trampa pero todo ha sido mucho más fácil</em>. <strong>Helios Ra Sunshine</strong> borra los mensajes y antes de que pueda levantar la cabeza, esta cae por el suelo.</p>
<p><em>Sí que están afiladas las catanas</em>, piensa el asesino al que todos llamaban <strong>Moonlight</strong>, y con una sonrisa en la boca se va del piso. Cierra la puerta con su enorme mano aún cubierta por los guantes y entra de nuevo en el ascensor. <strong>Moonlight</strong> desciende contento y entre carcajadas que no puede controlar, comenta en alto aunque nadie haya con él:</p>
<p><em>¿<strong>Helios Ra Sunshine</strong>? Que nombre más ridículo….</em></p>
<hr />
<p><strong>Autor: </strong>Joaquim de <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="http://tiradadedados.com/" target="_blank" rel="noopener">Tirada de Dados</a></span></p>
<p><strong><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-3924" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/06/Helios-West-72nd-Street-The-Dakota-by-David-Shankbone-300x254.jpg" alt="Helios Ra West 72nd Street The Dakota by David Shankbone" width="300" height="254" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/06/Helios-West-72nd-Street-The-Dakota-by-David-Shankbone-300x254.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/06/Helios-West-72nd-Street-The-Dakota-by-David-Shankbone.jpg 400w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />5:26 AM</strong>. Los primeros rayos de sol golpean el <em>edificio <strong>Dakota</strong></em>, <strong>New York</strong> amanece sin saber qué ha sucedido en el piso 31. La ciudad va despertando a medida que la luz recorre la fachada del edificio. Tendido en la moqueta se encuentra inerte el cuerpo sin cabeza de <strong>Helios Ra</strong>, esta fue a parar debajo de la mesita del <em>hall</em>, la sangre ha convertido la moqueta blanca en un cartón piedra de un tono burdeos.</p>
<p>Quién le iba a decir a <strong>Helios Ra</strong>, el cual había ido a una exposición días antes de <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://en.wikipedia.org/wiki/Vincent_Castiglia">Vincent Castiglia</a></strong></span>, quien pinta cuadros con su sangre, que él también usaría esa técnica aunque de forma involuntaria e inexperta. En aquella ocasión los cuadros le gustaron lo mismo que la resolución del suyo. A <strong>Helios Ra</strong> le importaba muy poco todo lo que no fuera relacionado con su trabajo, así que contrató a <strong>Brad Ford</strong>, interiorista refutado, para el diseño del piso. La <em>moda minimalista</em> azotaba la ciudad en esa época, una moqueta blanca cubría toda la estancia y los pocos muebles que componían el espacio, rompían la escena virginal con su color negro acristalado. Los espejos colocados estratégicamente hacían reflejar los rayos solares durante todo el día, cosa que le agradecería eternamente.</p>
<p>La luz empezaba a entrar en el piso 31 del <em>edificio <strong>Dakota</strong></em>, la temperatura aún fría comenzaba a subir, esa noche no le dio tiempo a poner el termostato, <em>¡todo sucedió tan rápido!</em>, nunca había imaginado acabar de aquella manera, en vida ni siquiera se le pasaba por la cabeza tener ni un pequeño hurto, con lo que ni por asomo había preparado un plan anti-atraco o en este caso anti-ejecución.</p>
<p>El Sol cada vez más alto sobre la ciudad entra poco a poco en el piso de <strong>Helios Ra </strong>y los espejos comienzan a hacer su función y reflejan su luz por casi toda la estancia, el calorcito empieza a hacerse notar. A media mañana casi todo el piso se encuentra iluminado y a unos 20 grados de temperatura pero, cuando los rayos inciden en la moqueta manchada, todo cambia de golpe. La estancia se ilumina de tal manera que parecía que hubiera una estrella dentro.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-3923 size-full" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/06/helios-pedestrian-architecture-road-street-town-alley-910368-pxhere_opt.jpg" alt="helios ra pedestrian-architecture-road-street-town-alley" width="600" height="395" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/06/helios-pedestrian-architecture-road-street-town-alley-910368-pxhere_opt.jpg 600w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/06/helios-pedestrian-architecture-road-street-town-alley-910368-pxhere_opt-300x198.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></p>
<p>La calle 72 se ha paralizado por la luz que salía del piso 31 del <em>edificio <strong>Dakota</strong></em>, nadie daba crédito a lo que veían sus ojos. La circulación está cortada por las personas que empiezan a agolparse enfrente de la escena, nadie había visto nunca nada igual ni sabían cómo reaccionar. Solo podían quedarse quietos mirando como la luz desprendida de las ventanas les emocionaba sin darse cuenta. Los rayos surgidos del edificio emitían un sonido imperceptible al oído humano, aunque sí a nivel sensorial, las personas allí presentes comenzaron a sentir la pena más grande que pudieran imaginar, como si la muerte de un hijo les hubiera acaecido en ese preciso instante. La buena gente neoyorquina, empatizando con una luz y un sentimiento sensorial, empezaron a llorar al unísono, abrazándose y consolándose unos a otros, todo aquel que se acercaba a la escena caía en las redes de la pena y la desolación.</p>
<hr />
<p>Y es a partir de este punto desde donde podéis <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">continuar la historia</a>, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (<em>olvidaros de la censura</em>) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:</p>
<ul>
<li><strong>Mandando la continuación de la historia al correo electrónico: <a href="mailto:seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer">seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com</a> </strong></li>
</ul>
<ul>
<li><strong>Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.</strong></li>
</ul>
<p>Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Licencia Creative Commons</strong></a> que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.</p>
<p><strong>No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/14.0.0/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>
<p><div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/helios-ra-sunshine/">Helios Ra Sunshine</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/helios-ra-sunshine/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Edad o la escritura gráfica</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/edad/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/edad/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Mar 2018 13:20:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=3816</guid>

					<description><![CDATA[<p>Salió de casa ensimismado por una idea, pero tosiendo y con sus 30 y pico años a su espalda dejándose notar como hacía tiempo que no lo hacían. No era más que cansancio acumulado, aunque también sabía qué hace diez años no hubiera pasado, la tos también era diferente a la que hubiera podido tener [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/edad/">Edad o la escritura gráfica</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Salió de casa ensimismado por una idea, pero tosiendo y con sus 30 y pico años a su espalda dejándose notar como hacía tiempo que no lo hacían. No era más que cansancio acumulado, aunque también sabía qué hace diez años no hubiera pasado, la tos también era diferente a la que hubiera podido tener hace diez años, ahora iba más cargada y era más continuada. Todos estos síntomas podían no tener nada que ver con la edad, a pesar de que él los relacionaba directamente. Tenía el cuello y los hombros doloridos, gruñían sus huesos cuando los movía como si se solapasen uno sobre otro, o varios sobre uno, o uno sobre varios, en todo caso lo preocupante era el crujido. Con todo esto debía lidiar el joven en su camino al trabajo, así que siguió andando hacia la parada del autobús con la idea cogiendo forma en su imaginación.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-3824" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/03/adult-2028245_1280_opt-300x150.png" alt="edad adult-2028245_1280_opt" width="600" height="300" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/03/adult-2028245_1280_opt-300x150.png 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/03/adult-2028245_1280_opt-768x384.png 768w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/03/adult-2028245_1280_opt.png 800w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></p>
<p>Él acostumbraba a escribir en sus largos viajes por el transporte urbano en busca de su sueldo. Acababa de terminar una historia que le gustaba pero que defendía un concepto que ahora, con el concepto de la edad emergiendo en sus pensamientos, no le convencía. Esa era la idea que le rondaba, escribir otro de sus relatos cortos que mostrase de otra manera el pasar del tiempo. Y aunque tenía clara la noción de lo que quería, no tenía tan claro como plasmarla. Llegó a la parada, observó el tiempo estimado para su llegada y después de estirar el cuello, volvió a recluirse en su inventiva buscando el cómo llevar a cabo el escrito que rumiaba su mente.</p>
<p>El autobús llegó con un poco de retraso pero llegó, y el protagonista, que a partir de este momento también podéis llamar Jon, se subió a él. Durante todo el trayecto tosió y estiró lo que pudo sus articulaciones y miró a su alrededor en busca de un algo inspirador. Podía ser una persona o un objeto o un reflejo o una mirada o una frase o todo junto o nada de lo anterior. Otras veces sólo necesitaba evadirse para que su mente formase una escena en su interior que le diese pies y alas a la vez, para comenzar a componer una historia, un instante como le gustaba llamarles, pero hoy ninguna solución estaba dando frutos.</p>
<p>Es por esto y por nada más, por lo que se decidió a transgredir sus costumbres y escribir sin guion previo ni visita de las musas ni inspiración divina. Pensó, <em>si no me viene, haré que salga</em> y comenzó un instante que decía así:</p>
<hr />
<p style="padding-left: 30px;"><em>Subió al autobús con prisa y nervioso, llegaba tarde a clase, de hecho esa era la única razón por la cual nuestro protagonista cogería el autobús para ir a la universidad. Con esa edad, 20 y pico años, tenía energía para todo, para ir andando o corriendo o si hubiera una apuesta de por medio, a la pata coja. Una vez dentro del vehículo, y aunque en principio había muchos asientos vacíos, decidió quedarse de pie, como si mostrando su urgencia de esta manera el autobús fuese a ir más rápido.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>La clase que le esperaba no era difícil aunque hubiese prácticas. Lo complejo era su profesor y lo tenso de su relación. Era la típica relación amor-odio pero no con una compañera, lo que anima mente y alma, sino con un profesor que, o le había cogido ojeriza o quería exigirle al máximo porque confiaba en él. Fuese lo que fuese, a nuestro protagonista, que a partir de ahora llamaremos Jon, no le gustaba nada. Es más, se podría decir que él ponía el odio a la relación. Y como de todo lo que no nos gusta podemos sacar algo bueno, al menos con esa presión nunca se olvidaba de preparar los ejercicios para la clase siguiente… vamos, los deberes. Deberes en la universidad, lo que hay que ver, pensaba Jon.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Con estas vicisitudes copando su mente, no se fijaba en la gente que ocupaba los demás lugares y asientos del autobús, que tras un par de paradas se parecía más a una lata de sardinas que a un servicio público. Y es que parece que los responsables de gestionar las líneas de la ciudad sean algo cortos de mente, al menos Jon era de esa opinión. De repente, una mano se apoyó en su hombro haciendo que se girase y encontrándose así, con la mirada de su mejor amigo de clase. Era un tipo serio, pulcro e inteligente y que guardaba mucho arte en su interior y que sin más, le comenzó a hablar. El protagonista se quitó los cascos que hasta este momento le habían mantenido ajeno al barullo que le rodeaba y respondió.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Perdona, con los cascos no te he oído.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Nada, nada… </em>y se calló.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Jon decidió recuperar la conversación y hacer caso omiso de la timidez que le había asaltado a su compañero de clase y ahora, de viaje.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>¿Qué tal?</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Muy bien, pero con sueño.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Si es que no se puede poner una clase a las 15:30, y además con ese tío.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Amén a eso. ¿Has preparado los ejercicios para hoy?</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Sí, que sino el tipo se te echa al cuello.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Ya te digo.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Los dos callaron durante un instante ante el paso de una preciosa muchacha que les dejó obnubilados. Tras ese momento conquistado por la belleza, continuaron la charla, y como antes, fue Jon quién la reanudó, quedando claro quién temía más al silencio.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>¿Viste el correo que te mandé?</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>¿El de la historia o el de la música?</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Los dos…</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Claro. Al grupo ya lo conocía y no me imaginaba que tú los escuchases, de hecho te los iba a recomendar dentro de nada, que sacan nuevo disco.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Molan…molan… y sobre la historia… ¿te la has leído?</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Sí.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>¿Y qué te parece? No me hagas sufrir…</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Me ha gustado, es una forma de escribir muy anglosajona.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>La prefiero, es más directa.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Pero lo mejor para mí ha sido la idea, muy original.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Pues está basada en hechos reales.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>¿En serio? Es muy rocambolesca.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Si, aunque ya sabes, hay licencias poéticas.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Entonces… ¿la has cambiado mucho?</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>No lo tengo muy claro…</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Y empezó a contarle lo que en realidad pasó en un monólogo que amenizó la llegada a clase y que decía así</em>:</p>
<hr />
<p style="padding-left: 60px;">Era un sábado cualquiera para mí, y con 16 años significaba ir al parque a beber y buscar chicas y probar todo lo nuevo que cayese en mis manos. Llegué donde habíamos quedado en bicicleta y me bajé a esperar, aún no había nadie. A los pocos minutos fueron arribando mis amigos… Después hicimos lo que muchos jóvenes hacían, hacen y harán, compramos alcohol. Cervezas, kalimotxo y lo más importante, whisky con Eroski Cola y nos fuimos a nuestro lugar predilecto. Éramos muchos para lo que acostumbrábamos, como siete personas contándome a mí.</p>
<p style="padding-left: 60px;">Con la bebida que teníamos nos emborrachamos todos y quién trajo otro tipo de estupefacientes, los compartió. Así que acabamos con un peligroso cóctel en el cuerpo, no estoy orgulloso pero así fue. Además explica mucho de lo que después me ocurrió.</p>
<p style="padding-left: 60px;">Cuando ya sólo quedaba cerveza, un grupo de chicas se puso cerca de nosotros a beber también y como grupo de adolescentes que éramos, nos tiramos sobre ellas, metafóricamente claro. Pero resultaron ser mucho menos sanas de lo que parecían en un principio y mientras jugábamos a ligar, nos reconocieron que llevaban tripis. Nos dijeron que tenían mucho y que les sobraban y, en el estado de euforia en el que nos había dejado el resto de mierda que ya teníamos dentro, les pagamos por unos pocos y nos los tomamos todos juntos, ellas y nosotros.</p>
<hr />
<p style="padding-left: 30px;"><em>Cómo ves esto es el principio de la historia que te envíe, pero he obviado lo de las drogas duras. Ya sabes, las licencias poéticas… La cuestión está en que…</em></p>
<hr />
<p style="padding-left: 60px;">Una vez nos los tomamos empecé a perder el control de mi mente y de mis actos. De hecho, aparte de enrollarme con una de las chicas, el resto de recuerdos se perdieron o, mejor dicho, nunca se crearon. Lo único que mi mente me trae a la memoria es donde me desperté. Estaba en un portal con un tanga en la cabeza, que por el tamaño que tenía no sabía si era de un hombre o de una mujer robusta, sin camiseta y el nombre de la chica y lo que resultó ser su número de teléfono, apuntados en el brazo.</p>
<hr />
<p style="padding-left: 30px;"><em>Este es el final de la historia que te mandé, el resto del relato que dejé fuera del escrito,  lo saqué de la chica registrada en mi extremidad.</em></p>
<hr />
<p style="padding-left: 60px;">Esa misma tarde la llamé para ver si quería quedar y… sí que quería y vaya si quería, después de unas cuantas caricias, abrazos y besos, además de algún toqueteo, me contó lo que había hecho es esas horas en que mi persona había desaparecido: “Estuvimos muy bien al principio, tío. Nos reímos un montón entre las casetas del parque. Nos tomamos los tripis y jugamos un poco por el césped, luego tú y yo jugamos solos como hace un rato y después, todos juntos de nuevo, nos fuimos de marcha a los bares. Hasta ese momento todo fue genial, pero en el camino cambiaste. Algo te tocó el interior tío. He estado repasándolo esta mañana y creo que fue una abuela que pasó a nuestro lado. Te recordaría a alguien o a algo y el LSD, Jon, debió borbotear en tu cabeza, porque fue como si te retrotrajeras a tu infancia, como si tuvieses 10 o 12 años. Si quieres te lo enseño… te grabamos con mi cámara de fotos.”</p>
<hr />
<p style="padding-left: 30px;"><em>En ese momento sacó la cámara de fotos… ya ves que hace tiempo de esto, ni móviles con cámara había… y me enseñó algunas fotos de la noche anterior.</em></p>
<hr />
<p style="padding-left: 60px;">“Bueno, pues eso… pasó la abuela a nuestro lado y te quedaste mirándola fijamente. Cuando se perdió de vista estuviste un rato callado y después… mejor lo ves. Espera que le dé al play.”</p>
<hr />
<p style="padding-left: 30px;"><em>Y aparecí en la pantalla y mientras en la película me movía con esa torpeza característica de los años en los que se abandona la niñez, mi mente recuperaba lo que en realidad había vivido la noche anterior:</em></p>
<hr />
<p style="padding-left: 90px;">Soy un niño de 12 años y es navidad. Ya he estado en el pueblo y es 5 de enero y los reyes son los padres. Estoy en casa con mi hermana que me cuida, porque papá y mamá se han ido a comprar la cena. Estamos solos. Corro por casa y juego con el belén de la entrada, me gusta mucho con todo ese musgo tan verde. Busco a mi hermana. Mi hermana está viendo la televisión en el salón pero no me gusta lo que ve y me voy. Abro el armario del estudio, saco cosas que no sé qué son y veo un regalo cubierto con papel rojo. Los reyes son los padres. Lo cojo, pero pone Susana, es para mamá. Pienso un poco, los reyes son los padres y los regalos están en los armarios, voy abriendo más armarios en busca de regalos de reyes. Abro el de la entrada, el del cuarto de la abuela, el del cuarto de mi hermana y el de mis padres. No encuentro ningún regalo pero en el armario de papá y mamá hay una caja sin tapa con dibujos míos. Los cojo y los voy mirando, cada vez son más feos. Uno me llama la atención y me lo acerco y lo miro de cerca y me entran ganas de llorar y me pongo a llorar.</p>
<hr />
<p style="padding-left: 60px;">“Aquí dejamos de grabarte porque te pusiste a llorar y perdió la gracia.” Reconoció ella.</p>
<hr />
<p style="padding-left: 30px;"><em>Esto fue todo lo que me dijo y me enseñó de esa noche, de ahí saqué la idea para la historia. El resto de la noche, lo del tanga y eso, realidad o imaginación,  se ha perdido para siempre como lágrimas en la lluvia.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Vaya ida de pelota.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Las drogas no son buenas.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Oye ¿pero qué te hizo llorar? ¿Tan feo era el dibujo?</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Ja, ja… no, es que me trajo un recuerdo aún más antiguo, de cuando lo dibujé.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>¿Y se puede conocer?</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Sin problemas. Era el dibujo de un hospital con mi abuela en una cama. Lo hice con 7 años mientras ella moría. Lo recordé en esa vuelta a la pre-adolescencia, me vi a los pies de su cama con mi mano agarrando con fuerza la de mi madre y la de mi padre, aferrada a la de la suya.</em></p>
<hr />
<p style="padding-left: 120px;"><em> </em>Pregunto.</p>
<p style="padding-left: 120px;"><em>¿Por qué no habla la abuela?</em></p>
<p style="padding-left: 120px;"><em>Porque ya no está con nosotros. Se ha ido.</em></p>
<p style="padding-left: 120px;">Responde mamá.</p>
<p style="padding-left: 120px;"><em>¡Yo no quiero que se vaya!</em></p>
<p style="padding-left: 120px;">Y mi madre me lleva consigo a abrazar a mi padre que llora callado.</p>
<hr />
<p style="padding-left: 30px;"><em>¡Joder tío!</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Tranquilo, es pasado y como pasado, es sólo un recuerdo y ya está aceptado.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Tras un rato callados, la conversación continuó por otros derroteros. Se rieron de algún profesor, pasaron más chicas y en muy poco tiempo llegaron a la puerta de clase tras haberse saltado una parada debido a la verborrea de Jon.</em></p>
<hr />
<p>Nuestro protagonista levantó la vista del papel a tiempo para bajar el primero, aún le quedan varios minutos y un autobús más para llegar al trabajo pero la tarea está hecha. No quería salir pero lo ha sacado, alegre con el concepto y la forma, sólo le queda revisar la ortografía y releerlo para cambiar alguna palabra repetida, algún sujeto que sobra, comas de más y puntos de menos. Esta tarea siempre la guarda para un momento reposado y apartado del mundanal ruido, en algún rincón protegido, porque al hacerlo entra en una especie de trance y parece precisar de la  vuelta a la tranquilidad de la cuna. A esa edad, la más sincera e indefensa pero a su vez la más segura, siempre atendido. Es en ese momento, en el que Jon reconoció la necesidad de revisar lo creado, cuando se percató de que por fin el instante está terminado, y aunque siguió con la edad a cuestas, ahora que ha repasado las edades de su vida, eso que tenía dentro se ha calmado.</p>
<p>Las articulaciones continúan crujiendo pero la tos ha remitido. Se puso música en los cascos, que a su vez puso en los oídos y subió al siguiente autobús que necesita para llegar al trabajo y se sentó  en una esquina y cerró los ojos disfrutando de la música, esperando a que acontezca un nuevo cambio en su vida y transformarlo en otro <em>instante</em>.</p>
<p>Hasta entonces sólo le queda esperar, ya que la edad siempre llega si tienes suerte.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-3825" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/03/smartphone-1987212_1280_opt.jpg" alt="edad smartphone-1987212_1280_opt" width="600" height="256" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/03/smartphone-1987212_1280_opt.jpg 938w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/03/smartphone-1987212_1280_opt-300x128.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/03/smartphone-1987212_1280_opt-768x328.jpg 768w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></p>
<hr />
<p>Y es a partir de este punto desde donde podéis <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">continuar la historia</a>, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (<em>olvidaros de la censura</em>) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:</p>
<ul>
<li><strong>Mandando la continuación de la historia al correo electrónico: <a href="mailto:seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer">seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com</a> </strong></li>
</ul>
<ul>
<li><strong>Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.</strong></li>
</ul>
<p>Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Licencia Creative Commons</strong></a> que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.</p>
<p><strong>No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/14.0.0/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>
<p><div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/edad/">Edad o la escritura gráfica</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/edad/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Cumpleaños</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/cumpleanos/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/cumpleanos/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Dec 2017 09:33:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=3675</guid>

					<description><![CDATA[<p>Allí estaba, cabizbajo, triste y sentado en una mesa en la que no encontraba compañía. Bebía un vaso de agua mientras seguía inmerso en unos lacónicos pensamientos sobre la vida. Era la hora de acostarse y no había recibido llamada alguna aunque hoy era su cumpleaños. Su mujer concibió muchos descendientes, y a pesar de [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/cumpleanos/">Cumpleaños</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-3676" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/12/cumpleaños-adult-1852908_640_opt.jpg" alt="cumpleaños adult-1852908_640_opt" width="601" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/12/cumpleaños-adult-1852908_640_opt.jpg 601w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/12/cumpleaños-adult-1852908_640_opt-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 601px) 100vw, 601px" />Allí estaba, cabizbajo, triste y sentado en una mesa en la que no encontraba compañía. Bebía un vaso de agua mientras seguía inmerso en unos lacónicos pensamientos sobre la vida. Era la hora de acostarse y no había recibido llamada alguna aunque hoy era su cumpleaños. Su mujer concibió muchos descendientes, y a pesar de la Guerra, todos sobrevivieron a la adolescencia. Aun así, ¡no había recibido llamada alguna!</p>
<p>Mientras se acercaba el auxiliar que ayuda los días impares en la residencia, empezó a supurar rencor hacía sus hijos. Aquellos por los que habían sufrido en la Guerra, por los que había dejado de comer, de beber y de vivir, para subsistir. Les había dado sus mantas para las noches más frías y los muslos de pollo los domingos, pero cuando crecieron le abandonaron a su suerte, olvidándose de él por completo.</p>
<p>Pasó unos años de transición sin nadie ni nada alrededor antes de recalar en la residencia, donde se convirtió en un autómata con poca grasa y poca gracia. En un principio se decidió a venir porque pensó que sería cómodo y más importante, que conocería gente. Pero entre pastillas, demencias y defunciones no encontró a nadie duradero con quien conversar. Se encerró en sus recuerdos. Su mujer murió a consecuencia de su fertilidad tras varios partos difíciles que le acarrearon secuelas. Tuvo un total de ocho hijos de los que todavía vivían los siete ingratos que ¡no habían hecho llamada alguna!</p>
<p>El pobre Javier, oveja negra de la familia y quien más le recordaba a su propia juventud, sucumbió a los peligrosos años ochenta. Pensando en esto y perdido como estaba en su pasado, no sé dio cuenta de que el auxiliar ya le había sido acostado y cerrando los ojos, decidió cambiar la situación. Sacó una petaca que tenía escondida en un diario hueco, que los enfermeros nunca le registraban por lo personal del objeto, y empezó a beber ese delicioso jugo procedente de la uva de su pueblo.</p>
<p>A la vez que bebía, recordaba. Recordaba el bello rostro de su mujer, las juergas que tuvo de joven con sus amigos y la felicidad y el orgullo tras los nacimientos de sus hijos. Esos hijos de… los que, en su cumpleaños, ¡no había recibido llamada alguna!</p>
<p>Luego rememoró, desde la oscuridad de su alma, esos momentos dolorosos e imborrables que siempre parecen más fáciles de conmemorar. La larga convalecencia y posterior muerte del amor de su vida, la desaparición de todos sus amigos, el abandono paulatino de sus hijos, Javier ¿por qué te fuiste así?&#8230; y su reconversión en la residencia en un ser inerte e innecesario, semejante a un ficus de plástico.</p>
<p>Era su cumpleaños y no quería sentirse triste. Así que se acabó de un trago la petaca, cerró los ojos y volvió a encontrarse con su mujer.</p>
<hr />
<p>Y es a partir de este punto desde donde podéis <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">continuar la historia</a>, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (<em>olvidaros de la censura</em>) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:</p>
<ul>
<li><strong>Mandando la continuación de la historia al correo electrónico: <a href="mailto:seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer">seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com</a> </strong></li>
</ul>
<ul>
<li><strong>Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.</strong></li>
</ul>
<p>Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Licencia Creative Commons</strong></a> que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.</p>
<p><strong>No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/14.0.0/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>
<p><div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/cumpleanos/">Cumpleaños</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/cumpleanos/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Colapso o Los Grandes Almacenes</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/colapso/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/colapso/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Nov 2017 09:15:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=3648</guid>

					<description><![CDATA[<p>Y me colapsé. Disculpen por ser tan brusco. Ante todo deben saber que conozco mi situación en estos momentos. Estoy tendido en mitad de los grandes almacenes, rodeado de desconocidos en la tercera planta. Antes de que se me cerraran los ojos como siguiendo una orden que mi cerebro no podía controlar, estaba mirando y [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/colapso/">Colapso o Los Grandes Almacenes</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Y me colapsé.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright wp-image-3645 size-full" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-earth-1773943_640.jpg" alt="colapso earth-1773943_640" width="640" height="411" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-earth-1773943_640.jpg 640w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-earth-1773943_640-300x193.jpg 300w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" />Disculpen por ser tan brusco. Ante todo deben saber que conozco mi situación en estos momentos. Estoy tendido en mitad de los grandes almacenes, rodeado de desconocidos en la tercera planta.</p>
<p>Antes de que se me cerraran los ojos como siguiendo una orden que mi cerebro no podía controlar, estaba mirando y revolviendo la zona de lencería de mujer. Buscaba un regalo, aunque no logro imaginar que pudo llegar a pensar cualquiera de los seres sin rostro que recorrían los pasillos sobresaturados de publicidad del centro comercial, al ver como caía al suelo con una expresión de infinito placer en mi rostro mientras sujetaba entre mis manos un conjunto con liguero y medias de seda negra, que no solté ni cuando mi cabeza rebotó con estrépito contra las baldosas.</p>
<p>Ahora que no sé donde estoy y que parece que tenga tiempo para cualquier cosa, me voy ha dedicar a recordar el porqué de mi colapso. Creo que voy a empezar desde la caída, del presente al pasado porque si ya conozco las consecuencias, me será más sencillo descubrir cuales fueron sus causas.</p>
<p>Como ya he dicho me desvanecí en una situación un poco vergonzosa. No es que me importe lo que la gente pueda pensar sobre mí pero es cierto que podría haber elegido un mejor lugar, y sobre todo, algo diferente entre mis dedos. Me parece que los ligueros le quitaron solemnidad al momento. En el preciso instante de la caída, cuando notaba como mi cuerpo había perdido la energía, como se habían fundido mis plomos, escuché la última voz humana,</p>
<p><em>¡Mira, se ha imaginado a su mujer así vestida y le ha dado un colapso, ja, ja, ja…!</em></p>
<p>Esto fue lo último que dejaron pasar mis oídos a mi consciencia antes de perderme en mi inconsciencia. Como escribí al principio, me colapsé. A partir de aquí voy a intentar conocer la razón, que aún no he descubierto, del porqué.</p>
<p>Estaba distraído buscando un regalo, un regalo <em>especial</em>, no sé si me entienden…un poco de seda que me diera más placer a mi viéndolo que a ella portándolo. No recuerdo que estuviese pensando en nada especial, ni en mis problemas de trabajo, ni en mi relación con mi hija, ni en mis desavenencias con mi familia a causa de la herencia, ni en… mejor no sigo más.</p>
<p>En este lugar inhóspito puedo buscar dentro de mí, hasta en los lugares más oscuros, y por supuesto logro acordarme de mis más nimios pensamientos, así que con un poco de esfuerzo sabré en que tenía la cabeza mientras sujetaba la seda negra con mis dedos…</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright wp-image-3646 size-full" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-water-nature-bridge-river-transport-flood-600583-pxhere.com_.jpg" alt="colapso water-nature-bridge-river-transport-flood-600583-pxhere.com" width="480" height="319" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-water-nature-bridge-river-transport-flood-600583-pxhere.com_.jpg 480w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-water-nature-bridge-river-transport-flood-600583-pxhere.com_-300x199.jpg 300w" sizes="(max-width: 480px) 100vw, 480px" />…esperen un momento…</p>
<p>…lo noto acercarse…</p>
<p>…sí, ya lo recuerdo…</p>
<p>Me estaba imaginando a Sofía con el conjunto que le iba a comprar, le quedaría tan bien. Sofía tiene veintitantos, nunca me ha dicho su edad exacta, ni yo le he insistido mucho; su cuerpo es alto y esbelto, debe medir cerca de metro setenta y cinco, y todo él tiene las proporciones perfectas. Posee unos pies estilizados, delgados y largos, con las uñas siempre pintadas de rojo. Sus piernas son eternas, parecen moldeadas por el mismísimo dios y, sin duda alguna, son algo de lo que Sofía se enorgullece, demostrándolo cada día que la veo al vestir con esas minifaldas que tanto me gustan. Si continúo admirando su cuerpo, me encuentro entre sus brazos, saboreando y masajeando sus voluminosos pechos, que aunque sean grandes, no desentonan con el resto del cuerpo. Son como tienen que ser en una mujer como Sofía.</p>
<p>Todo, incluso su juguetón ombligo que tanto conoce mi lengua, está cubierto por una fina piel. Suave como la seda que pensaba comprarle y de una claridad tal, que casi parece que le rebotan los rayos del sol. Es una mujer atractiva y también muy guapa. Su cara mantiene las proporciones, y aunque no sea especialmente bella, el conjunto que la forman la hacen increíblemente atractiva y…¡¡Joder, está muy buena!!</p>
<p>Yo tengo 41 años y ella, creo que ya se lo he dicho, veintitantos. Nos llevamos tantos años como para que las sospechas de los más perspicaces sean ciertas. Es mi amante.</p>
<p>Después de que os haya presentado a Sofía, voy a continuar buscando porqués…</p>
<p>…donde estaba…</p>
<p>Ah, sí, imaginándomela con el conjunto puesto. En eso estaba, con la pasión nublándome la vista, tanto que no me dejaba apreciar ni que la talla era extremadamente grande para ella. Cuando, paulatinamente, a su cuerpo se le fueron agregando kilos, la grasa se iba apoderando de él, moviéndose debajo de su piel y aposentándose en lugares que yo conocía muy bien. En cuestión de décimas de segundo Sofía se había transformado en mi mujer.</p>
<p>Se llama María y tiene exactamente 44 años, 11 meses y 30 días, mañana es su cumpleaños. Si bien es cierto que es mayor que yo, si nos vierais juntos jamás pensarías que ella es la más vieja. De antemano os digo que yo la amo y la amaré hasta que me muera, incluso creo que la amaría en la otra vida si es que existiese. La primera vez que la vi, hace ya más de quince años, sí que me fijé en ella porque me entró por los ojos, con el paso del tiempo fue dejándome constancia de que había algo mucho mejor detrás de esa agradable y dulce fachada, había un ser divertido, inteligente y pasional. Podíamos estar horas y horas hablando, riéndonos de todo, de todos, incluso de nosotros mismos…de hecho…ahora que puedo utilizar la memoria en su máxima expresión…sé que pasábamos mucho tiempo riéndonos de cada uno de nosotros, nos divertía irnos descubriendo poco a poco, sin secretos, nos mostrábamos el uno al otro sin máscaras y nos reíamos de ello. Cada uno le quitaba importancia con ironía a los fallos del otro y así continuamos felices hasta hace seis meses.</p>
<p>Quiero a María por ser como es, por quererme como soy, porque puedo comentarlo todo con ella y sé que ella será sincera, me dará su opinión aunque luego yo tomaré la decisión, siempre que no le afecte de manera directa…</p>
<p>…espera…</p>
<p>…creo que…</p>
<p>Sí, acabo de comprender que dependo de ella, mi felicidad depende de su felicidad.</p>
<p>Ahora es cuando, los que adivinaron antes que Sofía era mi amante, harán la molesta, lógica e incontestable pregunta:</p>
<p><em>Si quieres a María ¿por qué tienes una amante?</em></p>
<p>Pues realmente no lo sé, no hay ninguna respuesta cierta y, a la vez, todas las excusas manidas son válidas…la costumbre de los años juntos, viéndonos todos los día, lo rutinario se hace aburrido…aunque todo eso lo superábamos hablando claro de las cosas, si a alguien le gustaba algo en cualquier aspecto, ya fuesen fragancias, animales, posturas sexuales, daba igual, todo lo que le gustase al otro se aceptaba y disfrutaba si era posible, pero todo ha cambiado y creo que yo soy el culpable.</p>
<p>Hace seis meses conocí a Sofía, es becaria en mi oficina de importación, y como se imaginarán después de lo descrito anteriormente, cuando la vimos pasar entre nuestras mesas, todos los oficinistas de chicha y nabo nos quedamos prendados de ella. Los primeros días hasta noté cómo, incluso los cercanos a la jubilación se habían desperezado, habían redescubierto la colonia y habían sacado sus dotes de conquistador a relucir. Pero ella hizo caso omiso de todos. Yo también estuve en el mismo saco, pasó de mí en horario de oficina aunque me preparaba con esmero frente al espejo todas las mañanas. A las dos semanas de entrar a trabajar, nos habíamos dado todos por vencidos.</p>
<p>Pero una noche tuve que volver a la oficina a recoger un informe importante que tendría que terminar en casa y me la encontré ahí, llorando encima de mi mesa. En una esquina de la planta, al lado de las ventanas, en un espacio que antes ocupaban varios escritorios, había una mesa típica de cena de enamorados. Las velas estaban aún encendidas y casi completas, la comida estaba todavía en los platos y los cubiertos no se habían movido de sus puestos flanqueando al plato. Todo había sido cuidado con mucho esmero, si lograbas separar el improvisado comedor de lo que le rodeaba, te podías imaginar que estabas en una casa acomodada de las afueras. El resto de la velada no la distingo con tanta claridad, ella lloraba encima de mi mesa, yo la acaricié y le pregunté si me dejaba coger unos papeles que tenía debajo de sus brazos, me los acercó y nuestros dedos se rozaron, noté la chispa. Acerqué una silla y le pregunté que pasaba, no me dijo nada, le agarré de la mano y la dirigí a la mesa, la senté apartándole un poco la silla…siempre he sido un caballero…y me senté en frente. Sofía me miró a los ojos, era la primera vez que lo hacía, y yo le respondí diciendo que era un pecado desperdiciar la comida…</p>
<p><em>Cómetelo antes de que se enfríe</em></p>
<p>Así terminó nuestra primera conversación. Después ella no comió nada mientras yo dejaba el plato reluciente, y de postre me preparó lo mejor. Creo recordar, y aquí donde estoy, recordar significa saber con seguridad, que las únicas palabras que me dirigió fueron</p>
<p><em>Ya que te has comido mi bazofia, te voy a enseñar el postre que tenía preparado</em></p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright wp-image-3647 size-full" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-wood-ruin-destroyed-crash-destruction-site-810093-pxhere.com_.jpg" alt="colapso wood-ruin-destroyed-crash-destruction-site-810093-pxhere.com" width="480" height="360" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-wood-ruin-destroyed-crash-destruction-site-810093-pxhere.com_.jpg 480w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/colapso-wood-ruin-destroyed-crash-destruction-site-810093-pxhere.com_-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 480px) 100vw, 480px" />Se quitó la ropa y me mostró una lencería fina y elegante, con liguero y medias negras, como las que he ido a comprar…</p>
<p>…coño, aquí parece que hay algo…</p>
<p>…pero mejor termino la historia…</p>
<p>Después de verla en su máximo esplendor, con el conjunto que resaltaba todos sus atributos, y con las luces de las velas por un lado y la de la luna por el otro rebotando en su clara piel, haciendo que casi pareciese que le cubría una estrecha capa de luz, una especie de aura fantasmal que la hacía aún más atractiva, asemejándola a la madre primigenia. Follamos como locos hasta cerca de las dos de la mañana. A partir de ese día, en estos seis meses, siempre he tenido que terminar trabajo fuera del horario de oficina.</p>
<p>Por otro lado en mi relación con María he sido yo el que ha empezado a crear un muro, ya no soy sincero, yo no le comento los problemas e intento esquivarla. No es que no quiera estar con ella, pero justamente porque la quiero no puedo estar a su lado sin notar el hedor a culpa que despido y que la pudre por dentro cuando la beso. Últimamente estoy notando como ella tampoco me comenta nada y creo que sospecha, pero me quiere tanto que no quiere creer lo que creo que ella ya sabe…</p>
<p>…parece que ya hay algo…</p>
<p>Sofía le ha dado una nueva dimensión a mi vida, ha conseguido que tenga de nuevo las sensaciones de un adolescente ante su primer amor. Cuando se que voy a verla se me acelera el corazón, me empieza a doler la tripa como si me diesen punzadas, y mi cabeza funciona a toda velocidad. Pero si aparto estos síntomas típicos creo que puedo ver lo que sucede, lo que realmente siento es pasión, deseo sexual; aunque creo que ella me va a exigir algo más dentro de poco…sí, creo que sus últimos pasos lo indican…ya no nos quedamos en la oficina, sino que me lleva a su casa y, sobre todo, hace tres días me presentó a su madre…dijo que por casualidad…pero me saludó por mi nombre de pila…</p>
<p>En la otra cara de la moneda está María, mi mujer me da todo lo que me falta. Es cierto que últimamente no estamos al mismo nivel, pero ya saben que no es culpa suya, sino mía.</p>
<p>Ahora mismo estoy imaginándome mi vida sin ella y, por desgracia o fortuna, lo único que veo es un fondo negro…he tomado una decisión…</p>
<p><em>Roberto, Roberto, Roberto. ¿Estás bien?</em></p>
<p>He abierto los ojos de nuevo, mi cabeza ha vuelto a enchufarse y lo primero que he visto ha sido el hermosísimo rostro de mi esposa. Está a mi lado en el hospital, y cuando nuestras miradas se han cruzado, he explotado en un llanto desconsolado…</p>
<p>Ha llegado la medianoche, ya es su cumpleaños y tendido en la cama del hospital aún mantengo abrazado fuertemente el conjunto de seda negra, no han logrado arrebatármelo en todas estas horas…Me he intentado imaginar a Sofía con él puesto, pero no puedo, sólo ha surgido en mi cerebro la imagen de María abrazándome, besándome…</p>
<p>…He tomado una decisión…</p>
<p>La he despertado y le he dicho:</p>
<p><em>Feliz cumpleaños. No te preocupes por mí, todo esto sólo ha sido un truco para robar tu regalo</em></p>
<p>Y le he entregado el liguero y las medias. Ella me ha sonreído, me ha besado y ha respondido:</p>
<p><em>Sé lo que ha pasado y te iba a dejar, pero este susto… este susto me ha recordado todo lo que te quiero…</em></p>
<p><em> </em>La corto. Mi corazón palpita a máxima velocidad:</p>
<p><em>Lo siento con todo mí ser. Déjame tratar de recuperarte. Todo será poco para ti, María.</em></p>
<p>Soy completamente feliz, he tomado una decisión y sé que no me arrepentiré jamás.</p>
<hr />
<p>Y es a partir de este punto desde donde podéis <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/continua-la-historia/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">continuar la historia</a>, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (<em>olvidaros de la censura</em>) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:</p>
<ul>
<li><strong>Mandando la continuación de la historia al correo electrónico: <a href="mailto:seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer">seriejuegoelcontadordhistorias@gmail.com</a> </strong></li>
</ul>
<ul>
<li><strong>Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.</strong></li>
</ul>
<p>Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/legalcode" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Licencia Creative Commons</strong></a> que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.</p>
<p><strong>No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/14.0.0/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></strong></p>
<p><div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/colapso/">Colapso o Los Grandes Almacenes</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/colapso/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Alzheimer o La Escapada</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alzheimer-o-la-escapada/</link>
					<comments>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alzheimer-o-la-escapada/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Nov 2017 16:51:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Continúa la Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Participación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/?p=3609</guid>

					<description><![CDATA[<p>Pocas veces a lo largo de su vida, de sus 77 años de vida, había sentido tamaña excitación y euforia. La iba a volver a ver. Eran tan bonitos los instantes que compartían. Daban igual los atenuantes que producían que su amada fuera tan cariñosa, en pocos minutos bajaría a dar su paseo habitual y [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alzheimer-o-la-escapada/">Alzheimer o La Escapada</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-3611" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/Alzheimer-dependent-826332_960_720-270x250.jpg" alt="" width="270" height="250" />Pocas veces a lo largo de su vida, de sus 77 años de vida, había sentido tamaña excitación y euforia. La iba a volver a ver. Eran tan bonitos los instantes que compartían. Daban igual los atenuantes que producían que su amada fuera tan cariñosa, en pocos minutos bajaría a dar su paseo habitual y su cuidadora, como siempre, la dejaría esperando sola en el portal unos minutos para luego comenzar la marcha. Esa era su oportunidad, pero hasta entonces tenía tiempo.</p>
<p><em>“¡Qué buena has sido siempre conmigo!”</em>.</p>
<p>Rememoró sus encuentros, enamorado.</p>
<p><em>Aquella primera vez… había ido al hospital por una mala noticia… me dieron algunos años de vida pero cuando uno tiene ya 77, el cáncer no tiene tanta importancia… aun así esto te deja jodido… aunque mucho peor fue para mi hija, que me había acompañado como siempre que lo he necesitado… y que ya había tenido que pasar por lo mismo con su madre que a los 40 años murió, también por un cáncer… </em></p>
<p><em>Pues bien… estábamos abrazados mi hija y yo… ella lloraba, yo no… y de repente notamos como dos brazos más nos rodeaban con una ternura extraordinaria, tanta que aunque los dos nos dimos cuenta, no quisimos apartar a esa extraña. Transmitía un calor que nos inyectaba tranquilidad en el alma. </em>“<em>Sosiégate Paco</em>” <em>me dijo al oído sin soltarse. Yo no me llamo Paco pero lo dejé todo como estaba.</em></p>
<p><em>Al poco rato una familia al completo, marido, mujer y dos hijos, la cogieron con calma del hombro, nos pidieron perdón y se la llevaron. Mientras se alejaban pude oír por primera vez su nombre… “¡Mamá, mamá…Ángela!… ese hombre no es papá… nosotros somos tu familia… ¿Te acuerdas? ¿Recuerdas mi nombre?”</em>… <em>Ángela se paró y semejó que se daba cuenta de algo y agachó la cabeza y asintió. Me pareció que iba a llorar pero el que parecía su hijo la abrazó rápidamente y ella apoyó la cabeza en su pecho y… mi memoria desaparece.</em></p>
<p>Nuestro protagonista continuaba esperando al lado del portal de Ángela, los nervios le habían traído demasiado pronto, aún eran las 9:30 y a ella nunca la bajaban antes de las 10. Este conocimiento era fruto de las vigilancias que había llevado a cabo tras el segundo encuentro.</p>
<p><em>“El amor triunfará, lo que he sentido con ella sólo lo he sentido con la madre de mi hija…”</em>.</p>
<p>Divaga nuestro protagonista…</p>
<p><em>Fue otra vez en el hospital… yo seguía alicaído por la noticia y por tener que volver constantemente a ese aséptico lugar de muerte… sentado en la sala de espera me acordaba de mi mujer… miraba al suelo y esperaba a mi hija… iba a venir, siempre venía… creo que se convirtió en una gran persona… seguía aparcado en el pasado rememorando a mi mujer, cuando Ángela apareció acompañando a su nuera. </em></p>
<p><em>Al principio no la vi pero noté como ella a mí sí. Sentía unos ojos observándome, levanté la vista y me encontré con su mirada. Por unos instantes toda la sala se iluminó. </em></p>
<p><em>Ellas continuaron andando hasta la puerta de una consulta, hablaron sobre algo y Ángela se quedó fuera con una pequeña sonrisa en la boca mientras su nuera entraba. Echó otro vistazo hacía donde yo estaba y se acercó hasta la silla que tenía a mi lado y posó lo que una vez fue una suave mano sobre mi brazo que ahora no era más que pelo y pellejo. Nos miramos y pude disfruta de sus exquisitos y profundos ojos marrones. Nos mostramos nuestros falsos dientes con auténtica e idéntica alegría y me habló. “Te sigo queriendo como el primer día Paco</em>”. <em>Mi corazón comenzó a botar y agarrándome a su mano le respondí sin recapacitar, ni pensar demasiado. “Y tú estás más hermosa que aquel día que nos conocimos Ángela”.</em></p>
<p><em>Continuamos con las manos estrechadas durante el tiempo que su nuera estuvo en la consulta. Nos miramos a los ojos y nos sonreímos. Disfrutamos del momento y mis nervios se calmaron. Finalmente su acompañante salió a la sala de espera, y tras indagar a su alrededor buscando a mi ángel, la encontró mirándome y con sus manos entrelazadas con las mías. Llegó hasta nosotros sin atisbos de preocupación o sorpresa y dijo algo así como… “Gracias señor por cuidarla, espero que no se haya sentido incómodo pero tiene alzheimer y confunde a algunos hombres con mi difunto suegro”. Asentí con cara de no hay problema y ella continuó… “Venga Ángela, venga conmigo y deje tranquilo al señor”. Esto pareció traerla a la realidad y soltó rápido mi mano co</em><em>n miedo en los ojos y se fue con su nuera. Mientras la veía marcharse pensé que si no la hubieran despertado aún la estaría asiendo de la mano, y notando su calor… decidí que debía seguirla y ver si podía compartir con Ángela otro momento tan hermoso como este.</em></p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-3610 " src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/Alois-Alzheimer-signature.svg" alt="" width="375" height="183" /></p>
<p><em>En estas llegó mi hija… pasamos a la consulta de mi médico y me recomendó aprovechar el tiempo que me quedaba y olvidarme de cualquier tipo de tratamiento que no fuese para aliviar el dolor… por fortuna… ese mismo día había encontrado mi analgésico personal… Ángela…</em></p>
<p>Aun esperando que bajaran a su amor se sorprendió de nuevo de lo fácil que le resultó conseguir el número de teléfono de la casa de quién le llamaba Paco. Después de eso fue aún más sencillo sacar su dirección de internet.</p>
<p><em>“Qué decisión más acertada la del curso de internet en El Boterón”</em>.</p>
<p>Comenzó a repasar los encuentros que le llevaron a tomar la decisión de hacer lo que había venido a hacer.</p>
<p><em>A ver… ¿cómo fue la siguiente vez? ¿Dónde la vi?…sí, fue cerca de esta esquina… es verdad, estaba buscando su dirección… su portal… </em></p>
<p><em>Nos cruzamos por la calle y aunque traté de pasar desapercibido, ella me vio y paró a su cuidadora y luego a mí, y me echó algo en cara… algo así como… </em>“<em>Paco, cómo eres tan malo, nos encontramos fuera de casa y no me hablas, no me paras, no me acompañas, ni siquiera me miras…”. La cuidadora la calló y pidió disculpas por ella y yo continué con mi cara de no pasa nada.</em></p>
<p><em> Esta vez no volvió a la realidad y cuando nos separamos  pude leer en sus ojos que se iba enfadada con Paco, es decir, conmigo. Al menos ya estaba seguro, la dirección era la correcta. A partir de ese día dejé de ir a las obras a criticar el trabajo de otros e invertí ese tiempo en una actividad mucho más satisfactoria. Estuve admirándola, esperándola en las esquinas, tomando el café en la mesa de al lado, sentándome en la fila de atrás en la iglesia… De hecho, saliendo de misa tuvimos uno de nuestros mejores momentos…</em></p>
<p><em>Había estado observándola desde una fila posterior a la suya sin poder hacer caso a las advertencias continuas de aquel señorito de negro que gritaba al demonio… Ángela estaba tan hermosa vestida de blanco… y me miraba de reojo… y yo a ella… tan hermosa vestida de blanco…</em></p>
<p><em>La liturgia terminó mientras el cura daba ostias y salí afuera el primero para verla a escondidas y por última vez ese día. Me apoyé en la pared de al lado de la puerta como si fuera un adolescente y para mi sorpresa, tras mi sombra, apareció Ángela con una sonrisa pícara en la cara, y se puso a mi lado y habló. “¿Cómo eres tan atrevido Paco? Aprovechar que mis padres no han venido a misa para hacerme pecar”.</em> <em>La sonrisa pícara se tiñó de sexualidad. La gente empezaba a salir después de haberse repartido al hijo de dios y esto la puso nerviosa. “Va a salir mi Tata, no puede verme contigo”. Sin darme tiempo a reaccionar se tiró a mis brazos y me besó de forma apasionada y mis manos, guiadas por una sensación casi olvidada, se posaron en sus nalgas y tras 9 años, tuve algo parecido a una erección. </em></p>
<p><em>Se soltó rápidamente y esperó a su cuidadora a la que, ahora que tenía 16 años, llamaba Tata. Cuando esta salió, se le agarró y se fue moviéndose sinuosamente y lanzándome un guiño. Ese día volví a aliviarme solo…</em></p>
<p>Miró el reloj de nuevo, las 9:55, empezó a notar como la seguridad y decisión con la que había llegado comenzaba a desvanecerse, a tanta velocidad que incluso por un momento decidió que no podía hacerlo y que debía irse. Pero su mente, de manera inconsciente e incontrolable, despertó de nuevo a su memoria y claramente vio que para lo que estaba allí era lo que de verdad quería y lo mejor que podía hacer…</p>
<p><em>Era como cualquier otro día a las 10 de la mañana… yo estaba aquí, en la esquina, y Ángela acababa de bajar para esperar a su cuidadora… pero había algo diferente en su cara. Lo noté desde la distancia… me pareció incómoda, como fuera de lugar… tanto era así que en un momento dado, mucho antes de que bajase a la que llamaba Tata, se marchó. Empezó a andar sola y su cara reflejó mayor tranquilidad. Y claro, yo no pude hacer otra cosa más que seguirla.</em></p>
<p><em>No sé porque no se asomó a mi cabeza la posibilidad de avisar ni a su familia, ni a su cuidadora… quizá la ocasión de verla sin correa… </em></p>
<p><em><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-3612" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/Alzheimer-maxpixel.freegreatpicture.com-Dementia-Age-Woman-Old-Dependent-Alzheimers-826326-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/Alzheimer-maxpixel.freegreatpicture.com-Dementia-Age-Woman-Old-Dependent-Alzheimers-826326-300x225.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/Alzheimer-maxpixel.freegreatpicture.com-Dementia-Age-Woman-Old-Dependent-Alzheimers-826326.jpg 640w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Ángela andaba por la acera. Primero decidida, luego empezó a mirar a su alrededor como si lo que veía fuera nuevo para ella, después su cara mostró la sorpresa y la duda del turista perdido y, finalmente, se paró en una rotonda a la que daban ocho calles. La vi reducirse en pocos minutos abrumada ante las opciones que se le presentaban, y entre las cuales no encontraba una prioritaria… alguna que la hiciese decidirse… Su expresión había cambiado completamente, se podía ver el miedo conquistando su rostro y parecía que iba a llorar. De hecho, cuando me acerqué para guiarla… no podía dejarla así… le vi la primera lágrima del que parecía el principio de una llorera como las que todos hemos sufrido en la infancia… </em></p>
<p><em>En el momento en que me acerqué a ella sólo tenía claro que no podía abandonarla ahí. No sabía que iba a hacer después y decidí, sin preguntarle, que lo mejor era acompañarla de paseo a su casa. Con esta idea en la cabeza me acerqué a ella por detrás, le toqué con suavidad el brazo para que se girara y en cuanto me vio, una pequeña sonrisa se asomó por su cara y los ojos se le secaron. “¡¡Paco!!”.</em> <em>No me supo decir nada más. En ese momento sólo se me ocurrió reaccionar de esta manera. “Hola Ángela, siento haberte hecho esperar, pero había un tráfico…”</em> y<em> actuando de manera irracional, pero continuando con mi papel, le planté un beso en la boca. </em></p>
<p><em>Tras el beso, que a mí me dejó tenso, pude notar como Ángela se relajaba. Me agarró el brazo y dijo: “Paseemos Paco, como cuando éramos jóvenes. El parque sigue estando aquí al lado”. Se me acercó un poco más y cambiamos la posición de nuestros brazos cogiéndonos de la mano. Anduvimos durante horas entre árboles, estanques, pájaros piando y un sol radiante que no permitía que la tristeza nublase nuestro corazón. </em></p>
<p><em>Hablamos poco pero fueron conversaciones con enjundia. Me explicó partes de nuestra vida juntos, como perdimos a nuestro primer hijo, el día que nos casamos, la época de viajes algo locos que hicimos en los sesenta, e incluso se puso algo picante recordando nuestra época de novios. El tiempo pasó volando y de repente, disfrutando del tiempo como estaba disfrutándolo, tomé la decisión. Debíamos compartir nuestra vida como Ángela y Paco o como fuese, hasta el final de nuestros días que por otro lado ya no serían muchos.</em></p>
<p><em>Me di cuenta de la hora que era, tenía que llevarla a casa, estarían preocupados buscándola. Le dije: “Parece que se hace tarde, habrá que volver”,</em> <em>no pareció agradarle la idea, como si se diera cuenta de que yo no era Paco, o como si supiese que nos tendríamos que separar (esto último es lo que decidí pensar). Aun así asintió con la cabeza y nos acompañamos. En el camino, ya muy cerca de su portal, nos dimos de morros con su cuidadora que cuando nos vio soltó un sonoro suspiro de alivio. Tras saludar a Ángela, “¿Dónde te habías metido?”,</em> <em>me miró y me pidió perdón por las molestias que me hubiese podido causar y me dio las gracias por cuidarla de la misma manera que habían hecho todos los miembros de su familia hasta ahora. No me reconoció de encuentros anteriores y le respondí que no había sido ninguna molestia y Ángela y yo nos soltamos. Ella parecía enfadada y supuse que sería como la otra vez, que pensaba que Paco no volvía a casa. Pero antes de irse dijo: “Espere un segundo Daniela”, ese era el nombre real de la cuidadora, y se acercó a mi cara mirándome directamente a los ojos con cariño y me dio un beso que definiría al amor, si es que eso es posible. </em></p>
<p><em>Tras este instante que me llevó directamente al cielo, puso su boca al lado de mi oreja y susurró con complicidad: “Hasta otro día Paco”, resaltó el nombre de su difunto marido y me sonrió con pillería, después se fueron. Las observé desde la distancia, aún entre las nubes a las que Ángela me había subido. Esa misma noche en mi solitaria cama la recordé y di por buena la decisión que había tomado durante el día. “Voy a hacerlo y no molestaremos más. Todos seremos más felices”.<img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-3616" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/alzheimer-escape-steel-transportation-sign-direction-symbol-792628-pxhere.com_-300x201.jpg" alt="" width="300" height="201" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/alzheimer-escape-steel-transportation-sign-direction-symbol-792628-pxhere.com_-300x201.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/alzheimer-escape-steel-transportation-sign-direction-symbol-792628-pxhere.com_.jpg 320w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></em></p>
<p>Alguien abrió la puerta del portal que vigilaba, era ella, Ángela. Ahora sólo sentía miedo pero no quería echarse atrás. Aunque nunca fue de claras convicciones, si tomaba una decisión, la llevaba a cabo hasta el final. Tenía poco tiempo, así que sin permitir que las dudas lo paralizasen, se acercó a su amada y… como siempre ella fue la primera en hablar.</p>
<p><em>¡Hola Paco!</em></p>
<p>Y con una sonrisa le besó, ya se había convertido en costumbre<em>. </em></p>
<p><em>Hola Ángela. ¿Qué tal estas? </em></p>
<p><em>Muy bien ahora que me has venido a buscar</em></p>
<p>Se abrazaron, él hubiese querido quedarse así eternamente, pero sabía que no tenía tiempo.</p>
<p><em>Ángela, ¿Recuerdas que hoy teníamos la mudanza?</em></p>
<p>Ella se quedó extrañada.</p>
<p><em>¿Qué mudanza? </em></p>
<p><em>¿No recuerdas que nos vamos a la costa a disfrutar de lo poco que nos queda? </em></p>
<p>Ángela no respondió pero siguió sonriéndole.</p>
<p><em>Ya sabes, a Benidorm, a perdernos juntos, entre guiris </em></p>
<p>Él mantenía un piso allí de su antiguo matrimonio y había estado alquilado y lo habían mantenido en buen estado. Ángela respondió:</p>
<p><em>¡Ah, es verdad!&#8230; pero&#8230; ¿dónde está el camión para los muebles?</em></p>
<p><em>Los traerán todos más tarde… aun así el piso está preparado y el coche al girar la esquina. Será mejor que nos vayamos </em></p>
<p>Tenía miedo de que si se alargaba mucho la conversación, Daniela la cuidadora, bajase y estropease todo el plan.</p>
<p><em>Es cierto Paco, ya avisaré a mi hijo cuando lleguemos </em></p>
<p>Nuestro protagonista se extrañó con el <em>“mi”</em> de la frase pero no le dio más importancia, todo avanzaba como quería. Fueron agarrados de la mano hasta el vehículo y cuando llegaron ella preguntó:</p>
<p><em>Paco… ¿es nuevo el coche?… siempre había sido negro y ahora es rojo y mucho más grande. </em></p>
<p><em>Es verdad pero… vida nueva, coche nuevo </em></p>
<p>Y aunque no tenía gracia los dos rieron.<img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-3617" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/alzheimer-light-night-escape-number-sign-red-1276462-pxhere.com_-300x224.jpg" alt="" width="300" height="224" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/alzheimer-light-night-escape-number-sign-red-1276462-pxhere.com_-300x224.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/11/alzheimer-light-night-escape-number-sign-red-1276462-pxhere.com_.jpg 320w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Ahora <em>Paco</em> le abre la puerta a Ángela, ella entra y le agradece la ayuda con una mirada. Él da la vuelta al coche sin apartar los ojos de su amada y piensa, <em>“todo va bien”.</em> Entra en el coche, sólo faltan los cinturones. El sol resplandece con toda su fuerza presentándose feliz y con un rayo, que cruza el parabrisas y la ventana de Ángela y da en la espalda de un hombre que pasaba por ahí, mostrando un esperanzador arcoíris. Ángela dice:</p>
<p><em>Mira… ese hombre guarda el arcoíris en la chepa y no lo sabe el pobre</em></p>
<p>Sin saber ninguno si es una broma o no, ríen de nuevo hasta que Ángela vuelve a hablar, no sin darle antes un beso tranquilizador al que se cree su secuestrador.</p>
<p><em>¿Cuál es tu verdadero nombre? </em></p>
<p>Él responde sorprendido.</p>
<p><em>Javier… pero puedes llamarme Paco </em></p>
<p><em>Gracias Javier pero tranquilo, que aunque no quiero, lo haré. Vámonos a disfrutar de lo poco que nos queda</em></p>
<p>El vehículo arranca. El horizonte se les queda pequeño.</p>
<p><div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div></p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alzheimer-o-la-escapada/">Alzheimer o La Escapada</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/alzheimer-o-la-escapada/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>2</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
