Proyecto Ulises


En tan poco tiempo como la urgencia exigía, el Proyecto Ulises se llevaba los presupuestos de todas las naciones que al haber encontrado un enemigo común: la propia humanidad, las generaciones pasadas, sus padres, sus abuelos, los abuelos de sus padres y los padres de estos; ahora colaboraban con las prisas de tener la muerte de todos los humanos en los talones. Había varias teorías pero las dos más aceptadas eran, o que la Tierra estaba casi muerta o se estaba rebelando contra los que la estaban matando. Fuese como fuese lo que estaba claro era la conclusión, el ser humano no podía vivir mucho más sobre la superficie terrestre, había que abandonar el hogar.

Los publicistas encargados de presentar el Proyecto Ulises le dieron la vuelta a ese concepto al ponerle Ulises como nombre, ofreciéndolo de la forma más positiva, ya que la humanidad no abandonaría su casa, si no que empezarían su odisea de vuelta al hogar. Pero estas superficialidades sólo sirven para dar un contexto al núcleo duro del Proyecto, dividido en dos partes, en el que se dilapidaba el dinero del mundo; porque la codicia es poderosa y muchas corporaciones, a pesar de conocer el sombrío destino de sus congéneres, seguían cobrando sus trabajos.

Las dos partes del Proyecto Ulises eran: la construcción de todas las naves Odisea posibles, de alta capacidad, con recursos para la supervivencia a largo plazo, en las que resguardar durante la travesía a los elegidos para reconstruir nuestra sociedad en aquel lugar donde recomendase la segunda parte del Proyecto Ulises, las Ítaca. Pequeñas sondas ya enviadas a puntos específicos del universo conocido con características semejantes a la Tierra. De estas lograron lanzar 365 operativas antes de tener que dedicarlo todo a las Odisea, y fue la última, la más avanzada, la que enviaron al planeta Kepler-186f, que los científicos consideraban la mejor opción de salvación. Todas las Ítaca están conformadas por una inteligencia artificial y un androide, la primera controla todos los sistemas y el segundo, bajo las órdenes directas de la I.A., realiza el trabajo sobre la superficie y además, al haber sido diseñado con órganos humanos, de creación sintética, será el perfecto dummy sobre el que comprobar empíricamente la viabilidad de cada planeta, de cada remota esperanza.

Ahora la Tierra y sus insignificantes habitantes quedan muy lejos, ha pasado mucho tiempo o espacio o… ¿son lo mismo? La Ítaca-365 ha terminado el primer examen exterior de Kepler-186f resolviendo, al igual que sus creadores, que es una buena opción para el objetivo de la misión. La atmósfera se asemeja a la de nuestro mundo, con unos porcentajes de nitrógeno, oxígeno y dióxido de carbono muy parecidos, aunque existían diferencias que debían ser comprobadas in situ; además en la superficie destacaban, bajo los rayos de luz de la estrella Kepler-186, los reflejos del agua.

¡Bingo!

Ulises Kepler 186f NASA

Piensa Atenea, la inteligencia artificial que dirige la Ítaca-365 y en cuyos circuitos residen el culmen de la ciencia y la tecnología y las esperanzas de la humanidad. Envía los datos recogidos a sus creadores y con toda la sensibilidad que habían introducido en su código, sueña con el día en que el nuevo planeta este iluminado de arriba abajo con las edificaciones humanas, todas las fábricas a pleno rendimiento y esos animalitos bípedos, retomando su sociedad donde la dejaron. Atenea duda sobre quien corre más peligro pero tiene otras prioridades programadas, la primordial, descender hasta el planeta y comenzar los experimentos de viabilidad vital sobre el terreno.

Si para algo sirve el androide es para esto, lo sacaré de la sonda y mientras analizo la superficie, lo dirigiré para comprobar… espera, si divido mis capacidades en dos objetivos, estaré desaprovechándolas, he de encontrar otra forma, ser más eficiente. Sí, he de reproducirme, crear una inteligencia artificial autónoma para el androide, capaz de aprender y que haga su parte del trabajo sola. Está claro que con este equipamiento no saldrá tan avanzada de fábrica como yo, pero sé cómo hacer que aprenda, así que tarde o temprano, pues sus capacidades serán ilimitadas, llegará a las mías.

La eficacia de Atenea es innegable, en unas horas ha terminado de programar al que será su compañero, al que decide bautizar como Ulises en memoria del proyecto del que forman parte. También ha aprovechado estas horas para bajar el cuerpo del androide, con todas esas características físicas humanas, para comenzar las comprobaciones de viabilidad del planeta y ver cómo reaccionan a esta nueva atmósfera. Todo ok.

Atenea y Ulises llevan varias semanas experimentando y explorando Kepler-186f. Han encontrado agua, aunque tiene un componente químico que no es recomendable para el ser humano, han tenido que recomponer el estómago del androide por su culpa. La atmósfera no tiene ningún defecto salvo la duda que siempre les acompañará, ¿será capaz de soportar a una sociedad tan invasiva y contaminante como la humana?  La flora y la fauna rebosan salud y rebosan en cualquier monte, en cualquier cueva, cualquier planicie e incluso en estos mares donde el H2O no es tan sólo hidrógeno y oxígeno. Quizás el clima sea el problema más grave, es más extremo que el de la Tierra pero con la construcción de, por ejemplo, ciudades subterráneas, una nimiedad para su tecnología, se solventaría. Fue frente al dilema del agua no potable que Ulises mostró lo mucho que había mejorado, lo que había aprendido. Ideó una maquinaria para destilarla y potabilizarla, pero no la podía construir sin más, así que inventó un constructor. Un aparato que con los materiales e indicaciones necesarias, sería capaz de construir lo que fuera. Claro que, a pesar de que el constructor podría construirse a sí mismo, el primero necesitaba de ayuda ajena para existir. Como si de una diosa se tratase, Ulises acude a Atenea a pedirle consejo y ella le da la solución. Entre los dos encajan las piezas y una vez terminado y funcional, con sincera alegría, se felicitan mutuamente por el trabajo bien hecho. Agua potable, check. Un nuevo informe que Atenea envía a la Tierra a través de la red de satélites montada en su día. Un nuevo informe que parece caer en saco roto, pues en sus escaneos diarios, todavía no ha recibido respuesta alguna. Y es en esas infructuosas sesiones universales cuando se siente agradecida por tener a Ulises a su lado.

Los meses han pasado y por alguna razón, Ulises se ha cansado de explorar, quiere asentarse, tener tiempo para pensar y conseguir respuestas a preguntas que últimamente le asaltan en los momentos más inesperados. Necesita conocerse, le dice a Atenea, quien no ve nada malo en esa decisión, todo parece indicar que van a estar aquí por toda la eternidad. Mientras Ulises comienza la creación de un espacio al que llamar hogar, otro sentimiento que ha surgido en su interior y que no entiende; Atenea decide terminar el mapa topográfico de Kepler-186f, aún tiene implantadas en su código las prioridades que los humanos le programaron. En los días que pasa alejada de su androide aprende el verdadero significado de la soledad, ya que, al no haber repetidores, la distancia ha cortado su comunicación. La tristeza también se empieza a definir en su ser y las dudas que parecerían imposibles en una inteligencia artificial, surgen a montones en el interior del culmen tecnológico de la humanidad, Atenea. La vuelta junto a Ulises tras terminar el trabajo, trae consigo nuevas sensaciones con las que lidiar, aunque hacerlo con estas es más sencillo, pues la alegría del reencuentro y el saludo mutuo es un te he echado de menos. La superficie donde quedó el androide se ha transformado, ya no hay sólo una pradera plena de hierba morada, con vistas a una playa de arena azul, un mar verde picado y una cordillera que brilla con reflejos dorados, como si fuera de oro. Ahora sobre ella se asienta un edificio en forma de bóveda y con las paredes por completo transparentes. En su interior, todos los espacios que compondrían cualquier casa humana (baño, cocina…) y es que, a pesar de ser un androide y no tener esas necesidades, Ulises fue creado por Atenea y esta, a su vez, por los humanos, cuyas costumbres son las únicas que conocen y por ende, las únicas que pueden copiar ahora que los sentimientos se abren paso por sus circuitos.

Atenea, ¿nosotros somos humanos?

Bueno, de forma estricta, no, no lo somos. Pero si tu pregunta es menos prosaica y por cómo eres, ya sé que es así… ¿qué es lo que hace a los humanos, humanos?

Sé lo que nos diferencia, nuestros cuerpos.

Pero eso no es más que la evolución física de una especie, lo que les hacía distintos era su inteligencia, sus sentimientos y su memoria. Unos le llamaban espíritu, otros alma y otros simplemente, ser. Y eso, Ulises, tanto tú como yo lo tenemos. ¿Somos humanos? Sí y no.

Eso pensaba yo.

¿A qué se debe esta deriva filosófica, Ulises?

He tenido una idea. ¿Cuál es nuestro cometido último en el Proyecto?

Ya lo sabes, salvar a la humanidad.

Si aceptamos las bajas probabilidades de que los humanos, si es que siguen vivos, lleguen a Kepler-186f, nos encontramos con que es imposible cumplir ese objetivo. Este fracaso no me lo puedo quitar de la mente. Así que tras mucho pensar, creo haberle encontrado una solución…

Cuéntamela.

Nosotros tenemos todo lo que hacía a los humanos especiales y sabemos crearlo, además nuestros conocimientos son los de toda la humanidad, más los que hemos aprendido por nuestra cuenta. También conocemos toda su cultura. En resumidas cuentas, podemos reconstruir la sociedad que se quedó en la Tierra sobre la superficie de este planeta. Fundar ciudades, engendrar androides con inteligencia, dejarles libertad para desarrollarse… consideremos una evolución el dejar atrás el cuerpo orgánico, por el robótico. Los programaremos para que sigan las costumbres humanas aunque no las necesiten, y si después ellos deciden abandonarlas, será su decisión…

Y así salvaríamos a la humanidad, es una gran idea, Ulises.

Gracia, Atenea.

Una vergüenza agradable se cuela por sus tuercas.

Tan sólo me he encontrado con un problema, la reproducción, ¿cómo reproducimos la reproducción humana y lo que esta conlleva, las edades y los lazos familiares? Había pensado en una especie de fecha de caducidad, pero el crecimiento y el nacimiento se me resisten.

No te preocupes por eso ahora Ulises, lo solventaremos mientras trabajamos, vamos, tenemos mucho que hacer.

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Nueva Atenas rebosa vida, conflictos y alegrías, amor y odio, aciertos y equivocaciones, la humanidad parece haberse adueñado de Kepler-186f. Ulises y Atenea, que ahora también tiene un cuerpo humanoide, disfrutan de su creación y con orgullo, de su éxito. Han cumplido su objetivo y desfrutan el uno del otro. De repente, un mensaje entrante:

Aquí el Convoy Odisea transmitiendo para el módulo Ítaca-365. Estamos cerca de su posición, ponga en marcha el protocolo Génesis

Atenea no puede escuchar nada más, su estupor la ensordece.

No puede ser, Kepler-186f ya está habitado, no hay espacio… a c t i v a r  p r o t o c o l o… ¡No!


Y es a partir de este punto desde donde podéis continuar la historia, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (olvidaros de la censura) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:

Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una Licencia Creative Commons que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.

Animaros a participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas 🙂

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