Teoría de los relojes públicos 3


“Primero, no estoy loco, y segundo, de veras, estoy cuerdo. Bueno, una vez prevenidos y a sabiendas de que el loco es el que no se da cuenta de que lo está, os presentaré mi teoría.  Todavía no está plenamente refutada pero con vuestra ayuda se podría corroborar, eso sí, os considerarán locos si la comentáis. Así que si os comprometéis con el proyecto, hacedlo en silencio.

¿Os habéis dado cuenta de la velocidad a la que va la vida? Seguro que sí. Todos hemos pasado por esos días en que la realidad te adelanta varias casillas, y aunque corras con todas tus fuerzas, te deja atrás. Momentos en los que los acontecimientos se suceden tan rápidos que aunque trates de seguirlos, sólo puedes observarlos, pasar a su lado como si de una película se tratase. Pues bien, crear esta sensación es una estrategia del sistema y creo que no es necesario argumentarlo más, tan sólo añadiendo la frase, lo joven vende, estaría justificado. El sistema quiere que nos demos mucha prisa por conseguir todo lo que queremos y luego, si lo consigues (algo harto difícil), hay que darse prisa por conseguir todas las nuevas y falsas necesidades que nos exijan. Porque siempre harán que desees más y más cosas. En resumidas cuentas, en este mundo que han montado, hay que darse prisa.

Si no pensáis igual pues no sigáis leyendo, y si pensáis algo parecido o al menos sois curiosos, por favor continuad.

Lo dicho, el sistema nos arrastra con el acelerador hasta el fondo y yo, que no estoy loco, he reconocido una de las pequeñas acciones que realizan para hacernos vivir en el stress emocional eterno que necesitan y así, mantenernos bajo control.  A ver, lo que os voy a contar es muy sencillo, pero debéis tener la mente abierta y algo de fe. Si es posible que existan tanto creyentes de tantas religiones, espero que vosotros podáis creer un poco en mí.

Vale, primero una pregunta. Cuando no estáis en vuestra casa, ¿cómo miráis la hora? Muchos diréis, en el móvil, y otros, en mi reloj de muñeca, y varios seguro que os daréis cuenta de que vuestro método de información más común son los relojes públicos en la forma que sea. Si además la pregunta fuera… Si no estás en casa y ves un reloj público, ¿lo miras? Casi todos diréis, . Y si continuase el cuestionario con un: ¿Confías en la hora que ofrecen esos relojes públicos? ¿Por qué no lo voy a creer?, os preguntaréis.

Pues porque es en estos relojes públicos donde he encontrado un sutil acondicionamiento del sistema, y por favor, no penséis que creo en visitas alienígenas (¿Para qué van a venir?) o en apariciones marianas (¡Esos sí que están locos!). Soy un tipo normal que sabe que no hemos llegado a la luna y que los Illuminati controlan todo el poder económico mundial. Así que como podéis comprobar estoy cuerdo e incluso muchos me consideran más inteligente que la media. Algo de lo que, si sois listos, terminaréis dándoos cuenta.

¡Ah, sí! ¡Los relojes públicos y el acondicionamiento! Perdón que se me va el santo al cielo a la más mínima oportunidad.

El hecho es este. He comprobado a lo largo de los años como ninguno de estos relojes públicos han coincidido jamás con la hora que llevaba yo, y eso que cada mañana pongo mi móvil en hora con el reloj atómico de Ginebra. En el mismo momento en que comencé a hacer las primeras pruebas para corroborar mi teoría, me percaté de que tenía razón. Todos los resultados eran positivos y además, todas las horas estaban adelantadas, como mínimo admitiréis lo curioso del dato. Por eso consideré que su estrategia era meternos prisa, estresarnos para acondicionarnos. Vamos otra visión de lo que ya os he explicado de lo joven vende. Pero todo esto quedó fuera de lugar cuando amplié el espectro de la muestra.

Pasó el tiempo y cada vez comprobaba y controlaba más relojes de mi ciudad y de otras. Y para mi sorpresa, la claridad de los nuevos resultados, no dejaba dudas. Aunque había una mayoría de relojes adelantados, existía un amplio porcentaje de retrasados. En ese punto no pude menos que admitir mi propio error y aceptar mi candidez, la historia no podía ser tan sencilla. Así que como cualquier persona con dos dedos de frente hace ante la vida, evolucioné.

Evolucioné mi teoría para incluir los nuevos resultados. Di por hecho que la gran cantidad de horas adelantadas daban veracidad a la parte de lo joven vende, pero tenía que haber algo más. Ellos no cometen errores cuando utilizan este tipo de estrategias en la sombra. Si no me creéis me da igual, ¡ya lo aprenderéis cuando descubráis por vosotros mismo el trasfondo de la realidad!

Todo mantiene siempre un patrón común mucho más allá de las corruptelas, los tratos de favor y todas esas nimiedades de las que os preocupáis. Perdón. A pesar de que de vez en cuando suelte estas vaguedades no os asustéis y seguid leyendo, que la siguiente parte es la más escabrosa y por tanto, la más interesante. ¿No es así, humano?

Pues bien, si los relojes con las horas adelantadas quedaban explicados gracias a la intención de apresurarnos y agobiarnos en nuestra toma de decisiones. ¿Qué pasaba entonces con los que se les retrasaban las manecillas y enturbiaban los resultados? ¿Realmente desmontaban mi teoría? He de confesaros a los que habéis llegado hasta aquí, que me hicieron dudar. Hubo un par de meses en los que llegué a plantearme que todo esto era una tontería.

¿Me estaba volviendo loco?

También lo pensé pero al final, un 22 de noviembre en que las golondrinas disfrutaban de un calor impropio de las fechas que las calmaba tras años frenéticos; me percaté del significado de estas horas retrasadas. Tenía que ser también parte de su estrategia y su intención no podía ser otra que aturdirnos. Si con el adelanto de los relojes nos incitaban a tomar decisiones sin recapacitar lo suficiente, con su retraso nos confunden. Atacan nuestros ciclos circadianos para entorpecer nuestro raciocinio y así somos mucho más permeables a los mensajes subliminales con los que nos inundan desde los medios. Con unos nos hacen pensar poco y con los otros lo poco que pensamos, es lo que ellos quieren.

Ahora que ya conocéis mi teoría no podréis decir que esto son ideas de locos. Tal unión de conceptos y relaciones lógicas no surgen de la mente de un demente, creo yo. Espero haberos convencido y confío en que podáis continuar con mis investigaciones para corroborar la teoría ya que a mí, actualmente, me resulta imposible. Y por favor, remitidme vuestros resultados al hospital psiquiátrico de Zaragoza. Sé que suena raro pero debéis confiar en mí, no estoy loco y esta residencia es circunstancial.

Muchas gracias por escucharme a los que habéis aguantado, y los que no, siento lástima por vuestra falta de curiosidad.

Atentamente,

El Investigador de los Relojes Públicos”


Venga, Jorge… es hora de dormir.

¡No me llame así! Mi nombre es Yon.

Vale pues, Yon. A la cama que vamos a apagar las luces.

¿Cómo se atreve a llamarme de esa manera? Mi nombre ha sido Jorge desde que nací.

relojes detective

La enfermera resopla cansada mientras se acerca al Investigador, que una vez nota las cálidas manos femeninas, se deja guiar desde el escritorio hasta la cama donde se recuesta, se tapa con el edredón y tras una caricia maternal de su cuidadora, se calma. Ella apaga la luz y cierra la puerta y desaparece, él tardará aún cinco horas en dormirse.

Ha de calcular los riesgos de haber rebelado su investigación.


Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

3 ideas sobre “Teoría de los relojes públicos