Después de la agonía de Chen y su posterior defunción, ha habido un pequeño lapso de tiempo donde el silencio se ha apoderado del espacio. Y después, con un ligero olor nostálgico perfumando el ambiente, la conversación ha vuelto poco a poco a la normalidad.
Hemos terminado con las actualizaciones de nuestras vidas, porque a pesar de Internet y el Whatsapp, yo vivo en Donosti y Víctor, mi amigo y co-creador del juego, sigue en Zaragoza. Tras ponernos al corriente, podíamos empezar ya, pero como en toda buena casa, me invitaron a un café y un cigarrillo, y como yo también soy un buen invitado, no pude decir que no.
Si estoy hablando todo el rato en plural es porque en la casa donde hemos comenzado con este proyecto, no sólo vive mi compadre, también vive su novia y amiga mía, Sofi. Se acompañan felices y risueños por la vida, y qué queréis que os diga, no creo que se pueda pedir más.
Los tres nos pusimos con el café y el fumar mientras disfrutábamos poco a poco de una charla más interesante que personal y las horas pasaron. Hacía tiempo que no les veía y como el viaje fantasma era de varios días dirigidos en exclusiva al juego de mesa, no parecía necesario comenzar esa misma jornada; además Cheech había muerto, y por muy jerbo que fuera, el corazón de las personas sanas siempre se resiente ante la pérdida de alguien que te ha acompañado durante varios años.
El resto de la tarde y la noche la dedicamos a jugar a un videojuego con las características similares a nuestro juego de mesa, debido a su temática supervivencialista, y lo examinamos a fondo, analizándolo al detalle y por supuesto, disfrutándolo en toda su extensión, poco a poco… siempre viene bien alguna referencia 😉
Por cierto, el videojuego del que os hablo es This World of Mine, un grande.

