Cheech


Hoy ha empezado todo y, de primeras, sin tiempo para nada más que los típicos saludos, se ha muerto uno de los jerbos de la casa.

Hemos quedado en el piso de un amigo para empezar el juego de mesa y Cheech, uno de los roedores que tienen los anfitriones, se ha muerto. Yo había salido a la habitación donde está su jaula para hablar con privacidad por el móvil y como siempre que lo hago, me he puesto a jugar con los animalicos (mi vena aragonesa). Mientras que uno, Chong, me ha seguido el juego, moviéndose más nervioso que de costumbre; el otro, Cheech, ha empezado a sufrir espasmos que le hacían rebotar por las paredes de la jaula. En pocos segundos se paraba y abría la boca de forma extraña y extrema, como si necesitase expulsar algo (quizás su vida). Después se calmaba e intentaba actuar con normalidad pero no podía. Quería saltar, pero no llegaba. Probaba la comida, pero no podía tragar. Buscaba el agua, pero sus ojos no se le abrían y no la encontraba. Finalmente ha vuelto a los espasmos y ya no he podido seguir hablando por el teléfono, mirando sin más.

Herbos como Chen

Así que le colgué a mi novia y fui rápido a avisar a sus dueños: “¡Oye, uno de los ratones está haciendo cosas muy raras, creo que no está bien!”. Se levantaron raudos y perplejos y cuando lo vieron con sus propios ojos, se preocuparon al momento. Separamos a los jerbos y acompañamos a Cheech en su despedida, que no fue plácida en absoluto y sí una pena.

Acabó en la basura, sin honores pero con mucho cariño acompañándolo. Este ha sido el comienzo del juego de mesa, extraño y lúgubre, aunque vital y unificador a su manera.

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