Norberto el sudaca (Miradas 1)


Norberto pasa por poco la cuarentena y desde hace cinco años vive fuera de su país. No fue que él quisiera irse si no que, como fruto de su trabajo, fue expulsado de su ciudad natal por allá en México. Era abogado de la fiscalía y fue conocido por su defensa de los más desfavorecidos, sobre todo por su incansable ayuda a las mujeres explotadas por la trata de blancas en Ciudad Juárez. Por supuesto esto le trajo enemistades muy peligrosas, no sólo dentro de la fiscalía donde los cárteles, a quienes más acosó con sus demandas, tenían a muchos bajo su mando; también le amenazaban por las calles estos mismos cárteles o más bien, los chulos responsables de aquellas esclavas del sexo. Por ellas se jugó la vida y por esos ideales de igualdad y libertad perdió su hogar, ya que terminaron poniéndole precio a su cabeza, una recompensa que sigue vigente y que ante la corrupción plena del estado, le hizo escapar a Europa.

norberto

Tras un par de años en los que le cerraron las puertas de trabajos semejantes al que tenía, los brazos asesinos de las mafias no llegaban pero los económicos están por todo el mundo, tuvo que conformarse con alejarse de la abogacía y coger un puesto de reponedor en un supermercado lejos de su casa actual. Al menos este último punto, la lejanía, le permitía dar esos paseos solitarios que adoraba desde su juventud y que había eliminado en sus últimos años mejicanos por la amenaza constante. Este gusto surgía de su curiosidad, extrema para algunos, que le hacía repasar con la mirada a todos los viandantes con los que se cruzaba. Sin darle importancia a sexos, edades o razas.

Pero esa mirada limpia que a Norberto caracterizaba no la compartían muchos de los que le observaban observar, que con más prejuicios que razones, le respondían con las pupilas inundadas de asco y desprecio, como si creyesen que él, tan sólo por ser latino-americano, vivía bajo los preceptos de esa sociedad machista fomentada por el sistema, y ahora por todo el planeta, a través de la “cultura”del reggaetón y mucho del trap que ahogaban las listas de ventas. Él sabía de la fama de su país de origen, la conocía de primera mano, pero siempre había confiado en que su porte sereno y su elegancia en el vestir le separarán de ella. Por lo visto no.

¡Sudaca machista, quítale los ojos de encima a las tetas de MÍ novia!

No les entendía pues, en sus observaciones, gustaba de cruzar su mirada con la del caminante con quien se encontraba. Era su parte favorita y en algunos casos, no muchos pero sí los mejores, esa incomodidad inicial evolucionaba en una sonrisa de complicidad o en un saludo espontáneo. Lo malo es que estas eran las menos y que las anteriores las más, como si el cártel hubiera metido la mano, aunque lo peor era saber sin resquicios para la duda, que eso era falso, que todo ese odio prejuicioso era de verdad. Sé fuerte Norberto.

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