John Doe el negrata (Miradas 2) 2


En su treintena larga, John Doe, sigue pareciendo que tenga sólo veinte, una mezcla radiante de trabajo duro, cuidados y una genética superior proveniente de su raza. Es negro como el carbón y su sonrisa deslumbra cuando decide sacarla a relucir. En su juventud sufrió la supervivencia del más fuerte en el barrio, uno de esos marginales y olvidados por los políticos blancos de Virginia; pero gracias a ciertas ayudas de su comunidad, sus vecinos en exclusiva sufragaron su primer año en la universidad tras la desaparición de la beca que le tocaba por derecho y resultados académicos, por el colapso del conglomerado de empresas que la otorgaba, en las cercanías de ese maldito 2008.

Al año siguiente sus impecables notas, con media de matrícula de honor, le granjeó la consecución de la beca periodística más importante en EEUU, y de ahí, a la cima del cuarto poder. Bueno, quizás no tanto, si bien es cierto que su expediente académico le dio entrada al Washington Post, para su desgracia ese puesto fue como corresponsal a un pequeño país europeo, donde ahora tiene que hacer un pequeño sondeo en la calle para su próximo artículo sobre las futuras elecciones. John ha escogido contrastar la información de las encuestas con la opinión directa de la ciudadanía, pero en las tres horas que lleva a la búsqueda de alguien que participe, en uno de los Paseos más importantes de la capital, no ha conseguido la colaboración de nadie.

Lo que sí ha recibido son miradas prejuiciosas, una mezcla de lástima y hastío que no logra descifrar. Quizás no sea el más experimentado de los periodistas, pero en el pasado, sobre todo en las prácticas que realizó en la capital estadounidense, jamás le había ocurrido. Tras estas tres horas ha decidido parar con la encuesta, o mejor dicho, transformar la temática a algo más personal y descubrir porqué los viandantes hacen caso omiso de su presencia a pesar de ser conscientes de su presencia. Antes de empezar se toma un café para rebajar los nervios (¿quién comprende esta contradictoria realidad que muchos hacemos?), y vuelve al Paseo. Gracias a la primera pareja a la que trata de abordar, su mente le muestra con claridad cuál es el problema al que se enfrenta. Sin darle tiempo a formular su cuestión, la pareja se reparte la respuesta que termina por abrirle los ojos.

Él dice: No, gracias, no queremos nada

Ella dice: Pobrecitos… con el hambre que pasan en África

Los dos se marchan sin ápice de conciencia.

John Doe va a cambiar el tema del artículo, para las elecciones todavía queda tiempo, la indignación le subleva.  


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