Móvil satisfaction


móvil mobile people street crowdLa cama, cuán analógica era, en sus desvaríos nocturnos la sueña digital, con cargadores y pantallas incorporadas, puede leer, ver películas y navegar por internet sin necesidad de levantarse. Después le suena el móvil y Carla se levanta.

Enciende la pantalla antes incluso de abrir los ojos y comienza con la aplicación con más alertas, Twitter. La aprovecha para leer las noticias mientras descarga sus primeras necesidades en el baño.

De camino a la cocina responde a sus followers y cuando se termina de preparar el desayuno, un café y una tostada, lo fotografía junto a una pequeña flor de plástico sobre una reluciente bandeja blanca. #desayuno #debuenamañana #nosincafé En Instagram estarán felices.

El resto de preparativos para enfrentarse al exterior los acompaña por más revisiones de noticias y respuestas por sus redes sociales, y piensa aunque ella aún lo usa: “Qué viejo se ha quedado Facebook. La ducha se le hace larga, su móvil no se puede mojar, y se viste mientras continúa “conversando” con sus seguidores.

Sale de casa con el teléfono en el bolsillo, por fortuna la parada donde coge el autobús está a dos minutos de su portal, por lo que a los tres minutos tiene de nuevo el móvil en la mano y a los cinco, ya en el vehículo, está viendo los vídeos que le han mandado por Whatsapp. Como desconoce el uso de los cascos, el resto de usuario también escuchan las tonterías que ella se traga con gusto, casi placer.

Una vez en la oficina enciende su ordenador y esconde el móvil, en el pasado ya le advirtieron de que tuviese cuidado, que no podía seguir utilizándolo en horario laboral. Ella ha cumplido hasta ahora pero no gracias a su fuerza de voluntad, si no a los sustitutos que ha encontrado en forma de páginas web de sus aplicaciones favoritas. Después de abrirlas pone en marcha el programa de la empresa, y gracias a la combinación de “alt + tab” se pasa la mitad de la mañana conectada a su vida virtual, qué real le parece.

móvil phonesHoy sale antes del trabajo porque se va de viaje, y porque los viernes hacen jornada intensiva. Bueno casi intensiva, comen en la oficina y después tienen que trabajar una hora más. Siempre se toma su bocata acompañada, aunque como el resto, su cabeza se mantiene entre la pantalla y sus compañeros. Quizás este mediodía sea diferente y por una vez tenga razones para su autismo digital, ya que está finiquitando las citas con sus amistades allá donde va.

Se despide al terminar su jornada laboral y apenas mira al frente mientras corre al autobús, que le llevará al siguiente. Comprueba las jugadas que están haciendo sus amigos de esa aplicación, el juego de palabras encadenadas, por el que en su día le echaron la bronca en el trabajo y al que “estaba” enganchada, aunque probablemente no es el mejor tiempo verbal para describir su relación con esa aplicación.

No tarda en enganchar un vehículo con otro y por fin se acomoda en el asiento que le llevará a su destino, parece que le empieza a pasar factura el estrés del viaje y los preparativos, los nervios del cómo irá se rebajan y nota como el cansancio se apodera de su persona. Se relaja ante las cuatro horas que aún le quedan en el autobús y sus ojos, aceptando la orden de descansar de su cerebro, se cierran. Con el abrigo como manta y el teléfono olvidado pero bien agarrado en la mano, duerme con tranquilidad.

Pero no, el sueño sólo dura cinco minutos (siendo generoso), lo mismo que tarda en recibir la primera notificación de su amada aplicación de palabras encadenadas. Abre de nuevo los ojos y sin dudarlo juega su siguiente movimiento, y vuelve a dormir. O a intentarlo, porque un par de minutos después, el juego le avisa de que le toca otra vez. Olvida el cansancio y responde, pero el cansancio no se olvida de ella y le vuelve a cerrar los ojos.

Pero no, dos minutos y la aplicación le avisa “es su turno” (qué educada al tratarla de usted), y vuelve a despertarse (no lo puede evitar) y escribe su palabra y después vuelve a intentar dormir… Pero no, dos minutos y la aplicación le avisa “es su turno”, y vuelve a despertarse y escribe su palabra y después vuelve a intentar dormir… Pero no, dos minutos y la aplicación le avisa “es su turno”, y vuelve a despertarse y escribe su palabra y después vuelve a intentar dormir… Pero no, dos minutos y la aplicación le avisa “es su turno”, y vuelve a despertarse y escribe su palabra y después vuelve a intentar dormir…móvil people outdoors family ceremony fun tourists

Y así hasta que cuatro horas más tarde, tras sus interminables abortos del sueño, su destino se divisa inminente y el arrepentimiento frente a sus acciones se hace presente: “Estoy destrozada, no sé si aguantaré mucho en la cena de esta noche, con las ganas que tenía… tendría que haber echado al menos una horita de siesta… llevaba tanto tiempo esperando este viaje… llevaba tanto tiempo queriendo verles… que cansanci… ¡Uy! Alguien ha jugado, jmiguel66, vas a pagar caro este fallo…”.

“Puede bajar por favor” Le dice una voz aburrida de esperar. “El resto de pasajeros hace rato que lo han hecho y aún tenemos que limpiar el autobús para el siguiente viaje”.


P.D.- Dedicada a aquella mujer que no pudo dormir en ese viaje de autobús que compartimos, porque las aplicaciones de su teléfono móvil necesitaban urgente respuesta a cada minuto que pasaba. Nunca vi a nadie tan enganchado a la droga digital de la satisfacción inmediata.

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