La mariposa entre las flores 2


Una parada de tranvía o de autobús rodeada de frío, feo y gris asfalto. En una esquina, rodeada también por ese falso color de ciudad, una pequeña porción de tierra con césped y copada de flores de varios colores brillantes, atractivos y naturales. Rojos, verdes, amarillos y violetas. Una mariposa jugando con el viento, paseándose entre personas ausentes, dormidas o acondicionadas. Nadie la ve y ella lo prefiere así. El instinto la dirige no a golpearse contra un vehículo, sino a perderse entre las flores a comer. Se acerca y las sobrevuela como escogiendo. Y aunque las flores tienen unos colores llamativos y preciosistas, los de la mariposa maravillan aún más.

Una persona mira hacia donde se sucede la naturaleza y observa la escena, pero la humanidad gris no le permite apreciar la totalidad de la belleza de la estampa. Es entonces y sólo entonces cuando centra su mirada en la imagen preciosa que le ha atraído, la mariposa entre las flores, descarta el resto y tan sólo se fija en el detalle y lo aprecia en su justa medida. Y es que el total no debe negarte las pequeñas cosas que se esconden en todos los rincones que puedes observar y en todos los rincones de tu alma, y de las del resto, que puedes sentir.

Detalles. Si los buscas, los encuentras.

Un reencuentro ansiado. Una despedida feliz y completa. El sol brillando tras las esponjosas nubes. El reflejo de dos enamorados distorsionado por el mismo sol en los cristales de un escaparate de la estación. Un sorprendente olor a romero que trae consigo recuerdos de una infancia en el pueblo. La mora alcoholizada de un perfume embriagando todo el ambiente que te rodea tras un abrazo en verdad sentido. Dos miradas pérdidas que se encuentran y que por un instante lo comparten todo.

Palabras que no hace falta decir. Palabras que no hay que decir y que una vez dichas, absuelven. Palabras que llaman a una tormenta de lágrimas. Una sonrisa sincera. Una sonrisa abierta. Una sonrisa bonita y brillante. En fin, cualquier sonrisa.

Se muerde el labio. Se toca un poco el pelo, lo recoloca. Aparta la mirada tras unos segundos manteniéndola y disfrutándolo. La cara se enrojece, el corazón palpita con velocidad y los ojos vuelven a buscarse. La primera vez que la hiciste reír. Un pequeño roce. La caricia sobre su sedoso pelo y notar la suavidad que lo caracteriza. Un escalofrío recorriendo la piel.

Una llamada inesperada un día cualquiera. Una sensación de vértigo. Recuerdos imborrables acunando el corazón. Las hojas suavemente mecidas por el viento comienzan a caer bamboleándose sinuosas por el camino del destino. Aires que rozan con dedos fríos el cambio. Un amanecer minúsculo despertando la vida. Un nuevo canto de un pájaro desconocido.

El brillo artificial de las luces inmaculadas de la ciudad; al fondo, siempre al fondo. La oscuridad mágica de un callejón haciéndonos imaginar un futuro improbable. Pequeñas capas de distancia quitadas poco a poco, disfrutándolas. La indefinición de una mirada miope. El suelo bajo los pies y los amigos que duran. Los que te enseñan responsabilidad y don de gentes y a manejarte con el mundo y a desinhibirte y a alejarte de él. El abrazo conciliador y abrumador de alguien que te quiere en un momento duro. Aquellos que te escuchan.

El brillo cancerígeno de la única estrella que sobrevive a la ciudad. El pequeño grafiti escondido en una esquina tras un prohibir señalizado, señalando juventudes sarcásticas. El poder inalienable de cada uno a imaginar y a soñar y a decidir. Las pequeñas batallas vencidas en el arte de crear.

El amor por la belleza. Esa esquina preciosa oculta del mundanal ruido. Un sueño que aunque en verdad es falso, cumple por un instante tus deseos. La tristeza de la vida y la indiferencia de la muerte. Los momentos de soledad y sus réditos en sabiduría. La seguridad de lo conocido y el miedo a lo que está por venir.mariposa butterfly-2003038_640_opt

Y todas aquellas pequeñas cosas que nos rodean y para las que hay que entrenar tanto nuestros ojos como nuestra mente. Los detalles que cubren todo el lugar por el que pasamos y toda persona que conocemos. Tan sólo has de aprender a observar, apreciar y admirar. El mundo se compone de la suma de estos y muchos más detalles, y si eres capaz de verlos y de sentirlos, podrás comprenderlos mejor.

Y, sin que sirva de precedente, un consejo: “no seas pintor de brocha gorda y observa lo que te rodea con detenimiento y disfruta, todo lo que deseas comienza con un pequeño detalle, como la mariposa entre las flores”.


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