Tornan su cabeza los girasoles al pasar tal belleza.
Su larga y brillante melena dorada les confunde.
Gritan desesperados al no encontrar el calor que esperaban de ella;
Porque ella, quien tan cálida parece, es fría como un témpano.
Los girasoles hundidos y desorientados pierden las pipas antes de tiempo,
Como si lloraran.

La de la dorada melena, su falso ídolo, ni tan siquiera les ve;
No se da cuenta del influjo que tiene,
Bajo el cual incluso el sol olvida su responsabilidad
Y dirige su mirada y sus rayos sólo a ella, si por ahí está.


Vaya con la de la dorada melena!!!!! Me gusta!!!!!!
Me gusta que te guste 🙂