Escapada de padre e hijo, vol. 4 1


Y comen los dos, ningún alimento cambia significativamente por estar en Francia, aunque padre e hijo sí que beben algo distinto, dos Orangines y Juan termina maravillado ante un refresco tan rico y con tanto zumo. Al terminar y antes de entrar en el vehículo, Pedro recuerda que el juego de los coches patrulla vuelve a estar vigente y después, el motor encendido mueve, gracias a las ruedas, las tres toneladas de carrocería y aparataje mecánico. Las carreteras francesa no difieren de las otras que han ido conociendo, salvo en la zona pirenaica en donde su tamaño es el típico de las de montaña, estrechas de dos carriles muy sui generis. Y aunque no avanzan mucho debido a los culebreos del asfalto, el tiempo perdido es mínimo así que Pedro sigue tranquilo porque el plan continúa vigente.

Te aviso de antemano Juan, hoy vamos a tardar más de lo normal en llegar al próximo hotel…

Su hijo muestra cierto grado de desagrado con su mueca de cansancio que desaparece en la siguiente frase de su padre.

Lo calculé así para que mañana lleguemos al Cheyenne Hotel en… ¡Euro Disney!

¿Ese es el de vaqueros o el de hadas?

El de vaqueros… ¿preferías el de hadas?

No, el de oeste está muy guay

escapada 4

Y el uno con la esperanza del parque de atracciones y el otro por haber acertado con el hotel, retoman la conversación con alegría inusitada. El padre lo describe su futuro alojamiento a través de las fotos que vio al reservarlo y el hijo entra en un estado de felicidad tal, que incluso se olvida de su juego particular y ante el paso de un coche de los gendarmes, no se esconde ni se agacha, tan sólo escucha con una sonrisa enorme los detalles que Pedro le relata sobre el hotel. Mientras tanto, el que sí se ha escondido es el sol y parece que haya sido por miedo a mojarse, ya que a la vez que él se va, unas nubes negras se apropian del cielo y amenazantes empiezan a tronar. Unos segundos después todo son rayos y relámpagos, como si el famoso Capitán Haddock se hubiese hecho con el control del cielo, como si las siguiesen sus exabruptos como órdenes puesto que, aparte de la electricidad, nada más cae de ahí arriba. Y precisamente eso, la falta de lluvia, es lo que transforma el viaje en coche en aterrador para Juan y a Pedro en un conductor mucho más cuidadoso. El hijo, quien por su actitud poderoso deducir que nunca antes había vivido una tormenta así, observa el exterior callado con una mezcla de admiración y miedo ante la expresión de pleno poder de la Naturaleza. Y el padre que maneja con los cinco sentidos más que despiertos, no puede controlar su mente que se apena ante la posibilidad de que como continúe este tiempo de perros, la visita a Euro Disney será un fracaso. La noche se apropia de todo pero la tormenta no huye y en esa situación y ante el retraso en llegar al hotel de hoy, Juan no puede seguir reprimiendo su temor y se lo expresa a Pedro.

Tengo miedo papá

Pues estate tranquilo porque en una tormenta eléctrica no hay nada más seguro que un coche…

Y aunque él no está seguro consigue su objetivo reflejado en el suspiro de alivio de su hijo. El resto del viaje hasta donde hoy van a dormir pasa bajo conducción cauta y sin locuras aunque el agua no haya llegado a caer. A pesar de que la distancia no es elevada, la prudencia hace que arriben a su hotel con el tiempo justo para que su habitación reservada, sea suya. El recepcionista les reconoce que ha estado a un peu de entregarle sus camas a otro par de clientes, pero como Pedro avisó de su tardía llegada, ha confiado en que este tiempo terrible era el responsable del retraso. Bendita sea esta nueva faceta de su personalidad surgida al superar su mayor debilidad previsión a cambio de soltar la botella, a Pedro le parece un cambio justo que hoy ha dado frutos. Este pensamiento atrapa su mente hasta que ya en la habitación su hijo le recuerda.

Papá, tengo hambre y no hemos cenado

Es verdad Juan, bajemos al comedor…

No podemos, mientras pagabas he ido a mirar y ya estaba cerrado

Por un momento duda que hacer pero rápido llega a una solución.

Pues pediremos a través del servicio de habitaciones

Lo cual hace inmediatamente después de estas palabras. Un tono, dos tonos, tres tonos y los nervios se hacen presentes, cuatro tonos y el auricular al otro lado se levanta y responden, primero en francés y al escuchar el saludo en castellano del padre, en el idioma del cliente.

Aló, aquí recepción, ¿qué desea?

Buenas, llamo desde la habitación 145, no sé si lo sabe pero la tormenta nos ha impedido llegar a la hora para la cena que  ya habíamos pagado, ¿sería posible que nos la trajesen a la habitación?

Ya hemos cerrado la cocina, pero si quieren les puedo traer la cena de un bar cercano, ¿necesitan la carta?

No gracias, por favor, traigamos dos hamburguesas completas y una botella de agua, sil vu ple

¿Completas?

Sí, con todos los ingredientes que se le puedan añadir y patatas fritas

Muy bien señor. En 30-45 minutos confío en llevárselas

Muchas gracias

El recepcionista cumple, incluso con el tiempo, y sin cargo alguno les entrega la cena. Pero en vez de ser entre pan y pan, les llegan en plato con todos los complementos por separado formando una montaña de comida: rodajas de tomate, lechuga, aros de cebolla, maíz, patatas fritas, un pepinillo agridulce, un trozo de baguette gomosa para empujar y por alguna razón, ¿hamburguesa hawaiana quizás?, una rodaja de piña. A los pocos minutos Juan ya se ha terminado la cena y le mete prisa a su padre, está tan nervioso como la noche de reyes magos, porque sabe que cuanto antes duerma, antes saldrán hacia su sueño más repetido, Euro Disney. Aun así, Pedro come tranquilo, sabe la distancia a la que está su objetivo y también sabe que mañana no hay prisa. Después los dos se duermen viendo una película vacía pero repleta de efectos especiales, vamos millones de dólares malgastados.

escapada 4

A la mañana siguiente les despierta un sol radiante, no hay discusión, si acaso es Juan quien apremia a Pedro porque por supuesto no se ha olvidado de que hoy, despierto, llegan a su sueño. El desayuno, que hoy no es bufet, pasa rápido pues el hijo, el contrario que en el resto del viaje, está sin hambre por los nervios. Terminan y sin limpiarse los dientes ni nada se suben rápido al vehículo y la impaciencia mezclad con euforia se apropia de Juan con tal fuerza, que no puede parar de hablar. Habla por hablar, para soltar los nervios, y el padre no le corta, piensa que así quizás se canse y al día siguiente, en el parque de atracciones este completamente descansado y pueda disfrutar de todo. Pero pasado el mediodía el monólogo termina porque entre las muchas frases que Juan desparrama, Pedro distingue una que automáticamente exige su intervención.

…y las tazas giratorias, esas las tengo que probar, a mamá siempre le han gustado tanto, que ayer cuando la llamé me lo volvió a recordar…


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Una idea sobre “Escapada de padre e hijo, vol. 4

  • Pura

    “Mientras tanto, el que sí se ha escondido es el sol y parece que haya sido por miedo a mojarse, ya que a la vez que él se va, unas nubes negras se apropian del cielo y amenazantes empiezan a tronar”.
    Nunca me había planteado el miedo del sol….
    ni lo de las “hamburguesas hawaianas”😄😄