Escapada de padre e hijo, vol. 3


Pedro sale corriendo al pasillo y deja que la histeria se haga fuerte en su interior, lo que se traduce en gritos por el pasillo.

¡Juan…! ¡Juan…! ¿Juan? ¿Dónde estás?

Después de recorrerlo tres veces el raciocinio aparece para dirigirle al lugar donde mejor le podrán ayudar, la recepción del hotel. Ante lo ocupado y la tardanza del ascensor, desciende la escalera trastabillándose aunque manteniendo la verticalidad y luego recorre a grandes zancadas lo que le queda hasta el que sus abuelos llamaban portero. Allí habrá alguna manera de localizar a Juan ya sea con la megafonía, movilizando al personal o como última opción, por todo lo que implicaría para él, llamando a la policía. La carrera le deja sin resuello junto al mostrador de recepción, donde el recepcionista le mira con curiosidad y expectante ante una respuesta interesante, por lo visto está muy aburrido, dice.

¿Qué ocurre señor?

Pero antes de que el señor pueda presentarle su problemática, el padre vuelve a respirar tranquilo al oír a su espalda la voz de su hijo, no escucha lo que dice pues el alivio tapona sus oídos. Juan repite.

Vamos a cenar… ¡Hay un montón de cosas papá!

¡Juan, estás aquí!

En momentos de tensión es normal la aparición de la obviedad, ayuda a sacar los miedos verbalizándolos.

No sabía dónde estabas ¿¡Por qué te has ido sin avisa!? ¿Dónde estabas?

El hijo responde tras adoptar su típica cara de constricción, de esas que algunos niños aprenden a poner o por ser muy traviesos o porque en sus casas tienen que protegerse de alguna manera.

No me he podido aguantar papá, en cuanto ha llegado la hora de apertura del buffet he bajado a ver que había… ¡y hay de todo!

Juan, entiendo tu impaciencia pero no puedes volver a hacer esto, ya sabes que no puedes desaparecer sin decirme nada ¡¿Vale?!

Vale… perdón, papá

Del resto del indulto se encarga la expresión de pena absoluta del hijo quien, con la absolución obtenida, se despide del recepcionista y apremia a su padre para ir a cenar, agarrándole la mano y tirando de él. Después, una vez la extraña pareja desaparece en el comedor, el conserje recibe la misma pregunta para la que no ha recibido respuesta.

¿Qué ocurre Paco?

Algo extraño que todavía no entiendo, ha bajado un chaval de… no sé, once o trece años, ya sabes que soy fatal para las edades… y me ha pedido el teléfono, que tenía que llamar a su madre, que era urgente y que por favor, por favor, por favor y claro, le he dejado llamar. No sé con quien ha hablado pero le llamaba mamá y en cuanto ha terminado la conversación ha aparecido su padre al final del pasillo, tan nervioso que no ha visto como su hijo se metía en el comedor al verle… y luego… antes de que pudiera hablar con el histérico, su hijo ha salido del comedor y mintiéndole, le ha calmado, aunque esto último ya lo has visto…

¿Y?

¡Cómo qué y! Tú has preguntado

Ya, ya… ¿Que qué más?

Ah, nada más, se han ido los dos a cenar, pero al menos han animado un turno que estaba la mar de soso…recepcionista escapada 3

Y como si de una película se tratase la cámara abandona a la plantilla del hotel y en un travelling suave llega hasta el padre y el hijo, los cuales se alimentan en una sucesión de escenas cortas donde, mezclan ingredientes en una plancha al gusto que ofrece el buffet, juntan naranjada y limonada tan sólo por probar, llenan de manera ridícula sus platos y hasta cogen junto al primer plato un bol colmado de helado para tener de postre batido de chocolate. La cena dura más de lo normal pero es que a la diversión es mejor no ponerle límites, no vaya a ser que no regrese en mucho tiempo. La cena y casi la noche se acaban con Pedro guardándose en los bolsillos una retahíla de dulces y gominolas para la mañana siguiente. La cual comienza como todas las otras, el padre le mete prisa al hijo que incapaz de pensar más que en el presente, quiere quedarse más tiempo viendo los dibujos animados. Pero esta vez la discusión se ve reducida por las ganas de Juan de revivir la diversión de la cena en este desayuno, la convivencia con alegría es más sencilla.

El buffet del desayuno resulta ser más aburrido que el de la cena, menos opciones y como contrapartida positiva para Pedro, menos tiempo ocupado antes de avanzar a su siguiente destino y siendo su escapada padre e hijo, un viaje cronometrado, el ahorro de tiempo es siempre agradecido por el padre. Además hoy es un día importante a pesar de la existencia de la Unión Europea, porque hoy por primera vez van a cruzar una frontera, van a salir de España dirección a París.

… ¿Qué es la capital de qué país?

Papá, esa es muy fácil, es la capital de Francia

Pues hoy comeremos ahí, en Francia, hoy, Juan, comienza de verás nuestro recorrido por el viejo continente

¿Eso es Europa, no?

Así es hijo mío

La mañana la ocupan con los que sin duda son los temas favoritos de Juan ahora mismo: le relata a su padre el argumento de los dibujos animados que más le gustan (algunos de una complejidad sorprendente), repasan las bondades de las atracciones más emocionantes de Euro Disney y, de forma extraordinaria, el hijo se plantea cuáles son los mejores sustitutos para cambiar la dieta actual sin por ello, disfrutar menos, aunque termina aceptando que está muy difícil.

En relación directa a lo que avanza el tiempo, lo hacen también los kilómetros por lo que a eso de las dos de la tarde, a la hora de comer, llegan a lo que antaño era la frontera física entre España y Francia. Mientras se acercan, se cruzan con otra patrulla de policía frente a la que Juan vuelve a esconderse y tras superarla dice.

Y ya son cinco papá, toca juego de mesa ¿vale?

Por supuesto que vale, pero a partir de ahora hasta que comamos el juego se para, pero  luego seguiremos ¿Vale?

Vale

La carretera española se acaba en el paso de los Pirineos, el cual traspasan sin ningún problema, aunque el país vecino esté en def con dos, ya que, cuán sospechosos pueden ser un padre y un hijo caucásicos y europeos recorriendo Europa. Al poco se encuentran con el primer pueblo francés y por ende, con el primer restaurante y antes de entrar, el padre recomienda al hijo.

En vez de otro refresco prueba la Orangine. ¿Vale?

Vale.

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