Comienzan las entrevistas. Recuerdos (Capítulo 2)


Entonces Doctor Méndez… Paco… ¿Ya estás mejor? ¿Has descansado? ¿Preparado para las entrevistas?

Sí, estoy más que preparado para las entrevistas, los días de descanso y que a partir de ahora comenzamos las partes del experimento que son mi especialidad, me han revitalizado… aunque imagino que tu hermana ya te lo habrá contado.

Sonríe y su superior le devuelve la sonrisa a la vez que responde.

Es lo malo de estar casado con la hermana del jefe…

Los dos ríen a carcajadas, forzadas y algo incómodas, a las que ya están más que acostumbrados. Finalmente salen del despacho y el superior de los dos se dirige al resto de sociólogos, psicólogos y “especialistas” en marketing; mientras que el de rango menor se dirige a su mesa para escuchar las órdenes.

¡Muy bien! Ya hemos pasado lo peor, la preselección, todo estadísticas e informes, y comenzamos lo interesante, la selección en sí misma, la entrevista… tenéis sobre vuestras mesas los informes de cada uno de vuestros futuros entrevistados y un listado con sus nombres y el orden en que os tocan, además de las directrices…. Sí, de nuevo, ya sé que os las sabéis de memoria… pues eso, las directrices a seguir para seleccionar a los candidatos… ya sé que lo sabéis… son de lectura y cumplimiento obligatorias, lo siento… si no queréis no las releáis, pero tened en cuenta que la responsabilidad es personal y si falláis, bueno, ya sabéis lo que firmasteis en el contrato…. Yo, por si acaso, me las voy a estudiar que también tengo mi cuota de entrevistas… eso es todo, en dos horas comienzan las citas, hasta entonces sentiros libres de hacer lo que os plazca… incluso leeros las directrices…

Parecía que ya lo había dicho todo aunque al segundo de callar, recuerda ese último detalle:

¡Ah, sí! Dentro de dos horas os daré la llave de vuestro despacho personal para las entrevistas, aún están finiquitándolos pero al fin conoceremos la planta de arriba y sobre todo, al fin terminarán esas malditas obras….

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Buenas tardes, soy el Doctor Méndez, usted debe ser Josefa ¿no? Bienvenida, siéntese donde quiera…

No son buenas tardes, todavía no hemos comido, así que, buenos días señor Méndez.

Muy bien… mmm…. Perdóneme señora Josefa…

No hay problema, aunque preferiría que me llamase por mi apellido, con el mismo respeto que utilizo con usted, gracias.

Perfecto señora Pérez, ahora, por favor, tome asiento.

Entre el sofá, el sillón y la silla, ella escoge esta última y lo peor de sus cincuenta años se hace presente en el gemido de dolor, apenas audible, que suelta al apoyar la espalda en el respaldo.

¿Está bien señora Pérez?

Sí, estoy bien.

El rictus le cambia durante un instante ante un nuevo, a pesar de serle más que conocido, pinchazo en la espalda.

¿Quiere algo señora Pérez? Un café, algo de comer, un ibuprofeno…

Aunque la mirada de Josefa le hubiese matado si estas lo hicieran, termina por aceptar que quiere una y necesita otra de esas cosas.

Si insiste, tomaría un café…. Y un ibuprofeno.

Esto último surge de un hilillo de voz que muestra una imperante necesidad de mostrar debilidad alguna, el doctor lo apunta a la vez que pide lo que la entrevistada quiere por el interfono. Tras cinco minutos de charla ligera y silencios golpean la puerta del despacho, el Doctor Méndez responde.

Pase.

Pero desde el pasillo no reciben reacción alguna. Pasado un tiempo prudencial, como para reconocer que no van a meter lo pedido, el doctor se levanta y recoge la bandeja que han dejado en el suelo y sobre ella le sorprende encontrar, junto al café y el ibuprofeno, un vaso de whiskey con hielos. No le da importancia y decide considerarlo como una broma de algún compañero, aunque desde ese mismo momento se queda clavado en su mente, como una mota que no puede quitar, una mancha que no puede rascar.

Él casi no bebe, unas cervezas para potear o algo de vino para cenar, sólo si es una cena especial, y aun así el vaso de whiskey se mantiene indeleble en sus pensamientos.

Tome, su café y la pastilla, no hay prisa….

Puede que usted no, pero yo, en tres horas, tengo otra entrevista…

Duda al decirlo, puede ser perjudicial piensa, aunque ya no hay vuelta atrás.

¿Entrevista? ¿De trabajo?

La señora Pérez lo confirma bajando la cabeza, el doctor Méndez lo apunta entre los aspectos negativos de la candidata. Entrevista de trabajo, tiene oportunidades, ¿tiene esperanza?

Otro aspecto más nimio, aunque al doctor le llama más la atención, es que Josefa no ha reaccionado al vaso de alcohol mañanero y a pesar de que no logra discernir la razón, aunque ya tenga una teoría elaborada, lo apunta en la ficha. “Indiferencia ante los comportamientos autodestructivos o ante el consumo de alcohol/drogas

Y ahora sí, con la creencia de que ha generado una pequeña mínima confianza con la entrevistada en estos primeros minutos de ofrecimientos y presentaciones, comienza la entrevista.

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