Análisis de los Juegos Clásicos


TítuloCreadorFabricanteNº JugadoresAño publicaciónTiempo partidaInstruccionesContenidos
Varios (Juego de la Oca, Parchís, barajas clásicas…)
Varios
Varios
2-10
Varias
Indeterminado
No necesitan
Cartas, Dados, Fichas y Cubiletes
ANÁLISIS DE LOS JUEGOS CLÁSICOS:
Hoy no os voy a hablar de un juego de mesa moderno y con reglas complejas (use cartas, dados o salchichas). No, hoy os quiero hablar de mucho juegos, los más clásicos; a los que sabían jugar tanto la abuela como la nieta (la bisabuela también si estaba viva) cuando existían esos núcleos familiares que en su momento parecían eternos y ahora casi han desaparecido… por eso son tan extraordinarias las historias de Omar y Malik o la de Clara y su abuela… perdón, que como siempre, pierdo el hilo…

Pues eso, hoy os traigo los juegos más clásicos que ya conoceréis (a excepción de los más jóvenes), os hablo de: la Oca, el Parchís y los juegos de cartas de toda la vida como mi Guiñote, el Tute, el Rabino y muchos más…

Todos son sencillos, rápidos y sin complejidades ni complejos y si bien es cierto que para algunos pueden ser aburridos, nadie puede quitarles todos sus aspectos positivos. Y es en ellos donde quiero que centréis vuestra atención… ¿Cuáles son esos puntos positivos? Los que ya os he dicho: son simples pero divertidos y es su sencillez la que engancha… y eso es lo importante, la simpleza los hace buenos y ese “hacerlo sencillo” es lo que hay que aplicar a nuestra vida… a ver si me hago entender…

Antaño, cuando lo occidental gobernaba el mundo con su dinero ficticio, la vida parecía mucho más compleja de lo que era en realidad… quizás en esta vida post-apocalíptica que os ha tocado, donde todo es vivir o morir, el consejo que traigo no sea tan necesaria porque esa disyuntiva planteada posiblemente sea la más sencilla de todas… pero para los que aún recordáis los buenos viejos tiempos, os lo contaré… ¿dónde estaba? ¡Ah, sí!… Todo parecía más complejo de lo que era porque las propias personas se planteaban las encrucijadas como complejas decisiones inalterables, sin darse cuenta de que existían otras opciones, opciones para simplificar la toma de decisiones. Había muchas maneras y esta era la mía, que incluso en este nuevo mundo sigo utilizando: fragmento el problema en otros más pequeños creando así dilemas más simples y fácilmente resolubles, como lo que sería la Oca a los juegos de mesa especializados. Pero esto no es más que una estrategia personal y no tiene porqué serviros…

Lo verdaderamente importante es lo que hizo grande al Parchís (y al resto de clásicos): el “hacerlo sencillo” no es más que otra manera de deciros que ante los problemas, por muy complicados que sean, sólo existe una forma inteligente de afrontarlos: simplificando, paso a paso, poco a poco… porque tirarte sin ton ni son sobre arenas movedizas nunca fue buena idea, de hecho, si estáis hasta las rodillas en ellas, no tendréis más remedio que actuar con sencillez para escapar, con cuidado, paso a paso, poco a poco. Muchas veces esta será la única solución viable y otras muchas (la mayoría), la mejor opción… pero…

Aparte de todo esto ¿qué se puede decir de la Oca? ¿del Parchís? ¿el Tute? ¿el Mús, el Rabino? ¿de mi Guiñote?

Se puede decir que la sencillez impresa en todos ellos los hará perfectos para que compartamos el tiempo sin importancia de la edad, en aquellos momentos en que la realidad nos de tregua, sentándonos alrededor de una mesa con la única preocupación de que “si me como una, cuento veinte” o que “de oca a oca y tiro porque me toca”.

¡Así de simple!

El Contador de Historias

El juego de la Oca by Juan Francisco Piferrer Barcelona in Wikimedia

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