La Realidad


Hay momentos en la vida (al menos espero que sean eso, momentos) que no es que todo salga mal, si no que nada sale bien, hechos completamente distintos ya que no es lo mismo que una vez te han abierto el coche por la noche, te lo roben o que sólo se lleven la radio.

Tras unos días extraños donde las fiestas han traído un vacío sentimental alterno que pocas veces he sentido y una inseguridad y aburrimiento ya olvidados, decidí dar un paseo por la ribera del río. Extraño en mí ya que no me gustan las multitudes y los puestos seguían allí expuestos atrayendo consigo a la masa, pegajosa y sin forma, que me golpeaba sin pausa ni cuidado. En un momento dado, estos empujones me envían al suelo y a pesar de que nada me duele, comienzo a llorar. Noto que mis prioridades se tambalean porque no quiero levantarme más, aunque también es cierto que esa sociedad que me rodea no me lo permite. Pasan a mi lado y posan sus manos en mi hombro cuando amago con recuperar fuerzas y ganas para ponerme en pie y me dan un consejo patrocinado. A la altura de sus cinturas, observo a esos sabios que no dejan que me yerga y en vez de sentir rabia, me siento cansado y lo que es peor, ni tan siquiera me frustran sus impedimentos, sólo me aburren… me aburren sus caras observándome desde los cielos, me aburren sus excusas y me aburren con su falta de compromiso. Pero, de repente…

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Todo el fluir de compañeros de viaje que no paraban de apoyarse en mí, desaparecen. Estoy sólo, el río suena a mi izquierda, su murmullo me acompaña mientras consigo ponerme de rodillas con las que podrían ser mis últimas fuerzas y levanto la mirada al frente, veo a un policía que se acerca con la pistola en la mano. Le quedan dos pasos para estar a mi lado, no consigo reunir fuerzas para moverme y escapar. Le queda un paso y corroboro que he olvidado como luchar contra las circunstancias.

El policía ya está a mi lado y apoya el cañón del arma en mi frente, me resigno, nada estimulante a mí alrededor, cierro los ojos y oigo el mecanismo de la pistola mientras el policía aprieta el gatillo. En su placa identificativa, bajo el escudo, se puede leer, REALIDAD.

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