Itzal y Luz entre sombras


Itzal Mary_Baker_G._Eddy,_1850s_(2)Ella conocía sus capacidades y las controlaba sin problemas tras años de práctica, pero más que nada gracias a las enseñanzas que sus padres le brindaron en la niñez y que no sólo versaban sobre cómo usar su poder, también para qué usarlos y los valores y la moral que deberían guiarla porque, aunque ya sea un tópico, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Pero todo esto ahora son recuerdos, porque ahora Itzal, que así se llama ella, ahora es huérfana y sin tener claro el porqué, cree que su poder le ha hecho recelosa de la gente, se siente sola y, al contrario que otras tantas veces ya que aquí los sentimiento son realidades, no es sólo una percepción personal, si no que de un tiempo a esta parte, Itzal está sola. Aunque antes de que la pena por ella se apodere de vuestro ser, dejadme contaros cuál es ese poder del que ya os he hablado, y dejadme hacerlo desde su hogar porque, para los más materialistas,  quizás os parezca que tanta soledad se ve compensada por lo que ese poder le ha permitido obtener sin nada del esfuerzo que os hubiese supuesto.

Vive en primera línea de playa, frente a un mar vivo y no plano como los interiores, las olas golpean el acantilado que delimita el terreno de la finca en cuyo centro se sitúa la casa, un caserío de dos pisos completamente remozado cuya familia titular no había utilizado en años, debido al exceso de lugares paradisíacos en propiedad. Y aun así, porque hay gente con el dinero como castigo, pagaban religiosamente todos los gastos corrientes. Además para evitar cualquier problema, Itzal escogió este espacio, alejado de cualquier núcleo urbano. Y cómo lo prometido es deuda ahora me toca contaros cuál es ese poder que le proporcionó esta casa y la ya consabida soledad, pero quizás sea más ilustrativo que la veamos llegar a su hogar, momento en el cuál, por norma general, Itzal se ve en la necesidad de usarlo.

Por ahí viene un coche, de los pocos que por aquí pasan, ella llegará en él gracias a eso que ya sabéis que le hace especial aunque esta vez parece… no te creo, esta vez el coche viene a la casa y podéis apreciar el pelo corto y rubio de Itzal en el asiento del pasajero. A quien no conozco es a la otra chica, la que conduce, claro que no es que este espiando constantemente a Itzal, aunque reconozco que ahora tengo curiosidad. El automóvil ya está parado frente a la puerta pero ninguna baja, la conductora acaricia el pelo a la copilota colocándoselo tras la oreja con cariño, se sonríen e Itzal la besa, las dos vuelven a sonreír y vuelven a besarse, después la dueña del hogar invita a la otra a entrar. Y a pesar de correr el riesgo de que me creáis un cotilla, yo también voy a entrar y si me seguís escuchando, os contaré lo que allí ocurra.

Por primera vez desde que perdió a sus padres veo a Itzal feliz, las dos en la cocina preparan un café, parece que la noche va a ser larga y por ello marchan tranquilas a uno de los muchos sofás que cubren el amplio, que digo, enorme salón del primer piso. Las dos se sientan, cerca, muy cerca, y sin el más mínimo problema comienzan a conversar de lo divino y lo humano, de amores y desamores, de cómo, dónde, cuándo y con quién descubrieron las realidades de la vida, de que Joaquín regresó al Betis, de las injusticias que los medios dan como buenas noticias, de sus pasados y susceptibles futuros y al final, los secretos más recónditos no pueden más que aparecer, florecen cual tulipán regado por la confianza y tanto la una como la otra abren su corazón con todos los riesgos que eso conlleva. La invitada en la casa reconoce lo que le costó aceptar su condición de lesbianas, lo mucho que se esforzó en su momento por ocultarlo ante sus amigos y familiares, todos ellos cristianos muy practicantes, el asco que le dieron en la cama los novios que utilizó como coartada hasta que decidió se ella misma, y el bien que le hizo irse de su pueblo natal a la capital para la universidad. Finalmente reconoce que ante su sexualidad la mayoría de la familia le ha repudiado y que aunque sorprenda, son sus abuelos los únicos que todavía le tratan igual.itzal beach-silhouette-light-girl-sun-woman

Es entonces, cuando las revelaciones íntimas de su acompañante salen a la luz, cuando Itzal siente la confianza para abrirse del todo y después de contarle sobre su orfandad y su soledad, le confiesa su secreto más profundo, ese para el que os he hecho esperar, su poder sobrenatural.

Verás Luz, lo que te voy a decir ahora, probablemente no te lo creas pero luego te lo demostraré, lo único que te pido es que después no te largues a toda prisa. Mis padres me avisaron de que la gente se asusta con este secreto, de hecho, siempre he creído que ellos murieron por su causa… Luz, ¿cómo te lo explico? ¿Doy rodeos o voy directa al grano? ¿Qué prefieres?

Pues con los preámbulos que me has dado será mejor que no des más rodeos y lo sueltes todo en crudo, cuéntame…

Atentos todos que al fin vais a conocer su poder.

Recuerda que aunque sea difícil de creer, esto es completamente cierto… tengo el poder, la capacidad de fundirme literalmente con las sombras…

Ante la expresión de extrañeza e incredulidad de Luz, Itzal decide explayarse.

Al igual que mi madre puedo jugar con mis moléculas para transformarme en una sombra y puedo perderme en ellas sin que nadie me aprecie. ¿Quieres un ejemplo práctico o prefieres irte ya a tu casa?

Ante esta última pregunta la cara de Itzal no puede ocultar el temor aunque lo intenta, además ese primer silencio momentáneo de Luz, mezcla de incredulidad y miedo, tampoco ayuda. Pero al final, con una media sonrisa representando sus dudas, Luz responde.

Bueno Itzal, yo lo veo así, si es mentira quiero verlo ahora para que te retrates, y lo mejor, si es verdad, por supuesto que quiero verlo porque… ¿quién sería el estúpido que se asustaría ante un hecho tan extraordinario? Así que muéstramelo todo por favor.

Y es entonces cuando al fin, la presunta dueña de la casa, se siente libre del todo y antes de desaparecer entre las sombras, el espíritu juguetón que la soledad había silenciado resurge.

A que no me pillas.

Itzal camina por el salón, ahora veréis su poder, camina entre las sombras de mesas, lámparas, sillones y demás decoraciones y mobiliarios, esperad, esperad que llega, y de repente, como bien ha explicado antes, se funde con alguna de las sombras. Luz reacciona con una estruendosa carcajada repleta de nervios y asombro sincero y dice al aire.

Y si ahora pisase la sombra en donde estás ¿te haría daño?

La voz de Itzal surge de la nada.

No, ahora soy sombra y como tal no tengo terminaciones nerviosas.

Pero parece que sí tienes boca…

Ya ves, esto es como la magia, los poderes son muy suyos y tienen sus propias leyes.

¿Y puedes pasar de una a otra sin volver a tu forma humana?

Al salir de una sombra, por unos segundos, sigo siendo una de ellas, así que sí… si no están muy separadas.

Es increíble, cómo nadie te puede tener miedo por algo tan maravilloso, no te imaginas la envidia que te tengo ahora.

Y como si esa última frase fuese la llave correcta para el cerrojo en el que se había transformado el corazón de Itzal, esta última produce un ruido desde la esquina del salón a donde va intrigada Luz e Itzal se pone a su espalda y vuelve a su forma inicial (¿por qué cuál es su verdadera naturaleza?) y en cuanto la invitada se gira, la anfitriona la besa y un segundo después, las dos se besa y tras unos minutos…

Uy, mejor nos vamos ya, también se merecen tener intimidad y más ante la expresión física del amor que ahora se profesan y que acaban de empezar a mostrarse.

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Todo esto transformó a Itzal en lo que es hoy día, la amazona justiciera que con la ayuda de Luz, ha comenzado su cruzada contra el sistema. Si queréis, otro día os lo cuento.       

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