Gracias


Hace poco hice un trámite meramente burocrático de tan sólo un par de minutos, de esos que parecen no tener importancia por su sencillez, pero con tanta carga simbólica como facilidad de realización. Y hace menos volví a Zaragoza, mi ciudad natal, desde Donostia, mi actual ciudad de acogida, para la experiencia Tusitala en La Noche Insomne. Y he de reconocer, en un conato de sinceridad que no tiene por qué repetirse, que, después de lo excepcional de La Noche Insomne, me asaltó un miedo irracional sobre la ciudad que me vio crecer.

Tenía la extraña e injustificada sensación de que una vez saliera a sus calles, hablase con sus gentes, entrase en sus negocios y mirase sus edificios, me sentiría como un extraño, como que nada de lo que me rodease fuera igual a antes de este papelito.

En otro arrebato de sinceridad, vaya, aunque no tenía por qué repetirse, sí que lo ha hecho, he de admitir que, por la misma razón que me gusta escribir, a veces, ante situaciones personales me pongo sentimental y transcendental (cualquiera de mis escritos lo demuestra), como si una minucia burocrática fuera a transformar años de experiencias y recuerdos. Pero claro, a pesar de que lo externo siguiese, si no igual, sí muy parecido, yo, de manera personal, podría ver lo que me rodease con un filtro de nostalgia y sólo fijarme en las diferencias, cambiando así mi percepción. En otras palabras, podría (gracias a mi propia estupidez) hacerme sentir extraño en mi propia casa.

Pero no fue así.

Mi miedo no se han conformado en una realidad si no que se han ido a la basura… canasta de tres puntos.

Y siendo sincero, sí es que soy así, no sé mentir, todo ha sido gracias a los míos.

gracias thank you de tumisu en pixabay

Gracias a mis padres, aunque algunos muebles cambien, vosotros seguís siendo un faro de luz cálida y reluciente que me ayuda a través del amor en una vida que no comprendo del todo.

Gracias a mis amigos, a los que aún estáis por Zaragoza y a los que os habéis ido como yo, porque a pesar de que los años pasan, sigo teniendo veinte cuando compartimos el tiempo. Ese tiempo tan abundante antaño, tan raquítico ahora, pero tan gratificante a su vez. Los problemas se siguen desvaneciendo cuando estoy con vosotros, y no hay mejor piropo.

Y a pesar de poder parecer un idiota, también quiero agradecer a todos esos vecinos que aún viven cerca de mis padres por sus caras conocidas, y a esos bares y pequeñas tiendas que siguen estando donde estaban. Sobre todo a un bar que me ha visto incontables horas escribiendo con un solo café, y en el que a pesar de los años, siguen saludándome por mi nombre.

Por esto y por mucho más que me guardo para mí, soy sincero pero introvertido, muchas gracias a todos los que conseguís que mi hogar siga siendo mi hogar, aunque ahora tenga otro también.

Gracias.

Vosotros sabéis quienes sois.

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