El Click


A la mañana siguiente, o mejor dicho, al mediodía siguiente me desperté en el salón que, tanto esa misma noche como el resto de días, hizo de mi dormitorio. Y como no podía ser de otra manera, las toses cavernosas, consecuencia de descansar ocho horas dentro de una espesa nube de humo, llegaron para quedarse tras ese despertar.  Entre flema y flema saludé a Sofi, me calenté un café y comenzamos a charlar, el click no llegó.

Una o dos horas más tarde Prado se despertó, se preparó otro café y se unió a la conversación, para, tras unos minutos, volver a poner el videojuego (This war of mine) y pasárnoslo por completo. No sé si fueron las ideas que nos aportó el juego, o que a las cinco y media por fin comimos, o la confluencia de ambas, pero esa tarde empezamos desde cero con los cimientos del que será nuestro juego de mesa.
Y es que como cualquier creador sabe, la inspiración llega cuando quiere y aunque su aparición sea caprichosa y esporádica; la sensación en el momento en que la idea hace click en tu cabeza y comienza a cuadrar, es maravillosa. Cierto éxtasis humano que dura poco, ya que, a pesar de la importancia de la inspiración, esta no vale si sola, tiene que estar acompañada por la dedicación y la perseverancia… ya veremos si esas dos vienen con nosotros o deciden escaparse, son difíciles de mantener al lado.

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