La espera, oh, la espera.
Momentos extraños donde vemos con claridad lo relativo del tiempo como una vez dijo Einstein (y si no lo dijo lo dio a entender).
Los segundos se pueden ver de lo lento que pasan, no importa que la espera sea para algo bueno o para algo malo (aunque en muchos casos sea para algo desconocido), porque el tiempo será tan pesado que parecerá tener su propia gravedad con la que se divierte parando nuestros relojes, así es la espera, oh, la espe… mejor dicho, el tiempo de espera.
La espera, oh, la espera.
¿Qué es lo que hace del esperar un verbo tan intenso? Porque ¿Quién es el valiente (y puede que mentiroso) cómo para atreverse a decir que nunca se ha desesperado esperando?
Incluso a mí, que siempre me jacté de ser persona tranquila (quizás muy tranquila), me ha pasado; y no ante un momento de espera vital para mis intereses, si no ante el retraso (en el tiempo, no en capacidad intelectual) de un amigo… eso de:
Quedamos a las seis en la esquina de X con Y, que por mi experiencia maña, siempre será donde sople más el cierzo y el lugar más lejano del punto donde esté ese amigo tardón (expresión infantil favorita) a las mismas seis (antípodas y Japón incluidas).
Al menos así me pareció ese día que le estuve esperando.
La espera, oh, la espera… aunque la verdad es que también hay días que…
…
Los días, oh, los días. Hay días que no te esperas…

