Marisa


Ultras gritando desde las esquinas de la habitación.

Uñas mordidas alrededor

y migas mojadas de sudor.

Cerveza derramada,

frases no acabadas, salen escupidas

por la boca del captor.

Años atrás le dejaste entrar enamorada,

ahora miedo y sumisión.

Rencor,

recorre el río de sangre que transcurre en su interior.

Y de repente,

¡Gooool!

El corazón no miente,

sólo languidece cuando ve al monstruo saltando en el salón.

Corre al baño asustada, vomita, hoy querrá revolcón.

“¿Marisa dónde estás? La mesa se ha manchado. ¡Límpiala, copón!”.

Día contra la violencia machista by La india del Cibao Marisa

¿Marisa para qué vas?

¿De nuevo te dejarás engañar?

Ese asco no es normal.

Tantas ansias de libertad y sueños de amor

chocan con tu anhelo de paz y ese mal que te trae el dolor.

Él, ajeno a toda razón ya que no existen en su interior,

con indiferencia allana su situación.

Mientras tu conciencia carga con toda la mierda

él obtiene lo que quiere de la vida.

Pero nada importa ya,

el partido acaba,

el minuto noventa llega

y lo que es peor,

su animal instinto sexual,

impregnado de tu repugnancia,

se despierta.

Ahora el dolor es su color

y el miedo tu olor,

la casa tu prisión y la cama,

la celda que te atrapa,

que te atasca en esta vida gobernada por la mentira.

¿Marisa, cuenta no te das?

Expulsada de la alegría estás,

en ti, la confianza tiene retirada.

Da igual, guiado por el deseo, el de las cadenas se acerca sin pensar.

No le importa lo que te pueda pasar.

Cae el recipiente que sostienes

como si de tu corazón se tratase,

y como este,

no tiene rebote y se rompe.

Así, vacía y seca por dentro te agarrará y en un minuto se saciará.

Su equipo no deja de ganar y tú, no huyes porque crees que es imposible,

pero escapar es tu futuro.

Todavía no lo ves claro aunque por ese cabrón ya no das un duro.

Ahora soportarás su hedor echados entre sabanas.

Tranquila, no durará porque cansada estás de soportar sus problemas.

Grita como un cerdo cuando se corre,

tú desapareces con los ojos cerrados, no le ves, no le sientes.

¿Te ha jodido el sexo y su disfrute?

Así es.

Aunque no será para siempre,

avanzarás dejándole atrás,

más de una página vas a pasar.

No le olvidarás y por supuesto no le perdonarás,

pero serás tú la que venzas.

Él terminará perdido,

solo y abandonado,

tirado en la esquina más oscura de la realidad

mientras tú, Marisa,

triunfas.

Recuerde IMG_2895_opt

Una sola cosa más te queda por hacer.

Él todavía duerme,

sin pijama y con la polla al aire.

Recoges tu ropa en la maleta

y la dejas en la puerta,

regresas por la cocina cogiendo las tijeras

y le cortas sus once centímetros de vergüenza.

Él chilla y grita

y llora y sufre,

no lo pases mal,

se lo merece.

Violencia_machista_3 by Paul Lowry Marisa

Después de llamar a la ambulancia,

te marchas para siempre,

y ya sin duda alguna,

al fin vuelves a SER.

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