El otro día vi a un chico de la plaza de Kiev, estaba muerto junto a unas diez personas más en su misma situación. Cada uno con una bandera ukraniana tapándoles el cuerpo y varias decenas de compatriotas llorándole al viento por sus muertes.
¿Para qué?
Jamás lucharía y ni mucho menos moriría por una bandera. Las familias de esos muertos no comerán, no superarán la pérdida, no secarán sus lágrimas con una bandera. Porque las banderas no secan las lágrimas.

