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	<title>Serie Archives - El Contador de Historias</title>
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	<description>La serie y el juego de mesa de &#34;El Contador de Historias&#34;</description>
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	<title>Serie Archives - El Contador de Historias</title>
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		<title>Capítulo 67 (bis). Recapitulación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Dec 2018 13:06:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diario Creativo]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy no vais a tener un capítulo normal, hoy no os voy a describir lo que ocurre en el Núcleo y sus inmediaciones de forma literaria, hoy no vais a escuchar al Contador o a la Amazona o a Carmen, la profetisa del Ejército de Dios, o a Javier y Atenea de Silicon Abbey, hoy [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy no vais a tener un capítulo normal, hoy no os voy a describir lo que ocurre en el <strong>Núcleo</strong> y sus inmediaciones de forma literaria, hoy no vais a escuchar al <strong>Contador</strong> o a la <strong>Amazona</strong> o a <strong>Carmen</strong>, la profetisa del <strong>Ejército de Dios</strong>, o a <strong>Javier</strong> y <strong>Atenea</strong> de <strong>Silicon Abbey</strong>, hoy no soy el narrador anónimo. Hoy soy <strong>Jorge</strong> y vengo con el reconocimiento de mi culpa y una recapitulación que espero sirva de solución. Así que primero lo importante y eso es mi disculpa, me disculpo por la tardanza entre capítulo y capítulo que ya sé que hace imposible seguir la historia. Y segundo lo también importante pero menos, la hora de recapitular y de daros un pequeño resumen global de la situación actual de los tres asentamientos que comparten zona supervivencia en <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/la-serie-el-contador-de-historias-2/" target="_blank" rel="noopener">El Contador de Historias</a></strong></span>.<img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-1063" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2015/06/favicom.gif" alt="" width="184" height="181" /></p>
<p>En la <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-44-la-ciudad-de-dios/" target="_blank" rel="noopener">Ciudad de Dios</a></strong></span> siguen inmersos en su guerra, con el único objetivo de convertir a sus enemigos de <strong>Silicon Abbey</strong>, ya sea uniéndoles a su causa o transformándoles en químicos que aumenten su ejército. Más allá de esto no hay nada más, el <strong>Núcleo</strong> y sus habitantes por ahora no son más que una mota de polvo insignificante ante la que no merece preocuparse, pero que en el futuro también tendrán que someterse a su nueva fe.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-3210" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/03/Capítulo-44.-La-Ciudad-de-Dios-300x225.jpg" alt="NEON CIUDAD DE DIOS de Rafael Almanza Alonso" width="300" height="225" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/03/Capítulo-44.-La-Ciudad-de-Dios-300x225.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/03/Capítulo-44.-La-Ciudad-de-Dios.jpg 448w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Por su parte en <strong><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-62-silicon-alley-o-la-tecnologia-del-ayer/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">Silicon Abbey</span></a></strong>, con la recién llegada de <strong>Manfred</strong> parece que el equilibrio existente entre <strong>Atenea</strong> y <strong>Javier</strong> se va a romper porque al alemán, nada más llegar, <strong>Atenea</strong> ya le ha mandado una misión personal sin informar y él no se puede negar ya que el amor no conoce de nacionalidades.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-3836" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/trace-3157426_640_opt-300x200.jpg" alt="tecnología trace-3157426_640_opt" width="300" height="200" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/trace-3157426_640_opt-300x200.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/trace-3157426_640_opt.jpg 601w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Por último y por supuesto, más importante, nuestro asentamiento originario donde reside quien le da nombre a la historia, el <strong>Núcleo</strong>. De este lugar muchos hechos os relatado ya y no voy a repetirme pero cómo no quiero discriminarles, también recapitularé su pasado reciente. Los que salieron a la <strong>Ciudad de Dios</strong> han vuelto y no con buenas noticias, los supervivientes del <strong>Núcleo</strong> han descubierto la relación de <strong>Malik</strong> con la gente de <strong>Silicon Abbey</strong> y lo mantienen retenido en una celda improvisada y <strong>Paco</strong>, ¿qué ha sido de <strong>Paco</strong>? Todo lo que saben en el <strong>Núcleo</strong> es que ha desaparecido, aunque vosotros y yo conocemos lo que le ha ocurrido en realidad.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-565" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2015/03/El-contador-de-historias-y-Marta-300x195.jpg" alt="El contador de historias y Marta by Miguel" width="300" height="195" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2015/03/El-contador-de-historias-y-Marta-300x195.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2015/03/El-contador-de-historias-y-Marta-1024x667.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Y esto es todo, en este punto se encuentran cada uno de los asentamientos. A partir de este punto continuaré la historia, que el propio <strong>Contador</strong> contaría, espero que os haya ayudado tanto como a mí a recordar, y me comprometo a llevar de nuevo una periodicidad concreta para los capítulos, aunque aún no sé cuál. Y os aviso de que de aquí en adelante, esto de hablaros directamente queda relegado a un recurso literario ocasional.</p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
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		<title>Capítulo 67. Interrogatorio, segunda parte</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Sep 2018 17:07:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Primera parte del interrogatorio, entre interrogador e interrogado. Contador, lo primero tienes que saber que jamás planearía nada que pudiera perjudicar al Núcleo… El Contador indignado le corta. ¿¡Cómo!? ¿Tú has decidido este acercamiento? Tú les has traído hasta… Ahora el que para al otro es Malik, que con educación se trata de explicar mientras [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-66-el-interrogatorio-primera-parte/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">Primera parte del interrogatorio, entre interrogador e interrogado.<img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-4090" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/622px-Interrogatorio_de_emile_henry_opt.jpg" alt="interrogado Interrogatorio_de_emile_henry_opt" width="518" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/622px-Interrogatorio_de_emile_henry_opt.jpg 518w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/622px-Interrogatorio_de_emile_henry_opt-300x232.jpg 300w" sizes="(max-width: 518px) 100vw, 518px" /></span></a></p>
<p><strong><em>Contador</em></strong><em>, lo primero tienes que saber que jamás planearía nada que pudiera perjudicar al <strong>Núcleo</strong>…</em></p>
<p>El <strong>Contador</strong> indignado le corta.</p>
<p><em>¿¡Cómo!? ¿Tú has decidido este acercamiento? Tú les has traído hasta…</em></p>
<p>Ahora el que para al otro es <strong>Malik</strong>, que con educación se trata de explicar mientras el dedo acusador le señala.</p>
<p><em>No, no, no he tomado ninguna decisión, quería decir que desde que encontré a <strong>Omar</strong> yo pertenezco a donde él pertenezca y jamás buscaría el mal para sus salvadores.</em></p>
<p><em>Puedo aceptarlo, pero entonces ¿cómo nos han encontrado?</em></p>
<p><em>El cómo difícilmente lo voy a poder decir ya que no lo sé, por el contrario, si han venido hasta aquí, es que se han visto obligados a escapar de donde les dejé porque por mucho que puedas enorgullecerte del <strong>Núcleo</strong>, el caserío guipuzcoano donde nos asentamos parecía un sueño hecho realidad.</em></p>
<p><em>¿Se habrán quedado sin recursos y querrán llevarse los nuestros?</em></p>
<p><em>Lo dudo, éramos menos que aquí y teníamos bastante más: coches, gasolina, raciones militares, huertos e incluso, cuando yo me fui, la ganadería ya planificada… vamos, que cuando les dejé teníamos más de lo que necesitábamos…</em></p>
<p><em>Entonces ¿por qué te fuiste?</em></p>
<p><em>Pensaba que ya lo supondrías, de hecho ya te lo conté cuando relaté mi historia, aunque Javier y yo organizamos una fructífera comunidad… </em></p>
<p><em>¿Javier era el militar con el que recorriste la península?</em></p>
<p><em>Sí es él… pues eso, por muy bien que viviésemos, yo tenía que encontrar a <strong>Omar</strong> y a pesar de que <strong>Javi</strong> me trajo en coche a la zona, estuve una temporada sólo hasta que os hallé cuidando a mi hijo por lo que os estaré eternamente agradeci…</em></p>
<p><em>Déjate de hacer la pelota por ahora y continúa hablando ¿Cómo de bien preparados pueden estar?</em></p>
<p><em>¿A qué te refieres?</em></p>
<p><em>Armas, munición, vehículos, gente, instrucción…</em></p>
<p><em>Cómo ya te he explicado, el presente no lo conozco, lo que sí puedo decirte es lo que había cuando me fui: varios utilitarios, un 4&#215;4, armamento militar, un par de ametralladoras, granadas y no sé qué más… vamos, equipamiento no nos faltaba, nuestro grupo no era mucho más grande que los miembros del <strong>Núcleo</strong> y aunque formación militar no tienen, todos saben disparar y más de uno, tiene buena puntería… además nadie debería menospreciar a <strong>Javier</strong>, era de las fuerzas especiales y está más que preparado para destruirnos a todos… aunque no lo hará, es buena gente y durante el apocalipsis químico.</em></p>
<p><em>Entonces son un peligro, están armados, tienen un militar dirigiéndoles y medios para llegar aquí motorizados.</em></p>
<p><em>No, no, no son un peligro, no quería decir eso, sólo te informaba de sus capacidades, en otras palabras, respondía a tus preguntas, si me hubieras preguntado por su carácter, sus personalidades o si son un riesgo para el <strong>Núcleo</strong>, te hubiera dicho que para nada…</em></p>
<p><em>Y entonces me habrías dado tu opinión en vez de datos objetivos que era a por lo que yo venía.</em></p>
<p>El silencio se apropia del espacio y de los dos, el interrogado y el interrogador. Del primero porque se da cuenta de que, aunque para él la cercanía de sus amigos no es mala, su nuevo grupo no va a confiar fácilmente. Y del segundo porque acaba de descubrir un problema, en teoría, equiparable a <strong>Ciudad de Dios</strong>. Es este último quien retoma el interrogatorio con una mezcla de incredulidad y decepción ante el desconocimiento de su interrogado, y a pesar de que había imaginado una versión de sí mismo más violenta, es incapaz de sacarla en frío, de hecho había decidido hablar con <strong>Malik</strong> nada más llegar para aprovechar el rebufo de la excitación y la rabia de la expedición y aun así, nada.</p>
<p><em>Una cosa más he de preguntarte ¿qué sabes de <strong>Carmen</strong>, <strong>Ciudad de Dios</strong> y su ejército? ¿Qué te contó tu amigo el militar sobre ellos?</em></p>
<p>Y por primera vez desde que es interrogado <strong>Malik</strong> se calla, pero no por razones personales como antes, si no porque no tiene ni idea de lo que habla y con la misma sinceridad que ha respondido hasta ahora, su faz muestra ese desconocimiento con total honradez y espontaneidad que el <strong>Contador</strong> acepta como respuesta porque, aunque en su día no le contó todo, en este tiempo sí que ha conocido a <strong>Malik</strong> lo suficiente para reconocer sus gestos y expresiones.</p>
<p><em>De acuerdo, no tienes ni idea sobre el <strong>Ejército</strong> <strong>de</strong> <strong>Carmen</strong>.</em></p>
<p><em>Así es. </em>Reconoce aliviado <strong>Malik</strong> y el Contador se queda en blanco. Tiene la sensación de que por primera vez en la historia, un bando rodeado de guerra tiene como prisionero a un comandante enemigo y no consigue información ni ningún tipo de ventajas estratégica. Y al darse cuenta de esto el alma se le cae a los pies y toda la tensión sufrida en las últimas horas le pasan factura y se siente cansado, muy cansado.</p>
<p><em>Bueno <strong>Malik</strong>, me voy pero imagino que luego volveremos a vernos, eso sí vas a seguir encerrado…<img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-4091" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/402px-Gabriele_Galantara_Un_interrogatorio_in_questura_a_proposito_del_caso_Ferrara_e_C_opt.jpg" alt="interrogado Gabriele_Galantara,_Un_interrogatorio_in_questura" width="400" height="478" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/402px-Gabriele_Galantara_Un_interrogatorio_in_questura_a_proposito_del_caso_Ferrara_e_C_opt.jpg 400w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/402px-Gabriele_Galantara_Un_interrogatorio_in_questura_a_proposito_del_caso_Ferrara_e_C_opt-251x300.jpg 251w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></em></p>
<p>En su mirada ve que el africano necesita una respuesta más, algo que en su momento <strong>Clara</strong> tuvo claro, pero que al <strong>Contador</strong> le está costando entender.</p>
<p><em>Entiéndelo, tienes que quedarte aquí como mínimo hasta que el <strong>Consejo</strong> se reúna…</em></p>
<p><em>Lo sé, lo sé, no es eso…</em></p>
<p><em>Entonces…</em></p>
<p>Aunque se le aprecia cierta vergüenza, decide ser directo.</p>
<p><em>¿Podrá estar <strong>Omar</strong> conmigo? Como esta noche…</em></p>
<p><em>No creo que haya ningún problema, aunque antes tendrá que hacer sus tareas, luego, en su tiempo libre, no creo que nadie le ponga impedimentos.</em></p>
<p><em>Muchas gracias.</em></p>
<p>Esto último, el <strong>Contador</strong>, no lo oye porque ya está saliendo de la celda, se siente derrotado tras la presión de estos días, tan sólo quiere comer algo y echarse una siesta. En cuanto su mente imagina la cama, sus pies cansados le dirigen hacia ahí haciendo que su consciencia olvide el hambre. Lo importante es lo importante.</p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div><em> </em></p>
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		<title>Capítulo 66. El interrogatorio, primera parte</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Sep 2018 14:30:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Núcleo está a pleno funcionamiento con sus tres tareas simultáneas, no tiene tantos miembros: Clara y la Amazona han salido a buscar a Paco, el reencuentro entre el recién llegado Contador y sospechoso Malik está a punto de suceder mientras el resto de supervivientes, continúan con sus labores diarias. Pero ya sabemos lo que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El <strong>Núcleo</strong> está a pleno funcionamiento con sus tres tareas simultáneas, no tiene tantos miembros: <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-65-los-peligros-del-alcohol/" target="_blank" rel="noopener"><strong>Clara</strong> y la <strong>Amazona</strong> han salido a buscar a <strong>Paco</strong></a></span>, el reencuentro entre el recién llegado <strong>Contador</strong> y sospechoso <strong>Malik</strong> está a punto de suceder mientras el resto de supervivientes, continúan con sus labores diarias. Pero ya sabemos lo que han hecho las dos primeras y podemos imaginarnos, después de tantos capítulos, lo que los miembros del <strong>Núcleo</strong> hacen en su <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-21-dia-nucleo-i/" target="_blank" rel="noopener">cotidianeidad</a></span>. Lo que quizás no imaginéis porque sólo está en mi cabeza, es lo que ocurrirá entre el preso y el viejo recolector de pasados. Por eso vamos a dirigir nuestra mirada hasta el <strong>Contador</strong>, aquel que ha vuelto de <strong>Ciudad de Dios</strong> no sólo con la amenaza de la evangelización forzosa si no también con el amor más puro y peligroso recorriendo sus venas,<a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-49-carmen/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;"> ese que con <strong>Carmen</strong></span></a>, surgió a primera vista.<img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-4080" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/food-fire-meat-forge-blacksmith-metalworking-864798-pxhere_opt.jpg" alt="Interrogatorio" width="500" height="333" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/food-fire-meat-forge-blacksmith-metalworking-864798-pxhere_opt.jpg 600w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/food-fire-meat-forge-blacksmith-metalworking-864798-pxhere_opt-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></p>
<p>Siente como la contradicción surgida entre su nuevo amor y su pertenencia completa al <strong>Núcleo</strong>, se apropia de sus pensamientos y en forma de remordimientos que no puede apagar, pues el enamoramiento es incontrolable, enciende un odio hacia sí mismo olvidado hace mucho tiempo. Que sumado a la tensión tras una salida tan ajetreada, transforma su de normal apacible y optimista carácter, por otro arisco y huraño que sorprende a <strong>Malik</strong> desde el mismo momento en que cruza la puerta. Por fortuna <strong>Omar</strong>, que como la mayoría de chavales del <strong>Núcleo</strong> adora al <strong>Contador</strong>, no lo ve porque ya se habían ido a desayunar.</p>
<p>Este cambio de carácter del <strong>Contador</strong> le pilla por sorpresa al recluso, quien toda la información que ha podido recabar sobre esta última salida desde su prisión, han sido los comentarios y bienvenidas del recibimiento a los expedicionarios del asentamiento. Entre los gritos de niños recién despertados y por ende, llenos de energía, entre el repiquetear de los cubiertos del desayuno y los cacharros de la cocina, entre el susurrar de las escobas que a diario necesita un cochambroso edificio como este. Entre otros ruidos, ha discernido comentarios del tipo, <em>he visto bien al <strong>Contador</strong> después del viaje</em>, así que cuando en otra de sus escuchas oye, <em>no le prepares nada a <strong>Malik</strong> que el <strong>Contador</strong> ya le lleva el desayuno</em>, ha pensado que además de comida llevaría una alegre charla. Aunque cuando al fin entra no resulta así.<img decoding="async" loading="lazy" class="size-full wp-image-4079 alignright" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/640px-Gunpowder_Plot_conspirators_opt.jpg" alt="Interrogatorio 2" width="400" height="206" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/640px-Gunpowder_Plot_conspirators_opt.jpg 400w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/09/640px-Gunpowder_Plot_conspirators_opt-300x155.jpg 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></p>
<p>Es cierto que al llegar a la celda está sonriendo y porta un caldero consigo, pero su mirada refleja una actitud diferente.  Quizás sea la segunda vez que le ve así, la primera tras <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-22-expedicion-la-granja-i/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">los signos que dibujó en la <strong>Granja</strong></span></a>, pero los preámbulos del reencuentro se están extendiendo en exceso. Lo mismo debe pensar el <strong>Contador</strong> que raudo se decide a empezar con el, en su personalísima opinión, interrogatorio.</p>
<p><strong><em>Malik</em></strong><em>, ¿qué tal?</em></p>
<p><em><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-56-encerrado/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">Aquí, un poco encerrado</span></a>…  </em>Sonríe en busca de una respuesta positiva, pero no.</p>
<p><em>Entiendo, no es lo normal por aquí, pero claro, algo habrás hecho ¿no?</em></p>
<p><em>Bueno, hacer, hacer, lo que se dice hacer, nada. Puede que haya omitido alguna cosa…</em></p>
<p><em>¿Tienes hambre <strong>Malik</strong>?</em></p>
<p><em>Sí, todavía no he desayunado.</em></p>
<p><em>Pues tienes suerte porque nos hemos vuelto de la <strong>Granja</strong> con este chili con carne, toma, pruébalo…</em></p>
<p>El <strong>Contador</strong> le tira la cazuela enfrente y <strong>Malik</strong> que sí que tiene hambre, la recoge y sin cubiertos pero con las manos, tampoco es que vivan en el más civilizado de los mundos, empieza a comer.</p>
<p><em>He estado pensando en nuestra anterior visita a la <strong>Granja</strong>, aquella en la que matamos, y he recordado esos símbolos escritos en la parte de atrás y a alguien diciendo que era sólo superstición…</em></p>
<p><strong>Malik</strong> frena su apetito y observa a su interlocutor expectante.</p>
<p><em>… pero después pasan los días y unos nuevos vecinos se dan a conocer en esa misma <strong>Granja</strong> cómo regalo de bienvenida, nos ofrecen una cazuela de chili con carne y además… te reconocen como de su grupo…</em></p>
<p>Aunque no grita, pareciera que la más pura rabia meciese esta última frase, que la traición sufrida doliese más al decirlo en alto.</p>
<p><em>¿Por qué me mentiste en la <strong>Granja</strong>? ¿Por qué no nos contaste la verdad desde el principio?&#8230; te acogimos con los brazos abiertos, cuidamos de tu hijo cuando tú no estabas y yo en particular, te defendí ante el <strong>Consejo</strong>… </em></p>
<p>La voz se ha ido cansando conforme sonaban las palabras.</p>
<p><em>Y lo más importante ¿Quiénes son estos amigos tuyos? ¿Son peligrosos?&#8230; Ahora la información, después las preguntas comprometidas…</em></p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div><em> </em></p>
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		<title>Capítulo 65. Los peligros del alcohol</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Jul 2018 13:36:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Contador ya ha entrado en la celda donde han recluido a Malik, tras descubrirse que los nuevos vecinos son sus antiguos compañeros. Pero vosotros, queridos lectores, todavía no tenéis acceso a los hechos que allí acontezcan. Por el contrario sí que conocéis como la Amazona se dirige rauda al interior del Núcleo en busca [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El <strong>Contador</strong> ya ha entrado en la <span style="color: #3366ff;"><em><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-56-encerrado/" target="_blank" rel="noopener">celda</a></em></span> donde han recluido a <strong>Malik</strong>, tras descubrirse que los nuevos vecinos son sus antiguos compañeros. Pero vosotros, queridos lectores, todavía no tenéis acceso a los hechos que allí acontezcan. Por el contrario sí que conocéis como la <strong>Amazona</strong> se dirige rauda al interior del <strong>Núcleo</strong> en busca de quien más la calma, <strong>Clara</strong>, y se ponen al día, las dos tienen más novedades de las hubiesen deseado. Y para finalizar con los tres expedicionarios regresados vamos con <strong>Paco</strong>, quien al llegar no ha encontrado a nadie cercano con el que soltar la <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-51-monjes/" target="_blank" rel="noopener">tensión sufrida en la <strong>Ciudad de Dios</strong></a> </span>aunque ahora… ¿ahora? ¿ahora dónde está?&#8230; En serio ¿cómo se ha podido esconder de mí?&#8230;</p>
<p>Han pasado unos minutos y la <strong>Amazona</strong>, tras solventar sus miedos personales y conocer la nueva situación del padre de <strong>Omar</strong>, marcha por el asentamiento buscando a <strong>Paco</strong>. Unos no le han visto, otros sólo de pasada y los demás dirigen a la <strong>Amazona</strong> en una dirección clara, la cocina. Donde <strong>Carlos</strong>, el responsable, le cuenta que se han saludado al entrar pero que <strong>Paco</strong> le ha pedido que le trajese una venda de la enfermería, que estaba cansado y que mientras le hacía el favor, él aprovecharía para utilizar uno de los cubos de agua para limpiarse una quemadura. Pero al volver, <strong>Paco</strong> ya no estaba ahí y no sabe dónde puede haber ido. La <strong>Amazona</strong> le pregunta.</p>
<p><em>¿Crees qué se ha llevado algo? ¿Aquí o en la despensa?</em></p>
<p>Y <strong>Carlos</strong> responde que ni se lo ha planteado, aunque no tiene problema en echar un vistazo rápido en la despensa, ya que de la cocina no echa nada de menos. La <strong>Amazona</strong> le acompaña y en un par minutos descubren la desaparición de una botella de vino y otra de ron.<img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-3957 size-full" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/07/alcohol-by-Zaheer-Baksh-Photography-24060063701_90f43e248d_z_opt.jpg" alt="alcohol by Zaheer Baksh Photography 24060063701_90f43e248d_z_opt" width="533" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/07/alcohol-by-Zaheer-Baksh-Photography-24060063701_90f43e248d_z_opt.jpg 533w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/07/alcohol-by-Zaheer-Baksh-Photography-24060063701_90f43e248d_z_opt-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 533px) 100vw, 533px" /></p>
<p>Pero… ¿dónde se ha metido <strong>Paco</strong>? Ni yo lo tengo claro, esperad… un segundo… ¿le oís rumiar?</p>
<p><em>El único en quien podía confiar me ha traicionado de la manera más rastrera. Ha tomado partido por una desconocida y ese grupo de fanáticos. ¡Son un peligro! ¡Una amenaza!</em></p>
<p>Sí, es él… ¿de dónde vienen esos pensamientos?&#8230; ¿no es aquel de ahí?&#8230;</p>
<p><strong>Paco</strong> se ha alejado de las defensas perimetrales del <strong>Núcleo</strong> (<em>por eso no le encontraba</em>), ha traspasado el muro tranquilizador por alguna brecha que sólo él conoce y ahora reposa su cuerpo sobre un pequeño cúmulo de piedras que le permiten, hasta cierto punto, otear el horizonte. En el suelo, una botella de <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/La_Rioja_(Espa%C3%B1a)" target="_blank" rel="noopener">Rioja</a></strong></span> rota bajo sus pies que ha teñido la parte inferior de las rocas de un sangriento carmesí. En sus manos el recipiente cristalino del ron y en su boca, su chubasquero, su barbilla y en su organismo, el líquido pardo, dulce y alcohólico que creía necesitar desde el día siguiente en que el <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-39-la-calma-que-precede/" target="_blank" rel="noopener">Contador </a></strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-39-la-calma-que-precede/">l</a><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-39-la-calma-que-precede/" target="_blank" rel="noopener">e aconsejó que lo dejara</a></span>. Sigamos sus reflexiones de nuevo.</p>
<p><em>Me engaño para que dejara de beberrrrgggh…</em></p>
<p>Un regoldo incómodo, doloroso y con masa, detiene sus pensamientos y por lo visto sus reflejos, porque cuando surgen de su interior esos resquicios de vómito y bilis, no se aparta. Le caen por la barba y por el torso, lo segundo no parece importarle, ni lo aprecia, y lo primero lo solventa con su propio brazo. Para quitarse el mal sabor de boca un buen trago del licor cubano, aunque éste esté destilado en <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Albacete" target="_blank" rel="noopener">Albacete</a></strong></span>, tras el cual su rencor vuelve a hacer acto de presencia.</p>
<p><em>Me obligó a dejar de beber, a enfrentarme a mis miedos sobrio, a ser valiente… y en el primer momento en que lo llevo a cabo, cuando siguiendo sus consejos le pongo riendas a mis temores, cuando de forma sencilla nos pongo en situación de solucionar el problema de <strong>Carmen</strong> y su ejército de químicos y locos… el <strong>Contador</strong> no sólo me abandona como también hizo la <strong>Amazona</strong>, si no que con sus santos cojones, va y la defiende, la protege, y no contento con eso, me agrede… ¿se puede ser más falso?</em></p>
<p>Dos minutos sin beber son muchos, <strong>Paco</strong> lo solventa rápido y continua su diatriba.</p>
<p><em>Ahora yo debería pagarles con la misma moneda, traicionarles, clavarles una daga envenenada hasta lo más profundo de su alma… debería irme a la <strong>Ciudad de Dios</strong> y</em> c<em>ontarles nuestros… no, no, no, ya no… contarles vuestros secretos, vuestras debilidades… <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-50-el-ejercito-de-dios/" target="_blank" rel="noopener">unirme a esos fanáticos</a> </span>y olvidarme de todo.</em></p>
<p>El amargo dulzor del ron vuelve a recorrer su garganta.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-3958" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/07/alcohol-hand-glass-cup-drink-lighting-cup-1163944-pxhere_opt-300x200.jpg" alt="alcohol hand-glass-cup-drink-lighting-cup-1163944-pxhere_opt" width="400" height="267" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/07/alcohol-hand-glass-cup-drink-lighting-cup-1163944-pxhere_opt-300x200.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/07/alcohol-hand-glass-cup-drink-lighting-cup-1163944-pxhere_opt.jpg 600w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></p>
<p><strong>Clara</strong> y la <strong>Amazona</strong> llevan un par de horas recorriendo las cercanías del <strong>Núcleo</strong> en busca de <strong>Paco</strong>, el resto, para no correr riesgos, lo están haciendo por el interior del asentamiento. Las dos tienen claro que no se van a alejar más de lo que ya han hecho y que si en este último tramo de su partida de búsqueda no lo encuentran, esperarán a que vuelva o a lo que venga, preparados. De repente, a cierta distancia, uno de los pocos rayos de sol existentes bajo la oscura tormenta se refleja en un charco rojizo y con el aspecto de alimento vampírico. Se extiende en la parte baja de un pequeño grupo de rocas y por supuesto, les llama la atención. Se acercan y escudriñan el lugar tratando de encontrar algún indicio de donde está <strong>Paco</strong>, ya que lo que está claro es que ahí se rompió la botella de vino que había robado. Pero no hay más rastro que hierba aplastada que, a pesar de parecer perfecta como prueba, en el transcurso del tiempo vivido ya en el <strong>Núcleo</strong>, la experiencia les ha enseñado a no darle excesiva importancia salvo que estén muy cerca del hogar o sean muchas marcas, eso es lo peligroso, en los demás casos por lo general sólo son químicos perdidos o animales salvajes. Aunque en contra de lo dicho, porque puede que la vida de un compañero esté en juego, tratan de seguir ese mínimo rastro de hierba chafada pero tras dos pasos, la lluvia se lo ha tragado todo. La única conclusión: algo pasó con <strong>Paco</strong> en esas rocas, o se cayó o se defendió de algo. La <strong>Amazona</strong> apuesta por la primera opción después de haber conocido de su alcoholismo en <strong>Ciudad de Dios</strong> y de su egoísmo por el robo y desaparición actual, el peor momento posible. Terminan la infructuosa ronda y deciden que, ante la inminencia de la noche, no les queda más remedio que regresar al <strong>Núcleo</strong> y confiar en que <strong>Paco</strong> vuelva por sí mismo.</p>
<p><em>Siempre que no nos traicione o que haya muerto…</em></p>
<p>Se les oye decir mientras entran de nuevo al asentamiento.</p>
<p>Como si dos placas tectónicas se hubieran tocado, su piel se resquebraja en cañones de músculo y carne desgarrada. Cual <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Desmembramiento" target="_blank" rel="noopener">martirio de <strong>San Hipólito</strong></a></span>, sus miembros se estiran como plastilina por la fuerza con la que estiran, y como la plastilina, empiezan a romperse, a desprenderse. Reconoce cachos de sí mismo que se esparcen a modo de sobras a su alrededor, nota su alma dividida en cada uno de ellos, pareciesen los restos de un meteorito, tan grande antes de enfrentarse a la atmósfera, a la realidad. Sus ojos se elevan a un mundo superior tornándose blancos, el éxtasis de la muerte se ha apropiado de su mirada pero no de su oído que, oculto por la vegetación y a una distancia respetable del resto de <strong>Paco</strong>, alcanza a escuchar.</p>
<p><em>Siempre que no nos traicione o que haya muerto…</em></p>
<p>Entre gruñidos y atragantamientos químicos, su ser, que se desvanece a cada mordisco que recibe, consigue articular un pensamiento por última vez.</p>
<p><em>¿Serán de los que convierten o de los que sólo comen?&#8230; Convertidme, convertidme y dadme el mínimo instinto para ir a por el <strong>Contador</strong> y darle el castigo que merece…</em></p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div><em> </em></p>
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		<title>Capítulo 64. Toda guerra tiene su explicación</title>
		<link>https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-64-toda-guerra-tiene-su-explicacion/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 May 2018 12:30:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las presentaciones han terminado y tras un breve paso por la enfermería para cerrar el agujero de bala de su hombro, como si volviese de la guerra, a Manfred le dan de cenar y después le acompañan a su cama, en el dormitorio que comparte con otros miembros del asentamiento a los que no conoce. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Las <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-63-atenea/" target="_blank" rel="noopener">presentaciones</a></span> han terminado y tras un breve paso por la enfermería para cerrar el agujero de bala de su hombro, como si volviese de la guerra, a <strong>Manfred</strong> le dan de cenar y después le acompañan a su cama, en el dormitorio que comparte con otros miembros del asentamiento a los que no conoce. Esa misma noche un enviado de <strong>Atenea</strong> le despierta con estas palabras.</p>
<p><em>¿Eres tú el alemán al que llaman <strong>Manfred</strong>, no? Levanta y ven conmigo en silencio, <strong>Atenea</strong> quiere hablarte a solas.</em></p>
<p>Al antiguo conductor no le queda a otra opción que obedecer, además al escuchar el nombre de la que ya es el amor de su vida, no puede negarse, el corazón no se lo permite y en la oscuridad, en silencio y dirigido como si de un ciego se tratase, llega de nuevo a la habitación de la pistolera. Pareciera que nunca duerma, sus ojeras y su continua actividad así lo demuestran. Una vez el guía abandona el lugar, <strong>Manfred</strong> espera callado junto a la pared, admirando no sólo la belleza que desprende, también la resolución de sus gestos y su mirada en lo que parece un debate interno causado por el mapa que preside la sala. No para de señalar distintos puntos del mismo, que da la casualidad, forman una cruz cristiana y añadida al foco que la baña con su luz desde atrás, le da el aspecto de una virgen predicando bajo el manto divino y <strong>Manfred</strong> disfruta de este toque herético y algo lascivo que acompañará por siempre la imagen de su amada en su recuerdo.</p>
<p>Pero todo esto pierde importancia cuando <strong>Atenea</strong> sale de su éxtasis y se percata de la nueva presencia. Sin mostrar ápice de sorpresa su faz se transforma al cargarse de amabilidad, y con la simpatía por bandera y una sonrisa tan perfecta como increíble para el post-apocalipsis, le habla tal y como el guía que ha despertado a <strong>Manfred</strong>, le había avisado.</p>
<p><em>Hombre, ya estás aquí, buenas… ¿qué hora es?</em></p>
<p><em>No sé, de madrugada…</em></p>
<p><em>Bueno, pues buenas madrugadas. Lo primero es darte las gracias por venir, espero que no te hayan molestado las formas pero es que he de hablar contigo a solas, porque no sé si sabes que eres especial, eres un recién llegado a estas tierras donde lo creas o no, estamos batallando en una guerra de influencias sobre un asentamiento cercano al que bautizaron como el <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-21-dia-nucleo-i/" target="_blank" rel="noopener">Núcleo</a></strong></span>. Aunque este pequeño lapso de diplomacia, sólo es una fase en la verdadera guerra, la que nos enfrenta a <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-49-carmen/" target="_blank" rel="noopener">Carmen</a></strong></span>, una química venida a monja que no lleva persiguiendo casi desde el día en que nos cruzamos con ella…</em></p>
<p><strong>Manfred</strong> escucha ensimismado por esos ojos grises tan claros que casi parecen del color de la luna llena.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-3882 size-full" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/guerra-puzzle-1713214_1280_opt.jpg" alt="guerra puzzle-1713214_1280_opt" width="763" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/guerra-puzzle-1713214_1280_opt.jpg 763w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/guerra-puzzle-1713214_1280_opt-300x157.jpg 300w" sizes="(max-width: 763px) 100vw, 763px" /></p>
<p><em>Lo primero que debes saber sobre esa mujer desquiciada, es que en su locura y en, hay que reconocerlo, su genialidad, descubrió una fórmula química con la que controlar a los químicos, valga la redundancia. Y lo segundo, que a pesar de que el logro fue por completo suyo, ella se lo atribuyó a Dios y le dio categoría de milagro, erigiéndose como la lideresa de una guerra santa contra el resto de supervivientes que encuentra y que no quieren aceptar a los “químicos” como otra parte del plan de Dios para la humanidad, como si tuviésemos que incluirlos en nuestra nueva sociedad… ¿te lo puedes creer?</em></p>
<p><strong>Manfred</strong> asiente rápido con la esperanza de no dejar de oír esa voz tan particular.</p>
<p><em>Mi grupo se encontró con el suyo por primera vez al norte, mientras recorríamos la costa cantábrica en busca de un lugar donde devolver a la raza humana a la cúspide de la pirámide a través de nuestra tecnología, la que antaño nos hizo grandes… es cierto que cuando hablé con ella en aquel primer momento surgió una animadversión insana, pero en cuanto le conté nuestro propósito, ella comprendió que era antagónico al suyo y después de intentar convencernos con la palabra, nos amenazó y comenzó a perseguirnos, con sus huestes de químicos, sus rebaños…</em></p>
<p><strong>Manfred</strong>, en su enamoramiento, es incapaz de siquiera imaginar, que ninguna de sus palabras sea falsa.</p>
<p><em>En nuestra huida encontramos al grupo de <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-14-la-historia-de-malik-y-omar/" target="_blank" rel="noopener">Javier</a></strong></span>, ese pelirrojo que te halló y te trajo aquí. Estaban bien cobijados en un caserío guipuzcoana, bajo la protección y el liderazgo de <strong>Javier</strong>, que en el pasado fue miembro de las fuerzas especiales y nos ofrecieron ayuda. Por un tiempo pareció que habíamos perdido a <strong>Carmen</strong> y sus rebaños, estuvimos unos días tranquilos en los que compartimos nuestras experiencias, acordamos una alianza en la que ellos nos protegerían en su asentamiento, mientras nosotros buscábamos la cura al desastre en el que vivimos. Si los humanos lo causamos, seremos los humanos quienes lo solucionemos…</em></p>
<p><strong>Manfred</strong> disfruta del relato admirando su retórica.</p>
<p><em>Pero finalmente <strong>Carmen</strong> nos encontró, asediaron nuestro hogar y tras una sangrienta lucha, que no voy a recordar porque perdimos amigos… perdimos y escapamos, tuvimos que abandonar mucho equipo que ahora echamos en falta… en fin… En la huida, <strong>Javier</strong> me contó su as en la manga para, si como ocurría en ese momento su base era devastada por los químicos, no volver a deambular sin dirección. Me contó que casi al comienzo del fin de la civilización hizo un amigo, me contó que se llamaba <strong><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-8-la-historia-de-malik-i/" target="_blank" rel="noopener">Malik</a></strong> y que se había ido de la que, en esa época, todavía era zona segura, en busca de su hijo… creo que se llamaba <strong>Omar</strong>… me contó que <strong>Malik</strong> le ayudó a crear ese asentamiento que dejábamos atrás y que él le ayudó a encontrar a su hijo. Y también me contó que ahora vivía en un asentamiento pacífico, al sur de lo que antes era <strong>Aragón</strong>, y que sabía dónde estaba y que buscaríamos su ayuda. Dejamos atrás a <strong>Carmen</strong> gracias a nuestros vehículos, ya que solía dirigir sus rebaños a caballo y a pie… aunque sabemos a ciencia cierta que ya no es así… llegamos a la zona y tras encontrar un mensaje de <strong>Malik</strong> en la granja donde también te encontramos a ti, tuvimos la fortuna de encontrar este oasis de tecnología en el desierto rural. Nos hemos asentado aquí pero aun no nos hemos puesto en contacto con los miembros del <strong>Núcleo</strong>, aunque tenemos que acelerar ese proceso porque <strong>Carmen</strong> ha llegado a la zona, y a sabiendas de que estamos cerca, se ha hecho fuerte en una <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-44-la-ciudad-de-dios/" target="_blank" rel="noopener">Ciudad</a></strong></span> cercana… y ahora, después de sincerarme contigo, después de tu gran respuesta a mi prueba del disparo, después de que me impresionaras…</em></p>
<p>El corazón de <strong>Manfred</strong> da un vuelco, no puede ser más feliz.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-3881" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/guerra-chess-1709621_1280_opt.jpg" alt="guerra chess-1709621_1280_opt" width="667" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/guerra-chess-1709621_1280_opt.jpg 667w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/05/guerra-chess-1709621_1280_opt-300x180.jpg 300w" sizes="(max-width: 667px) 100vw, 667px" /></p>
<p><em>Quiero que me hagas el favor de quedarte con nosotros, mejor dicho conmigo. Quiero que me asesores y que, aprovechando la distancia a la situación que te da el desconocimiento, me aconsejes de forma objetiva… porque, a pesar de que en mi vida ha ocurrido poco, últimamente estoy dejando que mi mente analítica se esconda bajo el manto de los sentimientos… necesito tu ayuda porque mis compañeros ya han sufrido la ira de <strong>Carmen</strong> y quieren desquitarse, pero dejarse llevar por la venganza es el camino más rápido a la muerte… aunque por otro lado, yo también quiero revancha… y ello me está imposibilitando la toma razonada de decisiones… ¿te parece bien ayudarme?</em></p>
<p>Mientras asiente <strong>Manfred</strong> sólo alcanza a decir.</p>
<p><em>Por supuesto… No dejaré que nadie te haga daño, jamás.</em></p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
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		<title>Capítulo 63. Atenea</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Apr 2018 08:14:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los dos entran en la habitación donde Atenea pasa la mayoría del tiempo, la luz de la sala reside en media docena de flexos repartidos estratégicamente, que a modo de focos, iluminan distintos espacios. Manfred recorre con la mirada cada uno de ellos, en búsqueda de la tal Atenea, a  la que no encuentra al [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-62-silicon-alley-o-la-tecnologia-del-ayer/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;"><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-3855" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/vienna-1382700_640_opt.jpg" alt="Atenea vienna-1382700_640" width="400" height="533" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/vienna-1382700_640_opt.jpg 400w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/vienna-1382700_640_opt-225x300.jpg 225w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" />Los dos entran en la habitación</span></a> donde <strong>Atenea</strong> pasa la mayoría del tiempo, la luz de la sala reside en media docena de flexos repartidos estratégicamente, que a modo de focos, iluminan distintos espacios. <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-61-manfred/" target="_blank" rel="noopener">Manfred</a></strong></span> recorre con la mirada cada uno de ellos, en búsqueda de la tal <strong>Atenea</strong>, a  la que no encuentra al principio. Lo que sí encuentra son mesas repletas de papeles y ceniceros a su vez, llenos de colillas, sin duda alguna uno de los lujos más difíciles de conseguir hoy en día. En el suelo, aparte de esa suciedad que todo lo cubre provocada por los generadores, sobresale un colchón viejo y muy usado y en la última pared a la que arriban sus ojos, un mapa ampliado de la zona preside la habitación. Está cubierto de chinchetas, pegatinas y papeles indicando peligros, puntos de interés u otros aspectos que <strong>Manfred</strong> no comprende.</p>
<p>A quien sí comprende es a su corazón, que da un vuelco cuando al fin conoce a <strong>Atenea</strong>, que aparece de entre las sombras y el humo del cigarro acogido entre sus labios, que carnosos y del color de las fresas, son los que <strong>Manfred</strong> siempre había soñado para su mujer perfecta, quien, da la casualidad, también comparte el resto de rasgos de <strong>Atenea</strong>. Es joven pero no inexperta, en plena treintena su pelo mantiene el tono caoba natural tan difícil de encontrar en el <span style="color: #3366ff;"><em><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Europa_septentrional" target="_blank" rel="noopener">norte de Europa</a></em></span>, sus ojos son profundos pero tan claros que si no existiese el gris, serían blancos, y su nariz le da una delicada personalidad a la preciosa cara que mantiene a <strong>Manfred</strong> atónito, de nuevo. Tanto es así que tienen que pasar varios segundos antes de que repare en que esa belleza, ya adorada hasta la eternidad, reside sobre un cuerpo, y qué cuerpo, no es alta y no es voluptuosa y aun así, es lo más atractivo que ha visto en su vida. <strong>Atenea</strong> fuma a la espera de las presentaciones pertinentes, su figura despide un aura que mezcla ternura y dureza a partes iguales y que despierta en <strong>Manfred</strong> el sentimiento más nítido que nunca haya reconocido en su interior, se ruboriza, es más que amor, es devoción.</p>
<p><span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-14-la-historia-de-malik-y-omar/" target="_blank" rel="noopener">Javier</a></strong></span> habla comenzando con las salutaciones.</p>
<p><em>Traigo buenas noticias, <strong>Atenea</strong>, y puede que un nuevo compañero, este es…</em></p>
<p>Antes de que termine, el alemán, <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-60-el-conductor-sin-vehiculo/" target="_blank" rel="noopener">el antiguo conductor</a></span>, el ahora enamorado, se abalanza hacia la fumadora, las palabras se le agolpan en la boca.</p>
<p><strong><em>Manfred</em></strong><em>, soy <strong>Manfred</strong> y no dejaré que nadie te haga daño, jamás…</em></p>
<p><strong>Atenea</strong> mientras tanto ha sacado una pistola, le ha quitado el seguro y en cuanto considera que el recién llegado sobrepasa los límites, le descerraja un tiro en pleno hombro.<img decoding="async" loading="lazy" class="alignright wp-image-3854 size-full" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/367px-Karel_Dujardin_-_Pallas_Athene_Visits_Invidia_1652_opt.jpg" alt="Atenea Karel_Dujardin Pallas_Athene_Visits_Invidia,_1652" width="400" height="523" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/367px-Karel_Dujardin_-_Pallas_Athene_Visits_Invidia_1652_opt.jpg 400w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/367px-Karel_Dujardin_-_Pallas_Athene_Visits_Invidia_1652_opt-229x300.jpg 229w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></p>
<p><strong>Manfred</strong> grita asustado y dolorido por supuesto, y por sorpresa, incluso para él, algo excitado. <strong>Atenea</strong> habla por primera vez con una voz que se corresponde con su figura, dulce pero ronca por el tabaco.</p>
<p><em>Todo acto tiene una consecuencia, toda acción, una reacción y tú acabas de romper los términos que gobiernan este asentamiento desde que los dos grupos nos aliamos contra esa falsa monja, esa química desquiciada…</em></p>
<p><strong>Manfred</strong> escucha y sonríe y arrastrándose por el suelo, se aleja de ella y le dice.</p>
<p><em>He aprendido <strong>Atenea</strong>, perdón. </em>Y después repite.<em> No dejaré que nadie te haga daño, jamás.</em></p>
<p><strong>Atenea</strong> le devuelve la sonrisa y es que, algunas personas tienen una visión enfermiza del amor, pero que si los implicados la comparten, quién puede negar que sea amor. Yo desde luego no.</p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
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		<title>Capítulo 62. Silicon Abbey o la tecnología del ayer</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Apr 2018 07:35:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Manfred observa sorprendido el centro urbano al que le han traído Rasca, Pica y Javier, y que el primero de estos tres últimos ha presentado como Silicon Abbey, a lo que el segundo ha respondido con sarcasmo indisimulado, esto no es más que tecnología del ayer. Aunque las afueras están por completo abandonadas, sus entrañas, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-59-el-descapotable/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;"><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-3834" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/graphene-3193185_1280_opt.jpg" alt="tecnología graphene-3193185_1280_opt" width="400" height="249" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/graphene-3193185_1280_opt.jpg 400w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/graphene-3193185_1280_opt-300x187.jpg 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" />Manfred</span></a></strong> observa sorprendido el centro urbano al que le han traído <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-61-manfred/" target="_blank" rel="noopener">Rasca, Pica y Javier</a></strong></span>, y que el primero de estos tres últimos ha presentado como <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-57-chili-los-vecinos/" target="_blank" rel="noopener">Silicon Abbey</a></strong></span>, a lo que el segundo ha respondido con sarcasmo indisimulado, <em>esto no es más que tecnología del ayer</em>. Aunque las afueras están por completo abandonadas, sus entrañas, lo que antes se conocía como lo <strong>Viejo</strong>, es ahora un hervidero de personas trotando de un lado para otro. Vamos, lo que también era antaño. A pesar de no conocer si en otra época fue considerado pueblo o ciudad, el antiguo conductor sabe que en su <strong>Alemania</strong> natal, sería un pueblo sin duda y aunque las aberraciones se hayan apoderado del mundo, no se aprecian cambios en su modo de vida. Pareciera que la desgracia química nunca hubiera sucedido.</p>
<p><span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-14-la-historia-de-malik-y-omar/" target="_blank" rel="noopener">Javier</a></strong> </span>saluda a todos los guardianes que les abren las distintas defensas protectoras, desde vallas electrificadas hasta gruesas puertas de madera, pasando por las típicas barreras de los garajes de años más tranquilos. Las que en su origen se abrían de manera automática, siguen haciéndolo y cuanto más se introducen en el asentamiento, más aparatos y máquinas funcionan con normalidad. Algo que por supuesto resulta extraño en estos días, ya que si alguna tecnología había quedado obsoleta tras el minuto uno después de la caída del mundo occidental, era cualquiera eléctrica. Pero aquí no, aquí se escuchan generadores por  todos los lados y el ambiente está  viciado y oscurecido por el humo de la gasolina quemada. Aun así todos los presentes lo aceptan como lo más normal, <em>qué derroche</em>, llega a pensar por su parte <strong>Manfred</strong> antes de que <strong>Javier</strong> le introduzca en una sala con ordenadores, tres ni más ni menos, todos funcionales y funcionando bajo el baile de lo que parecen dedos expertos. <strong>Javier</strong> se gira para ofrecer una explicación aunque parece contrariado por la intensa actividad de la sala.</p>
<p><em>Esta es la sala de ordenadores, como puedes observar. Desde aquí nos mantenemos informados y sobre todo, continuamos con la búsqueda de una cura para los químicos…</em></p>
<p>La cara de asombro y duda de <strong>Manfred</strong>, fuerza a Javier a explayarse, por mera educación.</p>
<p><em>Todo esto es idea de <span style="color: #3366ff;"><strong><a style="color: #3366ff;" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Atenea" target="_blank" rel="noopener">Atenea</a></strong></span>, en su grupo hay tres informáticos expertos y cuando en nuestra huida encontramos este extraño lugar, en apariencia una pequeña ciudad turolense, pero que ocultaba potentes servidores conectados a una red de seguridad que aún está activa y en donde esperan, y yo sueño con que lo consiguen, hallar la fórmula que utiliza esa monja loca para controlar a su ejército de monstruos…</em></p>
<p>Entonces <strong>Javier</strong> vuelve a percatarse de que de nuevo está liando al alemán, que se mantiene estupefacto a su lado ante tanta tecnología.</p>
<p><em>Ven conmigo, será mejor que hablemos con <strong>Atenea</strong>, más sencillo… yo es que soy un hombre de acción y esto de hablar y estar parados  se me hace cuesta arriba… ¿Me entiendes?&#8230; <strong>Manfred</strong>, sígueme.</em></p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-3836" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/trace-3157426_640_opt.jpg" alt="tecnología trace-3157426_640_opt" width="601" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/trace-3157426_640_opt.jpg 601w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/04/trace-3157426_640_opt-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 601px) 100vw, 601px" /></p>
<p>La pareja avanza hacia una puerta lateral, mientras los tres informáticos, sin girarse siquiera y en ningún momento ante su presencia, continúan absortos en sus ordenadores. De nuevo <strong>Manfred</strong> tiene esa sensación, pareciese que nunca hubiera sucedido el apocalipsis de aquella sociedad, de pantallas brillantes, <em>millenials</em> y redes sociales, en la que seguro supieron asentarse bien. El traqueteo del teclado queda atrás cuando <strong>Manfred</strong> y <strong>Javier</strong> cierran la puerta. Sus pasos retumban en el vacío del pasillo por el que avanzan, dejan en esa habitación un ambiente lleno de un hollín casi inapreciable, debido a los generadores que toda esta informática necesita, y que ha teñido las paredes de sucio gris.</p>
<p>Y arriban a otra puerta y <strong>Javier</strong> la golpea con sus nudillos y dice.</p>
<p><strong><em>Atenea</em></strong><em>, te quiero presentar a alguien, vamos a entrar.</em></p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
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		<title>Capítulo 61. Manfred</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Feb 2018 09:36:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La primera parte del viaje hasta el asentamiento es silenciosa y al conductor sin vehículo, esto le pone nervioso. Ha subido al descapotable porque cualquier opción es mejor que quedarse sólo en este desconocido ambiente y sin nada más que su ropa. Intenta recordar el nombre del que manda en el grupo, ese imponente y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright wp-image-3762 size-medium" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/02/flag-2037711_640_opt-212x300.png" alt="manfred" width="212" height="300" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/02/flag-2037711_640_opt-212x300.png 212w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/02/flag-2037711_640_opt.png 283w" sizes="(max-width: 212px) 100vw, 212px" />La primera parte del viaje hasta el asentamiento es silenciosa y al conductor sin vehículo, esto le pone nervioso. Ha subido al descapotable porque cualquier opción es mejor que quedarse sólo en este desconocido ambiente y sin nada más que su ropa. Intenta recordar el nombre del que manda en el grupo, <span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-60-el-conductor-sin-vehiculo/" target="_blank" rel="noopener">ese imponente y pelirrojo ser</a> </span>que tiene sentado a su lado. Se ha presentado hace unos minutos, pero los nervios por la emboscada parecen haberle borrado la memoria. Por suerte, el barbudo con la <em>AK</em> entre sus manos vuelve a hablar.</p>
<p><span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-14-la-historia-de-malik-y-omar/" target="_blank" rel="noopener"><em>Mi nombre es <strong>Javier</strong></em></a></span><em>… ¿Me entiendes? Daba por hecho que así era…</em></p>
<p>El antiguo dueño del coche en el que van, responde asintiendo con la cabeza.</p>
<p><em>Entonces… ¿Por qué no te presentas? Pensaba que en Europa la educación era norma… ya sabes, por tu acento he imaginado que…</em></p>
<p><em>Ja… ja… tienes razón… me llamo <strong>Manfred</strong> y perdón por mi faltar modales…</em></p>
<p><em>No hay problema y dime ¿de dónde eres?</em></p>
<p><em>Deutschland…</em></p>
<p><em>¡Ah! Alemania.</em></p>
<p>El piloto y el copiloto llevan todo el camino echándose pullas y, ahora mismo, han llegado a los gritos, aunque en sus caras, <strong>Manfred</strong> aprecia atisbos de sonrisas y complicidad. <strong>Javier</strong>, con poderosa e imperativa voz, los manda callar.</p>
<p><em>¡<strong>Rasca</strong>! ¡<strong>Pica</strong>! A callar ya, o es qué queréis llamar todavía más la atención.</em></p>
<p>Raudos acatan la orden y el pelirrojo continúa hablando con <strong>Manfred</strong>.</p>
<p><em>¿Vivías aquí o es qué el fin del mundo te pilló quemándote en nuestras playas?</em></p>
<p><em>Nein, nein… yo vivía en Almania ¿así decís? Cuando los químicos surgieron, sobreviví y marché de la ciudad que odiaba, hacía el lugar que siempre había querido conocer, esto penínuslo… quería ver lo que todos habían visto y yo nunca…<img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter wp-image-3763 size-medium" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/02/germany-flag-2690955_640_opt-300x200.jpg" alt="manfred" width="300" height="200" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/02/germany-flag-2690955_640_opt-300x200.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2018/02/germany-flag-2690955_640_opt.jpg 601w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></em></p>
<p><em>Ya está bien <strong>Manfred</strong>, gracias por contarme tanto de ti, pero será mejor que respondas</em><em> a cosas más concretas… ¿Cuánto tiempo hace qué estás por la zona?</em></p>
<p><em>Acabo llegar.</em></p>
<p><em>¿Estás sólo?</em></p>
<p><em>Ja.</em></p>
<p><em>¿Cómo has sobrevivido? Sólo como estás, digo… he de reconocerte que hasta cierto punto me sorprende, no he conocido a muchos que lo hayan conseguido sin un grupo que les proteja.</em></p>
<p>La sorpresa se apropia de la cara de <strong>Manfred</strong>, no se lo había planteado hasta ahora, y a pesar de haber pasado algunas situaciones peliagudas, nunca había sufrido para huir de ellas pisando el acelerador.</p>
<p><em>No sé, no tengo plan, no tengo estrategia, improviso y acelero y hasta hoy, había escapado.</em></p>
<p><em>Bueno, pues tranquilo, si no conoces a esa </em><span style="color: #3366ff;"><a style="color: #3366ff;" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-49-carmen/"><em>monja asesina de <strong>Carmen</strong></em></a></span><em>, podrás estar con nosotros… siempre que te aceptemos, cumplas las normas y sobre todo, colabores en las que serán tus nuevas obligaciones.</em></p>
<p><em>¿Tengo opción otra?</em></p>
<p><em>Por supuesto, pero primero tendrás que venir con nosotros, aunque no lo sepas, estamos en zona de guerra y no vamos a parar hasta llegar a casa… a lugar seguro.</em></p>
<p><strong>Manfred</strong> se resigna y observa el paisaje pasar, ¿qué más puede hacer?</p>
<p><em>¡<strong>Rasca</strong>! ¡<strong>Pica</strong>! En serio, callaros de una vez, no es momento para vuestras tonterías…</em></p>
<p><strong>Javier</strong> se gira con curiosidad hacia <strong>Manfred</strong>.</p>
<p><em>Por cierto, ¿cómo se llamaban </em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Itchy_and_Scratchy"><strong><em>Rasca</em></strong><em> y <strong>Pica</strong></em></a><em> en Alemania? Ya sabes, los dibujos de los <strong>Simpsons</strong>.</em></p>
<p><em>Nunca me gustaron los <strong>Simpsons</strong>.</em></p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-61-manfred/">Capítulo 61. Manfred</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com">El Contador de Historias</a>.</p>
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		<title>Capítulo 60. El conductor sin vehículo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Oct 2017 08:52:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El dueño del descapotable se acerca hasta la Granja de donde ha surgido el disparo que ha levantado su curiosidad, dormida respecto a los humanos desde hace tanto tiempo. Es lo suficientemente previsor o desconfiado, sinónimos en estos días químicos, como para esconder y camuflar su vehículo, sin lugar a dudas su más preciado tesoro. [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-3588" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/10/conductor-wood-sculpture-art-bronze-carving-mythology-993297-pxhere.jpg" alt="conductor" width="533" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/10/conductor-wood-sculpture-art-bronze-carving-mythology-993297-pxhere.jpg 533w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/10/conductor-wood-sculpture-art-bronze-carving-mythology-993297-pxhere-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 533px) 100vw, 533px" />El dueño del descapotable se acerca hasta la <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-22-expedicion-la-granja-i/" target="_blank" rel="noopener"><strong><span style="color: #3366ff;">Granja</span></strong></a> de donde ha surgido el disparo que ha levantado su curiosidad, dormida respecto a los humanos desde hace tanto tiempo. Es lo suficientemente previsor o desconfiado, sinónimos en estos días químicos, como para esconder y camuflar su vehículo, sin lugar a dudas su más preciado tesoro. Lo hace bien ya que la experiencia siempre es un grado y él tiene mucha, el camino hasta aquí ha sido largo y ha tenido que investigar muchos antiguos asentamientos, sabe que ha de escoger un lugar con una hondonada porque cubrir tanto el coche, como el remolque con ramas grandes y frondosas. Como en su día <strong>Malik</strong> y el <strong>Contador</strong> se percataron del depósito acuífero subterráneo que alberga el suelo de la <strong>Granja</strong>, el conductor también lo hace y aprovecha esa espesura para acercarse a la misma sin que desde ella se le vea. La escena que ha producido el disparo ya se ha desvanecido, pero su consecuencia sigue <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-32-el-regreso-de-la-expedicion/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">echada e</span> <span style="color: #3366ff;">inerte</span></a>, cerca del pabellón que acompaña al propio edificio que da nombre al lugar. Tras esperar un rato, tanto como la prudencia le indica, se acerca hasta el cadáver de <strong>Mariano</strong> aunque por supuesto no conoce su nombre, lo revisa por todos sus cavidades (<em>si antaño ya éramos carroñeros, en esta vuelta a las cavernas no iba a ser diferente</em>) y en la lejanía, sobre una colina aprecia las sombras de cuatro personas alejándose. Él no sabe quiénes son pero nosotros sí, el <strong>Contador</strong>, la <strong>Amazona</strong>, <strong>Malik</strong> y <strong>Paco</strong>, aunque esto no tiene ningún valor para la historia que aquí se cuenta, ya que en ningún momento hablará con ellos. Nada interesante saca del cuerpo muerto.</p>
<p><em>Quizás pueda utilizar alguna de sus ropas, estos pantalones parecen recios y si limpio este chaleco, lo podré rasgar para hacer harapos, que al final sirven para todo.</em></p>
<p>Cómo todo a su alrededor parece en calma, decide entretenerse un poco y husmear en la propiedad, pudiera ser que todavía guardase algún secreto. Salvo algunos tornillos del tamaño adecuado, lo único que llama su atención son los restos humanos o químicos que descansan en el interior de la residencia.</p>
<p><em>¿Qué tipo de químico sería este? Debería hacer un compendio con todos los que he conocido, sería de ayuda.</em></p>
<p>Nada más puede sacar el conductor de un lugar que es la antítesis de su vida actual, él vive en la carretera en constante movimiento, qué puede ser más contrario al sedentarismo (<em>sin aspectos negativos</em>) de quien vive de la agricultura. El recién llegado a la <strong>Granja</strong> vuelve a su descapotable por el mismo y frondoso camino que le trajo, pero esta vez, entre la maleza, percibe movimiento. En su interior crece cierto temor aunque su cabeza, ante el poco ruido generado le convence de que ha tenido que ser algún animal, un pequeño roedor o un pájaro. A pesar de verlos de ciento en viento sabe que aun existen. No detiene su marcha hasta que llega a su vehículo, que sigue oculto y en el que advierte algo extraño, pequeños detalles en las ramas sobre las que también concibe la posibilidad de que una ráfaga de viento las haya movido. Comienza a quitar el camuflaje cuando a su espalda suena una voz dura y ronca.</p>
<p><em>Date la vuelta con las manos en alto.</em></p>
<p>Cumple las órdenes y al girarse ve a un barbudo pelirrojo, sostiene una <em>AK-47</em> sin el seguro puesto y viste ropa militar.</p>
<p><em>No queremos hacerte daño pero…</em></p>
<p>Tras él aparecen otros de su grupo, bien armados.</p>
<p><em>Toda esa gasolina es ahora nuestra.</em></p>
<p>El conductor desearía poder quemar rueda y dejarles atrás, ¿para qué habrá parado?, se pregunta mientras acepta que no hay más solución que hacer lo que le dice. Se aparta del camino hacia su hogar rodante dándoles paso a los deseados depósitos de combustible.</p>
<p><em>Y otra cosa, dile a esa </em><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-49-carmen/" target="_blank" rel="noopener"><em><span style="color: #3366ff;">monja</span> <span style="color: #3366ff;">loca</span></em></a><em> que nos resistiremos, nuestra causa prevalecerá a sus delirios religiosos.</em></p>
<p>Por primera vez el conductor habla y muestra su procedencia a través de su acento bávaro.</p>
<p><em>¿De qué monja hablar?</em></p>
<p><em>Mmm, te creo, no sé de donde vendrás, pero está claro que no la conoces… suerte para ti, si no ahora estarías muerto.</em></p>
<p>Suspira aliviado mientras observa como tres de los componentes del grupo del pelirrojo apartan todas las ramas. Dos de ellos se sientan delante y encienden el motor, el líder se acomoda en el asiento trasero y vuelve a hablar.</p>
<p><em>Nosotros nos vamos y quieras o no, nos llevamos este precioso descapotable… pero no somos unos desalmados, así que si quieres te puedes venir a nuestro refugio&#8230;</em></p>
<p>Da unos golpecitos con los dedos al espacio vacío que tiene a su lado.</p>
<p><em>… o quedarte aquí sólo… tú eliges.</em></p>
<p>El conductor elige vivir. Una vez está sentado el militar pelirrojo se presenta.</p>
<p><em>Mi nombre es </em><a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-17-la-historia-de-malik-y-omar-vi-refugio/" target="_blank" rel="noopener"><strong><em><span style="color: #3366ff;">Javier</span></em></strong></a><em>.</em></p>
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		<title>Capítulo 59. El descapotable</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jorge Bernad Ochoa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Sep 2017 07:45:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El Contador de Historias]]></category>
		<category><![CDATA[Serie]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las colinas se suceden a toda velocidad bajo las ruedas del descapotable que le llevan por las tierras de Teruel. Está en su salsa, viendo el mundo pasar, apreciando los colores que la tierra le ofrece. Ocres pálidos por el suelo copado de verdes oscuros de los matorrales supervivientes al duro clima del lugar. De [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Las colinas se suceden a toda velocidad bajo las ruedas del descapotable que le llevan por las tierras de <strong>Teruel</strong>. Está en su salsa, viendo el mundo pasar, apreciando los colores que la tierra le ofrece. Ocres pálidos por el suelo copado de verdes oscuros de los matorrales supervivientes al duro clima del lugar. De vez en cuando una encina sorprende por su altura que no por su color, que comparte con los matorrales. Salteadas entre el resto de piedras llaman la atención unas rocas rojas o granates según se mire y que él, distingue incluso a los más de ochenta kilómetros por hora a los que va, cumpliendo las normas de circulación. A pesar de que disfruta de la velocidad no es idiota y, aunque el mundo civilizado ha desaparecido, él no está dispuesto a desperdiciar la oportunidad de libertad total que la vida le ha brindado, por un accidente de tráfico.</p>
<p>Los <em>químicos</em> se hicieron con <strong>Europa</strong> con rapidez ya que allí estalló la guerra. Lo que sorprendió a la comunidad internacional es que se extendiera casi por sorpresa y sin tiempo para la reacción por toda <strong>Norteamérica</strong> y por la <strong>Latinoamérica</strong> y <strong>Asia</strong> más desarrolladas. <strong>África</strong>, el <strong>sureste asiático</strong> y <strong>Oceanía</strong> <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-7-el-contador-de-historias-iv/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">estaban libres de <em>químicos</em></span></a> y del resto de armas que surgieron de la mezcla entre el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/MDPV" target="_blank" rel="noopener"><strong><span style="color: #3366ff;">MDPV</span></strong></a> y la mente del <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulos-6-el-pionero/" target="_blank" rel="noopener"><strong><span style="color: #3366ff;">pionero</span> <span style="color: #3366ff;">Adler</span></strong></a>. Esto fue todo lo que dijo la radio antes de caer y desaparecer como el resto de instituciones y organizaciones. Él lo había escuchado todo desde la de su descapotable, el cuál robó con toda tranquilidad mientras la gente escapaba de la ciudad que le vio nacer, crecer y que cuando él quiso, no le dejó marchar. Pero ahora nada ni nadie podría pararle, nada ni nadie le impediría largarse para siempre de aquella apestosa ciudad, y así lo hizo.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-3494" src="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/09/descapotable-68_Chevrolet_Impala_Convertible_Cheaters_Kirkland_opt.jpg" alt="descapotable '68_Chevrolet_Impala_Convertible_(Cheaters_Kirkland)" width="848" height="400" srcset="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/09/descapotable-68_Chevrolet_Impala_Convertible_Cheaters_Kirkland_opt.jpg 848w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/09/descapotable-68_Chevrolet_Impala_Convertible_Cheaters_Kirkland_opt-300x142.jpg 300w, https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/wp-content/uploads/2017/09/descapotable-68_Chevrolet_Impala_Convertible_Cheaters_Kirkland_opt-768x362.jpg 768w" sizes="(max-width: 848px) 100vw, 848px" /></p>
<p>Era completamente independiente, iba donde quería  y cuando quería y los encuentros con otros supervivientes, los esquivaba quemando rueda. Recorrió la mitad de <strong>Europa</strong> con su descapotable en busca de su primordial objetivo, la península ibérica. La recorría con un remolque que escogió por una precisa razón, una gran parte del mismo era un enorme tanque de combustible donde fue recolectando toda la gasolina que a su paso encontraba. Y menos mal porque ahora, mientras sobrepasa colina tras colina, aprecia como en aquella <strong>Europa</strong> que antaño clamaban de la libertad y la igualdad, ni todos eran libres, lo demostraba su propio pasado, ni todos eran iguales, como veía en la falta de servicios a su alrededor. No veía gasolineras suficientes, por fortuna llevaba los dos tanques repletos de combustible, seguía teniendo autonomía para semanas.</p>
<p>Es hora de comer y para nuestro conductor eso es sagrado, para el descapotable en un alto de la carretera donde observa el inmenso horizonte, que le asegura la tranquilidad buscada al no ofrecer señal de vida alguna, química o no. Saca dos latas de raviolis precocinados, una olla y un <em>camping-gas </em>y después los calienta. Mientras mastica se percata de cómo ha cambiado todo a su alrededor, si mira atrás sigue todo yermo y vacío de vida, pero enfrente, hacía la derecha todo es verde y al fondo, una granja le llama la atención.</p>
<p><em>¡Joder, qué diferencias! Esto no puede ser natural…</em></p>
<p>Su voz cazallera se ve interrumpida por un <a href="https://seriejuegoelcontadordehistorias.com/capitulo-32-el-regreso-de-la-expedicion/" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #3366ff;">disparo que proviene de la <strong>Granja</strong></span></a>. Quizás por aburrimiento, quizás por curiosidad malsana, pero por primera vez tras muchos meses, quiere saber qué ocurre.</p>
<div class="su-divider su-divider-style-default" style="margin:9px 0;border-width:3px;border-color:#757575"></div>
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