Escapada de padre e hijo, vol. 2 2


El viaje transcurre tranquilo por la tarde, por supuesto que el hijo se ha despertado de la siesta y por supuesto que tras y durante, el padre conversa con su descendencia cómo debe ser y como debiera serlo en cualquier familia, ya que por mucho que moleste a esos progenitores que acusan al profesorado de no educar, son ellos los primero y primordiales ejemplos de conducta y educación. Aquí Pedro demuestra que hay algo que sí sabe hacer bien.

¿Has visto todas esas nubes papá? Mira ésta, parece un burro ¿Papá, de qué están hechas las nubes?

De vapor de agua, por la condensación… ¿Sabes lo qué es?

Condens… no sé, ya sé que son vapor pero ¿cómo?… cuando mamá cuece algo, el vapor lo veo pero luego no hay nubes en la cocina, como mucho a mamá se empañan las gafas

Y la conversación en la que deriva este inicio ocupa el resto de la tarde, entre un niño inquieto y curioso con la pregunta incómoda que le da una vuelta de tuerca inesperada a la anterior, y un adulto que con su buena fe y su poco conocimiento trata de responderlas lo mejor posible. El coche avanza incombustible como el tiempo y entre los dos, dejan a nuestros protagonistas en el establecimiento reservado para dormir, de antemano por el padre, y para cenar, de improviso por la falta de otros lugares en el camino. Al contrario que el resto de hospederías que han visitado hasta ahora, que eran habitaciones baratas, demasiado baratas para sentirse como en casa, esta es un cambio drástico con sus camas individualidades, sus paredes impolutas, su bañera con hidromasaje y su buffet de desayuno. Además del resto de infraestructuras comunitarias que por desgracia y falta de tiempo no van a poder probar, adiós a la piscina climatizada y sus toboganes, adiós a la pista de pádel (¿Quién coño usa eso?) y al bar exterior del todo incluido. Y es que aunque no tengan tiempo para disfrutarlo, no queda duda alguna de que el verdadero viaje, ese por Europa prometido durante tanto tiempo, comienza aquí.

La cena, agradable y sabrosa, la noche, cómoda y descansada y a la mañana siguiente la prisa de siempre. La misma discusión del día anterior, la de los dibujos animados del hijo y de la premura por la partida del padre, se repite hoy con idéntico resultado porque, a pesar de desaparecer de su vida, Juan está bien educado y todavía respeta a su padre. Ya en el coche y tras el copioso desayuno gracias a la maravillosa frase: “buffet libre de desayuno incluido”, el hijo ya escamado por cómo le apremia todos los días, le entran dudas sobre el viaje que con total confianza trata de resolver con su padre.

escapada Buffet_brekafast_by matt @ pek

Papá

Sí hijo

¿Por qué mamá no nos ha llamado? Llevo mucho tiempo sin hablar con ella, estará preocupada

El padre, a pesar de no estar prevenido, responde rápido cómo si la trajese preparada.

No te preocupes cariño, ya hablé con ella y tu madre y Paco han aprovechado para hacer un viaje al Caribe y hablar con ellos es muy difícil porque cuando aquí es de noche, allí es de día y no quiere molestarte mientras duermes…

Juan no queda muy convencido y continúa.

¿Y por qué viniste tú a buscarme al cole si no tenías permiso para hacerlo?

Yo te quiero y este viaje estaba prometido desde hace demasiado tiempo, además, a ti te dijeron que no vinieses conmigo pero… ¿por qué me seguiste?

Y así, aprovechándose de su edad porque la experiencia es un grado, responde con una pregunta y silencia a su hijo, que cómo buen niño tiene la costumbre de intentar responder a cualquier cuestión y ante la imposibilidad de hacerlo con esta, su mutismo corta la inquisitiva conversación que él mismo había comenzado. Ante la incomodidad que en Juan aprecia Pedro, este último pone música, un disco recopilatorio de pop de los noventa que siempre ha disfrutado el hijo. La mañana pasa en silencio mientras se suceden canciones de Oasis, Celtas Cortos, Blur, Britney Spears, Spice Girls y muchos más, porque son muchas horas las matutinas y muchas canciones las que guarda el recopilatorio, fue una época prolija para himnos radiofónicos y en cuanto Juan los descubrió se enamoró y por eso, aunque se haya quedado sin palabras las canta todas, a pleno pulmón, como soltando la rabia queda al perder una “discusión”. Para la hora de la comida la conversación ha regresado y es que la música, incluso la más mala, es catártica si es la que te gusta y si no lo creéis sólo tenéis que mirar a la pareja, padre e hijo, hijo y padre, ya sentados en la mesa frente a frente y cada uno frente a su plato combinado, que por supuesto ha escogido Juan, en una nueva cocina de carretera y con parsimonia por primera vez desde que salieron de su pueblo natal, comen sin mirar el reloj, aunque Pedro vigila constantemente el aparcamiento y su coche. Aun nota como su hijo, en la voz, tiene un deje de melancolía y ni los macarrones con chorizo, las albóndigas y las patatas fritas consiguen eliminarlo, por eso en un momento de debilidad comienza a preguntarle sobre Eurodisney, si aún quería ir y si todavía le gustaba y con tan poco, Juan despierta sus vivacidad y alegría características. En pocos segundos se dispara con una retahíla de atracciones que quiere probar, que las ha visto por Internet y que tienen que molar mucho, su imaginación vuela y el padre no rebaja las expectativas, no le baja los pies al suelo porque tiene una jugada maestra en la mochila, dos entradas para dos días y dos noches, hotel temático incluido, en Eurodisney. Es la primera parada del viaje por Europa que ha planificado Pedro para los dos, casi a modo de despedida si sale mal pero que él tiene claro, va a salir bien.

Tras el banana split que comparten para el postre, superando el logro de que Juan coma fruta, pagan y con el neceser en las manos van al baño público y se lavan los dientes, tres veces al día como mínimo, y regresan al vehículo, donde se acomodan y se ponen el cinturón y en poco tiempo salen a la carretera y al poco, un coche de policía nacional les adelanta mientras el hijo, que sigue con la verborrea sobre el parque de atracciones, continúan también con el juego que visteis con la guardia civil.

Muy bien Juan, estos tampoco te han visto, y ya son cuatro, te acuerdas del premio si llegabas a cinco

Un juego de mesa de cinco euros

Os lo comento por si no lo sabéis como yo, el hijo adora esta forma de diversión.

¿Y después?

Con diez más, un juego de mesa de diez euros, con veinte más otro de veinte euros y así hasta el infinito como tu dijiste ¿vale?

Por supuesto que vale.

El contrato está vigente. El resto de la tarde la pasan repasando dos cosas: atracciones de Eurodisney y juegos de mesa que cuadran con el presupuesto, pero cerca del hotel para esta noche, la conversación se agota y Juan vuelve a estar pensativo, como cuando a la mañana la morriña ha traído a su madre a la memoria y Pedro trata de solventarlo de la misma forma, aunque esta vez la música no resulta catártica y en el vehículo se forma un ambiente pleno de melancolía, el cual sólo se rompe al arribar al hotel de hoy, en el cual además del buffet del desayuno tienen otro también para la cena. Dejan las mochilas en la habitación y Pedro, que lleva varios días sin darse una buena ducha, se mete en el baño con el acuerdo de que su hijo le esperará viendo la tele, pero nada más notar que ya está bajo la cascada controlada de agua, Juan sale de la habitación en dirección de la recepción y con la intención de llamar por teléfono. Cuando el padre sale de la ducha escucha el sonido de los dibujos animados pero en pocos minutos aprecia la falta de reacciones de su hijo, algo completamente anormal, lo que hace que salga raudo del retrete aunque ya vestido y corrobora como su peor miedo, que Juan vuelva a desaparecer de su vida, se está haciendo realidad. 


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