Una vida normal


Una vida normal ¿Qué hay que hacer? ¿Existe un límite o hay que morir al palo? ¿Es válida y aceptable la idea de esto es lo que hay? ¿Es la resignación la única salida? ¿O simplemente la última? ¿Qué más tiene que hacer?

vida normal job-607701_640 by matamorosLlegó tarde a la vida que el resto consideraba normal, tres o cuatro años más tarde, hasta los dieciocho se mantuvo en lo cotidiano, aprobando sus estudios pero con la mayoría de edad perdió el norte y marchó lejos de la sociedad, no de forma física, pero sí metafísica gracias a sus acciones. Lo que para otros era preparar su futuro, para él era la filosofía del no future. Después pasó al do it yourself, para terminar siguiendo el camino que le marcaron y que él en su momento rehuyó. Fue el universitario para el que le habían encauzado y no contento con su primera y tardía carrera, hizo otra y después, dos másters más. Entretanto tuvo diversos trabajos, sin distinción de sector, los probó todos (como antaño había hecho con otras cosas también muy destructivas). Desde venta al público como dependiente-camarero-cocinero, hasta agricultor durante medio año, sin olvidar por supuesto, su paso por la fábrica, breve pero tan intenso como para dejarle claro que no quería volver. Finalmente y gracias a su titulación (cómo le habían prometido y al contrario de lo que ocurrió después) consiguió un trabajo que guardaba relación con su educación. Durante un par de años disfrutó de lo que por ahí llaman una vida normal, pero el capitalismo más atroz, agresivo y destructivo, vamos, el más común, se llevó por delante a la empresa sin miramientos. Era fácil acostumbrarse a esa vida normal, calmaba la rebeldía con parné pero te permitía tener esa falsa libertad que claman los medios y que, en esta sociedad, sólo el dinero permite. Pero eso terminó y ante la falta de posibilidades, se decidió por ser su propio jefe (junto a otros que también se consideraron su jefe) y tras unos meses perdió todo, no sólo su inversión, si no algo más importante que no merece la pena nombrar. Después… un nuevo idioma.

Tras unos meses, todo es un desierto lleno de formación, preparación e intentos infructuosos de volver a esa vida normal (aunque fuese de menor cualificación) de la que tanto había renegado y que a su vez, con tanto ahínco se le resiste.

¿Cuánto más tienen que hacer? ¿Cuántos rechazo tendrá que aguantar? ¿Por qué la solución siempre está lejos, ahí fuera, material y metafóricamente? ¿Es posible resistir? Claro que sí.

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