Sólo las gallinas comen chirucas 3


Autor: Jorge Bernad Ochoa

Hacía un precioso día, la luna calentaba y los cerdos piaban como solo ellos saben. Salí de casa con el pijama de los domingos y mi bastón de correr, esperaba a mi nube a la que había avisado a gritos mientras miraba como caía el chocolate de los tejados.

Cuando llegó, me empezó a contar los chismes de las gallinas gobernantes, no se como seguían aguantando en el poder después de lo que me contaba mi nube, que por extraño que parezca, siempre se enteraba de lo que ocurría en las altas esferas, aunque claro, a una nube le será más sencillo llegar a ahí. Le pedí amablemente que me llevara a la peluquería para poder comprar los zapatos de la cena. Después de pararse en un buzón en rojo, donde pude observar a los peces chapoteando en la acera, entró en la vía rápida del nivel de la tierra. Allí tuvo que callarse porque los gorilas rapados que vigilaban las entradas y salidas tenían siempre dolor de cabeza; aunque no pueden dolerles tanto ya que son realmente pequeñas.

Al terminar el silencio obligatorio me encontré con mi amada María, iba corriendo por los tejados (le gusta mantenerse en forma) con su ropa de deporte, un traje de cuero y zapatos de aguja.

Me paré para hablar con ella sobre la cena, le dije que le prepararía su comida favorita (bota al horno con poca sal) y le besé la espalda con pasión, ella me respondió besándome las pantorrillas y quedamos a las nueve en mi cajón.

Continué mi largo viaje con fluidez, sólo hice una última parada en la zapatería para hacerme crecer el pelo (había que estar presentable para la cita a la salida del sol).

Al volver a la nube se acercó una porra violenta a gritarme y a multarme por no seguir los implantados valores de las gallinas; yo que soy un cobarde continuo puse mi cara de interrogación por desconocimiento y cómo no me eximió, le pagué sin discusión. Cuando dejaba el lugar la oí reírse de mí, no me importó.

Llegué rápido a la peluquería donde, después de saltar a la la entrada principal en la ventana del quinto, pregunté a la serpiente que servía si le quedaban algunas chirucas frescas y sabrosas. Tuve suerte y me llevé las últimas tres. Cuando salí le dije a mi nube que se fuera y le dejé encargada de ir a buscar a María, ya que ella tenía la nube tormentosa y la había tenido que llevar a reparar; además yo tenía ganas de ir dando un paseo por las profundidades de la ciudad.


Autor/a: Pura Ochoa

¡¡¡Ah!!! ¡¡Mi nube!! Siempre sabe más de mí que yo mismo…..

¡¡¡Qué suerte tengo con ella!!! A veces no la entiendo muy bien, aunque intuyo que ella me comprende mucho mejor de lo que mi mente razonadora y divagadora y parlanchina puede hacerlo.

Mi nube soy yo, ésa parte de mí que a veces olvido y que siempre me mantiene en contacto conmigo, con la vida, con el universo, con la humanidad…. con lo esencial. Mi nube y yo: ¡¡¡somos un gran equipo!!!


Y es a partir de este punto desde donde podéis continuar la historia, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (olvidaros de la censura) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:

  • Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.

Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una Licencia Creative Commons que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación y si funciona bien, a lo mejor podemos llegar a publicarlas… pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.

No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas 🙂 Venga no seáis…

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