Perro, gato y señora


La señora llega como cada mañana hasta aquel portal tan grandilocuente cuya puerta está en alto, tras subir unas escaleras de piedra, pero ella se queda abajo, no ha venido a los pisos. No viene a visitar a un amigo, ni a regar las plantas de su hijo. Ella ha paseado su media hora de rigor hasta este lugar por una sola razón y lo ha hecho, como es costumbre, con su perro. El cánido tiene una edad más que respetable, al igual que su dueña, se le aprecia con claridad en su pelo castaño y ajado y sobre todo, en sus movimientos lentos y calmados. Hace tiempo ya que dejó atrás eso de ir a buscar la pelota, ya no busca las caricias de los extraños e incluso parece haber desaparecido su instinto, diciéndolo rápido y mal, el perro de la señora ya no huele culos de otros perros. Aun así los dos continúan con sus rutinas, con su visita diaria a aqueste lugar, un portal que encierra en su imagen un halo de pedantería por lo desubicado de su grandilocuencia frente al resto de portales de la calle, humildes todos.

En su cotidianeidad caben otras muchas acciones. Cada mañana compran el pan y el periódico en los comercios de su barrio y en donde no les ponen ninguna traba para entrar al amigo canino. Después van juntos a taichí o a gimnasia o a pintura o a una de las varias actividades que comparten aunque sólo uno de ellos las realice. Se tienen el uno al otro y a nadie más, lo que sí tienen de sobra, aunque suene contradictorio por su edad, es tiempo y más si cabe, si tenemos en cuenta que como buena humana, con la acumulación de años sobre sus espaldas, ha perdido la necesidad de ciertas horas de sueño. Se despierta mucho antes y tampoco es que se acueste antes de ver el parte de las nueve. A las cinco de la mañana ya abre los ojos y sin remilgos se levanta, su fiel amigo sí que se hace el remolón y aunque tarda más que su dueña, termina acompañándola en la cocina cuando escucha su pienso rebotar contra el plástico de su plato. Este su desayuno pero al llegar la hora de la comida los dos comparten receta, son iguales, pero de eso queda mejor constancia en la situación en la que les dejamos. En aquel portal grandilocuente fuera de lugar, con escaleras barrocas bajo las cuales espera a quien han venido a visitar.

De perros gatos Gato 9 Con perro durmiendo by Leanramone in wikimedia

Son las doce del mediodía y se oye el maullido de un gato que ha olido, como cada día, la esencia de la señora y del perro, sus dos únicos amigos en la ciudad. Tras el almuerzo los tres se sientan a disfrutar del sol en un banco público de madera, la gente no se fija pero la estampa es afecto puro. Más tarde…


Y es a partir de este punto desde donde podéis continuar la historia, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (olvidaros de la censura) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:

  • Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.

Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una Licencia Creative Commons que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.

No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas 🙂

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