Malentendidos


Hoy viene una entrada algo distinta a su manera, explicativa (para que no haya malentendidos) y si vosotros queréis, más práctica de lo que acostumbro.

Lo primero un vídeoclip con el que os propongo un ejercicio (no os asustéis será entretenido): ved y escuchad la canción y después repasad como os ha hecho sentir, sobre todo, si vuestras sensaciones sobre lo que ocurre evolucionan desde el principio hasta el final. Tan sólo eso, bueno una cosa más, estaría encantado de que compartierais conmigo vuestra experiencia porque el vídeo quizás pueda provocar malentendidos, como siempre a través de los comentarios o de nuestras redes sociales: Twitter  y Facebook.


Lo segundo, un pequeño apunte en forma de excusa para evitar malentendidos. De verás siento el parón de la serie El Contador de Historias, pero he estado en búsqueda de muchas cosas y en pleno proceso de exámenes para conseguir mi primer título de euskera, que por su bajo grado no creo que me abra muchas puertas, pero que sí que es el primer paso.

Lo tercero, siguiendo con esto de los malentendidos y reconociendo que, como casi todo en esta vida, la temática de esta entrada (su hilo conductor) no es original ni mucho menos. De hecho la de hoy proviene directamente de la televisión, de uno de los pocos programas buenos que aún se mantienen en antena: El Asombroso Mundo de Gumball. Creo que ya os he hablado de él alguna vez y es que desde que lo descubrí, para mí, en la actualidad es de las mejores series de humor y la mejor de animación, y aunque la venden como infantil, quienes la van apreciar mejor somos los mayores de 20 años ya que la carga de dobles sentidos y de comedia de temática adulta es incluso mayor que en las películas de Pixar o en los mismísimos Simpson. De hecho el capítulo que me dio la idea para hablar sobre malentendidos tenía este mismo título y jugaba con la literalidad de las expresiones que utilizamos comúnmente para provocar todo tipo de situaciones absurdas y divertidas, pero que el público infantil no será capaz de disfrutar como lo hacemos los que ya tenemos una edad.

Lo cuarto y último un ejemplo de lo contrario sobre lo que os acabo de contar sobre el Mundo de Gumball, con una de sus canciones más idiotas y a la vez más alegres que he oído últimamente. Para cuando has tenido un mal día o las barbaridades del mundo te oscurecen el ánimo, esta canción puede animarte con su corte naïve repleto de humor blanco. Por contra el capítulo en el que sale, que se basa en los sueños de los personajes, es simplemente espectacular y no tiene mucho de infantil. Aquí os lo dejo:


Hasta que volvamos a olernos 😀

    

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