¡Let’s Rol!


Para darle un toque diferente a la sección Continúa la Historia hoy os presento un nuevo relato para que lo terminemos juntos, pero con una salvedad, esta vez no se trata de un relato al uso, esta vez os hablan a vosotros y sois vosotros los que daréis vida a los protagonistas de la ocasión. Ya os hablé hace poco del tipo de juegos de rol que disfruto jugando, los narrativos, y es como he planteado esta entrada de Continúa la Historia, como si de una partida de rol se tratase. Yo os pondré en contexto y vosotros representaréis el papel que queráis dentro de la historia, eso sí seréis los héroes (o villanos si queréis) que se enfrentan a la aventura, así que por favor, ceñiros a vuestros diálogos y descripciones sobre vosotros mismos, sin nada más que añadir… ¡Let’s Rol!


Más allá de las montañas de Amadís, cruzando las marismas de Belianís, tratando de no perderse entre los abrumadores árboles del bosque de Florandino, ni hundirse en las ciénagas de Florarlán que lo rodea, y tras las murallas del gran maestre Filestián de Candaria, se esconde el reino de Micomicón. Cuna del insigne Caballero de la Risueña Figura que a todos sus habitantes protegió, de las garras de jade de Mamabrino y de la espada sangrante de Sacripante y de las turbias estratagemas en las sombras del Marqués de Mantua. De todos estos males salvó al reino de Micomicón y a su adorada reina Micomina y a todos sus súbditos, que tanto la amaban a ella por su sabiduría y templanza, como a él por gallardo, valiente y leal.

Después de la última batalla, en la que el Caballero de la Risueña Figura enfrentó en injusto duelo con los trillizos de Faetón, que en su más vil desfachatez, osaron manchar la honra de nuestra impoluta reina Micomina, con infamias de herejías y lujuria. Y con heridas aún sangrantes, nuestro héroe, y de cualquiera que sepa distinguir el mal del bien, no pudo reprimir más sus sentimientos hacia la dirigente del reino y de sus impulsos, y tuvo con ella una conversación, que aunque se conociese no habría de hacerse nunca pública, pues las palabras que aquellos que viven embriagados por el amor se dicen en la intimidad, en la intimidad de sus almas ha de permanecer. Aunque algo sí que se sacó en claro tras esas palabras, y todos lo conocimos, una fecha para las nupcias de aquellos dos enamorados, que en perfecta compañía el uno del otro, gobernarán el reino de Micomicón… cosa ésta que aún está por ver ya que, y he aquí la razón de vuestra presencia, nuestro valeroso Caballero de la Risueña Figura ha desaparecido a pocos día de la boda que debía hacerle nuestro rey. Y que nadie ose siquiera sugerir que, el hombre que venció al insaciable Tántalo, impasible incluso cuando aqueste monstruo mordía su carne en busca de alimento, pueda ahora temer a su bella esposa o a sus recién adquiridos compromisos, y haber huido a ocultarse en las alcantarilla o en los bosques cual rata traicionera.

No, no, aquí sólo hay una verdad, no está y la única razón posible para su ausencia ante la inminencia del matrimonio, es que ya sea por el hechizo de un mago o la poción de una bruja o por las garras de un dragón, al Caballero de la Risueña Figura tiene que haber sido llevado en contra de su voluntad a tierras lejanas para que las reales promesas de amor no lleguen a buen término… ya que… aparte de la desgracia que acabo de contaros, aún os falta un detalle que, según los oídos que lo escuchen, puede ser pequeño como la piedra con la que Angélica de Gaula venció al cíclope, o gigante como el propio cíclope… y es este.

En un arrebato dirigido por el mismísimo diablo, el padre de nuestra reina, el, al final de sus días, loco Galalón, llegó a un acuerdo con un viejo, rico y avaricioso rey vecino para pagar una apuesta perdida. Quedó con Dardimel de Agramante, que así se llama el rey, en que si en la fecha de su trigésimo cumpleaños, su hija no hubiera contraído matrimonio con quien pudiera llegar a merecerla, con el rey Dardimel habría de enlazarse y unir así los dos reinos. Es por esto último que os informo en esta sala secundaria rodeados de secretismo y por lo que la reina no puede agradeceros en persona que hayáis hecho caso a nuestra llamada de auxilio, porque Dardimel tiene escuchas por doquier.

Sepan vuestras mercedes que sólo por haber venido, a mis ojos, los de una humilde ayudante de cámara, ya sois las personas más valerosas del planeta. Ahora por favor decidme vuestros nombres, no os los guardéis más, puesto que cuando esta aventura sea finalizada, con el éxito sobre vuestras espaldas, nuestros escribas y artistas escribirán una y otra vez estos nombres, los nombres de los héroes que salvaron el reino de Micominón. No lo dudéis, presentaros, y por si os aprieta la boca modestia o vergüenza alguna, empezaré yo, mi nombre es Clara y ningún título lo adorna y ustedes… ¿Quiénes sois? ¿De dónde venís? ¿Cuál es vuestra historia?


Y es a partir de este punto desde donde podéis continuar la historia, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (olvidaros de la censura) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:

  • Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.

Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una Licencia Creative Commons que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.

No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas 🙂

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *