La gran ballena blanca 2


Autor: Jorge Bernad Ochoa

Érase que se era un planeta que en la distancia brillaba azul gracias a la luz desprendida por el poderoso sol que lo calentaba y preparaba para la vida. A miles y miles y miles de kilómetros se veía completamente añil, sólo una mancha roja de una masa terrestre, grande pero no demasiado, oscurecía la inmensa capa líquida que cubría ese mundo. Era una tierra esplendorosa, no existía ninguna más en todo el planeta. Estaba completamente cubierta por un manto de plantas de todo tipo, desde los árboles más gigantes hasta los hongos más ocultos, con colores tan atípicos que ni nuestra imaginación ha imaginado todavía. Era tal la voluptuosidad vegetal que parecía imposible que nada ni nadie pudiera compartir ese espacio gobernado por el polen y las esporas.

En el resto del planeta se ocultaban bajo el manto de un agua mucho más transparente de lo que nunca hubieseis visto, todos los animales que allí vivían. No sabían de ninguna especie que hubiese salido del líquido elemento. Al haber tanto espacio los tipos de seres vivos submarinos se multiplicaban y tenían costumbres muy diferenciadas, algunos casi no se movían de su zona, otros migraban constantemente; algunos brillaban amenazantes, otros se ocultaban en las sombras y por supuesto, el apareamiento y la cría adoptaban maneras, algunas pocas, conocidas, y otras muchas, sorprendentes.

Entre esa marabunta de supuesta (para nosotros) irracionalidad imperante bajo el agua, una gran ballena blanca procura el equilibrio entre las especies. Es tan grande que según por donde nade cambia las corrientes marinas y tan blanca que en sus pocos pero necesarios viajes a la superficie para respirar, la gran estrella que les da luz y calor, también la golpea con sus rayos y su reflejo la hace tan visible a cualquier ojo espacial como el agua azul que la rodea y la tierra roja que a veces la cubre.No existe ningún animal que la supere en tamaño ni en sabiduría, la gran ballena blanca ha vivido varias vidas, al menos eso parece, y el resto de seres la respetan y algunos incluso la veneran, por eso suelen pedirle que sea juez en sus disputas.

Pero últimamente todos la ven taciturna y triste, algunos dicen que la vieron llorar porque no recordaba, tras tanto tiempo, cómo llegó a este mundo, y otros que la oyeron sollozar por la soledad de ser la única en su especie. Nadie sabe la verdad, pero lo cierto es que la gran ballena blanca, qué a tantos ha ayudado en su eterna existencia, no está bien.

25971559900_23070c5614_z by Eric Kilby in Flickr_ballena


Y es a partir de este punto desde donde podéis continuar la historia, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (olvidaros de la censura) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:

  • Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.

Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una Licencia Creative Commons que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación y si funciona bien, a lo mejor podemos llegar a publicarlas… pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.

No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas 🙂


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2 Comentarios en “La gran ballena blanca