Eran héroes


Eran héroes, lo sabían y se aprovechaban. Tuvieron sus momentos de gloria y he de reconocer, que de vez en cuando, su alma heroica vuelve a brillar en sus actos. Pero si os soy aún más sincero, por norma general, lo que mueve a estos salvadores de la humanidad son sentimientos mucho más oscuros y banales.

Llevo años acompañándoles, cubriendo sus necesidades y sobre todo sus caprichos. Aunque al comienzo me reclutaron sólo para escribir sus memorias, ahora soy poco más que un mayordomo ya que tuvieron que despedir a los suyos. Lo justificaron con eso de la crisis, esa crisis que no ha afectado su estilo de vida, pero que ha destruido la de sus exempleados. Pero bueno, yo me mantengo con ellos por dos razones: me han contados suficientes secretos para sus memorias como para querer tenerme a bien y en estos tiempos, como decía mi madre, tener trabajo es un milagro. La primera razón hace que mis condiciones sean bastante buenas y la segunda, que soporte sus excentricidades. Locuras que sólo podré revelar cuando hayan muerto, cuando sus cadáveres sean descubiertos, en sus respectivos libros de memorias.

Eran héroes y todo les siguen creyendo así. Ya hacía años de su época dorada, pero sus sucesores más jóvenes todavía les confían pequeñas misiones, cosas secundarias aunque casi siempre muy visibles. El sistema les es favorable, siempre les ha apoyado porque, aparte de honorables excepciones independientes, ellos siempre lo habían seguido y defendido.

Eran héroes y la sociedad les trataba como a estrellas de rock, pero no como esas de la década de los 2000 con su estilo emo, oscuro e introspectivo. Si no como aquellas glorias de los años 80 con el pelo cardado y cargados de sexualidad. Los medios cubrían sus fiestas locas, que las tenían, sus fallos en las misiones, que los cometían, y sus arrebatos emocionales, que los sufrían. Limpiaban su imagen porque a su vez hacían públicas sus vidas. Por eso me han contratado unos cuantos de los llamados héroes, que asqueados con lo que han conocido del sistema protegidos por el mismo, pero con ninguna gana de perder sus privilegios, se han dicho: “para lo que me queda en el convento una vez muerto, me cago dentro”.

Es cierto que al comienzo de nuestra relación, este comportamiento me resultaba sospechoso, no comprendía como sus conciencias podían convivir con tamaña hipocresía, y llegué a creer que se trataba de alguna artimaña contra mí, o contra algún conocido mío. Hoy en día no tengo dudas, mi contratación viene dada por un ataque de honradez cobarde de estos héroes, que ya entrados en la madurez extrema (uno de ellos va a recibir el galardón a toda una carrera en los Premios Aquiles a los mejores héroes), quieren que su “verdad cambie el futuro”… eso me dijeron y yo lo transcribo, aunque a mí me parece que sólo quieren limpiar su conciencia.

¿Por qué si no han escogido a alguien tan poco relevante como yo? ¿Qué va a conseguir un desconocido literato sin experiencia periodística y tan poca reputación, con todo este material rompedor?

Mi historia, la que los héroes me han contado, la verdad sobre el sistema, tendrá tan poca credibilidad que difícilmente valdrá para algo. Además ellos ya no estarán y nadie podrá corroborar lo que cuente y aun así, lo haré. Porque soy un profesional, porque a excepción de las broncas denigrantes de estos engreídos, el trabajo es muy interesante, porque ayudaré a destapar la hipocresía inherente a lo que me rodea y porque no nos engañemos, el mercado laboral está como está. Me mantengo en mi puesto. Al menos con el paso de los años ya no estoy en prácticas, ni becado, con lo que al fin ingreso el sueldo completo. Y por fortuna para mí, el desahogo emocional que me proporciona este diario es suficiente… además confío en que sus ventas en el futuro sean cuantiosas.

Por supuesto que tengo avanzados los manuscritos de las vidas de cada uno de ellos, de todos los héroes, pero el contrato me deja muy poco margen de maniobra sobre lo que puedo incluir y lo que no. Por mucho que quieran dar una muestra de honradez tras su muerte, no quieren estropear su legado.

Así que todas esas pequeñas cosas, feas, graciosas, vergonzosas e incluso punibles, que estoy conociendo de ellos ahora que he sustituido a buena parte de su plantilla de trabajadores domésticos. Esas son las historias que voy a apuntar aquí, como por ejemplo la que me contó aquel héroe… ¿cómo se llamaba?…

(Introducción – primer borrador, “El Diario de las Memorias” – título provisional -)


Y es a partir de este punto desde donde podéis continuar la historia, de la forma que queráis, no sólo en relación al argumento (olvidaros de la censura) si no en la forma. Aquí os dejo los métodos por los que podéis participar:

  • Escribiendo en los comentarios la continuación, que luego pasaré a las web.

Por supuesto la autoría está más que garantizada y el contenido de toda la página y sus contenidos están bajo una Licencia Creative Commons que protegerá vuestro trabajo. Además me comprometo a editar tan sólo de manera formal vuestros textos y a repasar sólo las faltas ortográficas, porque aquí lo divertido será crear entre todos una historia compartiendo nuestra imaginación. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio. Pero bueno, siempre hay que empezar por el principio.

No os cortéis en participar, ya sea con una sóla frase o con una parrafada, estamos abiertos a todas vuestras ideas 🙂

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