Capítulo 1. El Contador de Historias (I) 6


El contador de historias y Marta by MiguelTodo empezó con una droga que por sus efectos secundarios no era muy popular, pero que a través del circo mediático que la supuesta prensa creo a su alrededor se fue generalizando a lo largo de los años. Casi no era conocida y ni muchos menos consumida, pero esos cerdos… se llamaban a sí mismos periodistas… esos cerdos encontraron el filón en la paranoia, la agresividad y la resistencia que producía esta puta droga… la muy puta…

Hicieron especiales, le dieron minutos en los telediarios llegaron a realizar realities en la clínicas de desintoxicación y eso fue sólo el principio… pero con la droga extendida el problema era controlable y sus efectos dañinos, esos que conocéis, que os dan miedo y rabia, esos a los que habéis sobrevivido para llegar hasta aquí… no eran permanentes ni tan extremos como lo son ahora… ¡No, no, no! Eran temporales y no tenían por qué afectarte si la consumías… había casos severos… aunque ni por asomo nada parecido a lo de ahora… claro que ahora no es la misma substancia, ha sido adulterada, modificada y mutada en cientos de variantes… más potentes… más peligrosas… asesinas y traicioneras. Sí, sobre todo eso, traicioneras… en un rato os contaré esas historias… pero eso será en un rato… en un rato… ¿Por dónde iba? ¡Maldita cabeza loca! ¿Por dónde…? Decidme por favor… ¿Por  dónde iba?…

Un corro de niños y niñas de diversas edades observan el rostro del anciano juglar, ellos le llaman El Contador de Historias y él esgrime orgulloso su título ante la comunidad en la que sobreviven. Los adultos que organizan el Núcleo le respetan porque ha sobrevivido desde que toda esta mierda comenzó y, aunque le piden siempre consejo, no entienden porque pasa las noches relatando sus recuerdos y los de otros a los chavales.

El Contador de Historias les vuelve a preguntar. En serio, decidme, por favor… ¿Por dónde iba? Una de las chicas más mayores se levanta de entre el corro y con cierto respeto y un gallo al inicio de la frase, que hace sonreír a la chavalería, le responde. Por las mutaciones y eso… por el principio…

Gracias Marta, pero te equivocas… eres de las más veteranas, deberías recordar mejor lo que os cuento…

Estas reprimendas, comunes en su juglar, no les molestaban porque el Contador les había enseñado mucho sobre el mundo de ahí fuera, sobre cómo sobrevivir y, además de hablarles de igual a igual, tenía un aspecto entrañable con sus arrugas, su pelo y su barba blancas, y su estrafalario modo de vestir, incluso para los aciagos días en que viven.

Las mutaciones no fueron el principio y tenéis que saberlo… para eso estáis aquí, para eso os cuento mis historias, los recuerdos… son nuestro pasado, el que no se puede olvidar… el que os permitirá entender el presente, para poder vencer al futuro… es un futuro raro el que tenéis por delante, algunos no distinguen el final y otros lo sienten tras cada esquina, pero el principio… el principio de toda la mierda que nos rodea y entre la que aún quiero vivir está claro. Como en casi todas las desgracias del ser humano, el único responsable, es el ser humano… porque cuando todo empezó, al principio, el Hombre había creado una sociedad no muy diferente a la que vivimos ahora, pero peor… peor por su hipocresía y su indiferencia, por sus continuas agresiones sin respuesta… era un tiempo donde la violencia no necesitaba de golpes ni pistolas, era burocrática y gobernaba mientras la mayoría de la cultura occidental dormitaba en sus para nada lujosas jaulas… de ahí que incluso África nos haya cerrado sus fronteras y no acepte más refugiados. Ya sabéis que esta mierda afectó sobre todo a lo que antes llamábamos Primer Mundo… occidente y todas las economías desarrolladas a través de esa cultura, donde sus habitantes habían sido reducidos a una masa irracional guiada por unos instintos primarios mal entendidos y viciados por la publicidad… imagino que por vuestra edad muchos de vosotros no conocéis el término… publicidad… ya os lo explicaré luego… lo importante es que esa era la sociedad que albergaba el germen del apocalipsis en el que estamos envueltos. Un germen que nada tenía que ver con la biología del ser humano, si no con su moral, la moral de una época en la que el sufrimiento ajeno, si acaso provocaba algo, eran sonrisas crueles… una moral en la que primaba el egoísmo sobre todas las cosas y fue sobre esa moral, sobre la que trabajaron continuamente los medios y la publicidad para crear una extraña sensación entre la población de que esa puta droga era lo mejor… queriendo o sin querer crearon una moda… una moda agresiva y autodestructiva que se terminó llevando por delante a su sociedad… mi sociedad… por fortuna, no la vuestra…

Ese fue el principio Marta… gente alienada dejando que dirigieran sus conciencias… ellos son los culpables… bueno… ellos… ellos y los putos militares. Pero vamos, como os he dicho, para entender nuestro presente, necesitáis conocer el comienzo, la situación en la que estaba nuestra sociedad, es decir, nuestro pasado.

Por eso os voy a leer una dramatización que escribí sobre el que probablemente fuera uno de los primeros casos, si no el primero, de asesinato tras consumo de MDPV en lo que antes fue España.


Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

6 Comentarios en “Capítulo 1. El Contador de Historias (I)