Capítulo 6. El Pionero 3


El Pionero by MiguelAdler, solo frente a la mesa de su despacho, solo frente a sus pensamientos, sólo repasa sus notas. Quizás fuese mejor que revisase su conciencia, pero nunca había sido su forma de actuar. Nunca había dejado que se entrometiesen en sus investigaciones, ni que se interpusieran en sus objetivos.

Adler, a sus 52 años vive en la capital financiera europea, Frankfurt, y enseña teoría económica en la universidad porque se aburrió del trabajo multimillonario en el banco. Al menos eso es lo que él cuenta, aunque si se investigase con ahínco, cualquiera descubriría como fue invitado a abandonar su puesto tras ciertas informaciones referentes a fondos públicos perdidos. Estas ayudas iban dirigidas a solventar la crisis financiera del 2008, pero como en su estafa incluyó a las personas adecuadas, todo quedó en una reprimenda interna, una dimisión honrosa, un prestigio intacto y un trabajo respetable, y por supuesto, muy bien remunerado.

Han pasado cinco años de todo eso y ahora Adler está enfrente de su escritorio repasando el plan, aunque quizás debiera repasar su conciencia: “Entonces con esta composición, si consumo 0,95 miligramos, los efectos me aparecen a los 23 minutos más o menos. Aún debería comprobar mi reacción con otras composiciones pero creo que esta serviría…” Recoge las bolsitas llenas de polvo, el cuaderno de anotaciones y el resto de bártulos. Lo mete todo en una barroca caja de madera y ésta en su maletín. Con él en la mano abandona su despacho, puede que mañana sea otro día pero cada vez está más seguro de que el plan va a funcionar y de que cuando lo lleve a cabo, merecerá la pena, porque ese día, el mañana, significará venganza.

Adler se despide de los guardas de su facultad, de un tiempo a esta parte es siempre el último profesor en abandonarla. Luego recorre el espacio que le separa de la parada de taxis más cercana a la universidad y, saltándose el orden de la fila, se sube al automóvil más ostentoso que sin rechistar le lleva hasta su lujoso ático en el centro. Si algo ha echado de menos de su vida anterior en estos últimos 5 años, la del poder y los excesos bancarios, ha sido el tener chófer y el olor de los coches de alta gama. Nunca entendió el por qué, pero el aroma de esos innecesarios vehículos le hacían sentirse bien y después… después paga al taxista, entra en su hogar, saluda a la cocinera mientras ella se despide y cena.

Solo, frente a un partido de fútbol en la tele y a un vaso de whisky en la mesa, repasa de nuevo el plan y por un instante, sus pensamientos parecen querer revisar su conciencia, pero Adler prefiere un trago de alcohol y dormir… la obsesión es tan exigente. Por fortuna para ella, también sabe trabajar de noche y mientras Adler duerme, su plan se hace imágenes en sus sueños, con tanta intensidad que a la mañana siguiente el pionero del uso discriminado de MDPV sólo puede pensar en escribirlo todo para que no se le olvide, jamás había llegado tan lejos en su imaginación consciente.

 

“Lo recuerdo con tanta claridad y tanta precisión que me asusta que no haya sido un sueño… del mismo modo creo que tiene que ser algún tipo de señal, he de dejar de retrasarlo o todo habrá sido una pérdida de tiempo… en fin…

Estamos enfrente el uno del otro, cada cual a su lado de la mesa y a nuestro alrededor, el resto de colegas de la facultad… puede que sea una cena o una reunión del departamento… no lo distingo… hablamos todos de que se yo y en un momento dado me levanto y voy al baño. Me encierro en el retrete con la bolsita de MDVP, echo los 0’95 miligramos que necesito en una papelina y me la como… comienza la cuenta atrás, 23 minutos para mi venganza caníbal. Preparo una alarma vibratoria en el móvil para dentro de veinte minutos y cuando la noto me aprovecho del punto flaco de mi enemigo, su gusto por las drogas. Le escribo en un trozo de papel que le invito a una raya de cocaína y su mirada refleja una alegría que endulza más si cabe lo que voy a hacer. Al levantarse acepta mi oferta de manera tácita y, tras tocar mi hombro, marcha al baño. Le sigo mientras noto como la droga empieza a enajenarme y al igual que en los días de prueba, siento el sabor de la sangre apoderándose de mis papilas gustativas. Siento una furia paranoica nublando mi raciocinio y el calor me atosiga tanto que en el pasillo que nos dirige al baño, ya me he desabrochado la camisa y pierdo la perspectiva, pero en un segundo de lucidez recuerdo el plan previsto y corro a entrar en el retrete antes de perder el control por completo…aaah… el placer del resto del sueño es sublime… ver cómo la planificación y el estudio funcionan… ver cómo desgarro su cara y mastico su carne, no hay sabor más elevado en esta tierra, al menos no para mí… mientras disfruto de mi danza macabra el calor continúa agobiándome y una vez le he matado y desfigurado, me arranco los ropajes hasta quedarme tan sólo con los calzoncillos y sigo con la labor tratando de saciar mi apetito caníbal con sus tripas… después descanso, me calmo y cierro los ojos… un poco más tarde los abro y la mueca aterrada de un camarero, que aun teniendo la boca abierta no genera sonido alguno, me sorprende y mientras le ataco sin razón, al fin grita el miedo que antes le había paralizado y que ahora le hace huir. Le persigo tambaleante aunque rápido, pero mis reflejos están alterados por la droga, me tropiezo con un pequeño escalón y me golpeo la cabeza contra una esquina… a pesar de que lo normal hubiera sido despertarse en este momento, mi sueño ha continuado en forma de voces sobre fondo negro… sigo oyendo el chillido histérico del camarero pero  no veo nada, como si tuviera los ojos cerrados… qué bien mirado no es tan extraño ya que al fin y al cabo estaba durmiendo… escucho como mis compañeros se desgañitan con los más que pertinentes:

  • ¿¡Pero qué has hecho!? ¿¡Qué ha pasado en el baño!? ¿Qué haces con toda esa sangre en la cara?

Otras voces que no conozco llaman a la policía:

  • … si, primero la cara y luego le ha sacado las tripas…

Unos minutos después escucho las sirenas y segundos después, el chocar de porcelana y sillas contra el suelo… las fuerzas del orden deben haber entrado con más fuerza que orden… decenas de voces ahora se entrelazan perdiéndose las unas en los ecos de las otras hasta que la más aguda de todas manda callar y pide información:

  • ¿Dónde está?
  • En el baño
  • ¿Cómo está?
  • Desnudo y cubierto de sangre
  • .. ¿otro?… ¿Es muy agresivo?
  • ¡Se ha comido a un tío y ha perseguido a otro! ¡¿Qué le parece a usted sargento!?… idiota…
  • ¡Arrestadle chumachos! El resto conmigo al baño.

Noto como el suelo tiembla ante los pasos y las botas firmes de los agentes, el ruido que provocan hace que mi cerebro baile contra las paredes del cráneo… bum, bum… me duele la cabeza pero la rabia ha desaparecido, exactamente lo que he planeado. Los policías llegan a mi lado, me dicen cosas en un tono que trata de ser tranquilizador, aunque se queda en poco amenazante. Me agarran con fuerza de brazos y piernas, me hacen daño y me revuelvo, no sirve de nada y después… después el tempo aumenta y el sueño se muestra como una película ciega, no muda,  donde la imagen no existe y los diálogos se suceden a una velocidad endiablada.

  • ¡Queda usted detenido!
  • Nuestra estrategia será alegar defensa propia y enajenación transitoria con el atenuante del consumo de MVDP… y como siempre tendremos las charlas necesarias con las personas correctas…
  • En pie, el juez Beteschung preside la sala.
  • Hemos movido algunos hilos, por ahora todo va bien…
  • … y cómo la fiscalía no ha mostrado ninguna pega, se acepta la prisión domiciliaria preventiva para el acusado hasta que termine el juicio.
  • Todo hecho… nada de cárcel.
  • Debido a la falta de pruebas concluyentes de su culpabilidad, la falta de antecedentes, su larga trayectoria profesional y reputación y el hecho de que fue en defensa propia, se condena al acusado a un año y nueve meses de encarcelamiento domiciliario, además de una compensación económica a la familia Hörner de…
  • Felicidades por el veredicto.

Luego me he despertado. Es una señal, tiene que serlo… el plan es casi perfecto, es la hora de llevarlo a cabo…

… mi deseo de venganza será satisfecho…


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