Capítulo 9. La Historia de Malik (II) 2


tanzania-278361_640 by Mariamichelle in Pixabay“Continuación del capítulo La Historia de Malik (I)”

Les pidió lo mismo que llevaba pidiendo desde hacía meses, que llevasen a sus hijos a unas pruebas de atletismo que estaba preparando para dentro de una semana, ya que en poco tiempo volvería a su continente y todavía no había reclutado a nadie y yo, como el resto de mis hermanos y de los niños de la zona, fui. El evento fue considerado casi una fiesta regional y es que, después de lo que el doctor Cameron había hecho, pocos podían recelar ya de él. A todos los chicos y chicas de entre 14 y 21 años nos dieron fiesta en el colegio y en el trabajo para poder acudir y lo cierto es que ninguno quería perdérselo. Un día sin clase era un regalo y además en cuanto llegamos a la explanada donde se iba a celebrar el evento, nos maravillaron las mesas y mesas de comida y bebida que nos habían preparado. El banquete lo había dispuesto la gente del doctor, la corte de traductores y ayudantes personales que siempre le acompañaban y cumplían sus órdenes con rapidez, y que ahora, rodeados del bullicio, hervían nerviosos incapaces de controlar a toda la gente.

Primero comimos y bebimos, después el doctor Cameron dio un discurso donde prometió de nuevo que a quienes escogiera, tendrían la posibilidad de ser famosos corredores y que como mínimo, podrían estudiar y vivir en Europa. Todos los jóvenes de la zona gritaron entusiasmados y él nos dio las gracias para finalmente declarar el comienzo de la competición como si de un emperador romano se tratase: “¡Qué empiecen los juegos!”.

Se sucedieron las carreras a lo largo de toda la vasta explanada, nos separaron por género y edad y todos corrimos tres distancias, corta, media y larga. He de decir que gané por mucho todas las carreras con los de mi edad y eso llamó la atención del doctor, que me pidió correr también con los mayores y, contento como estaba por el reconocimiento, acepté feliz… y a pesar de que pueda sonar a falta de modestia… también gané por mucho todas las carreras. Ahora era el doctor Cameron quién estaba entusiasmado y pidió en voz alta, aunque dirigiéndose en exclusiva a su séquito, que me llevasen algo de fruta y agua pero ninguno pareció oírle… así que cogió una vara de madera recia que a veces usaba como bastón y golpeó en las piernas a uno de los que ahora parecían más sus siervos que sus empleados, para que cumpliese su orden, así lo hizo.

Entre la marabunta de personas que nos agolpábamos en la campa y la amplitud de ésta, muy pocos vieron la agresión, uno de ellos fue mi madre que después de hacer sus cosas aprovechando que nos había traído a la capital, había venido a vernos. Tras la competición masculina, prepararon la femenina de la misma forma pero sin que sobresaliese ninguna corredora y cuando el sol amenazó con el principio de su decaimiento, el doctor Cameron nos reunió a su alrededor y después de pedir perdón por no conocer nuestros nombres, llamó a los dorsales que había seleccionado. Fuimos siete los escogidos, seis chicas entre ellas mi hermana, y yo, al resto les agradeció el esfuerzo y les instó a terminarse el banquete que antes habíamos probado. A nosotros nos preguntó por nuestros padres y si podíamos llamarles para hablar con ellos sobre nuestro futuro. Todos trajimos a algún adulto responsable, por mi parte y la de mi hermana de diecisiete años, estaba mi madre, del resto de las chicas no lo recuerdo… lo que sí recuerdo fue como el doctor Cameron volvió a repetirnos su discurso de que nos daba la oportunidad de nuestras vidas, que no volvería a pasar otro tren hacía Europa, Europa nada menos… estudiar y trabajar decía, y el resto de padres le escuchaban obnubilados, todos menos mi madre, que a pesar de que deseaba con locura un “futuro mejor” para sus hijos, había visto el golpe con el bastón del doctor. Esa fue muestra suficiente del corazón del blanco rico, para que nuestra progenitora desconfiase de él y se negase a fiarle a dos de sus hijos. Su postura chocó con la del resto de padres que ya le preguntaban por algún tipo de compromiso legal, mientras nosotros nos alejábamos cogidos de la mano de mamá.

El doctor Cameron llamó a su secretario para que se encargase de las niñas escogidas y los “contratos” y corrió detrás nuestro. Nos alcanzó rápidamente ya que mi madre y yo nos habíamos quedado en la entrada esperando a que mi hermana trajera al resto de la familia, mis hermanos, que seguían hinchándose con el banquete gratuito. Cuando llegó se nos puso enfrente y después de resoplar apoyado sobre el bastón, mostró su mejor sonrisa y utilizó bonitas palabras para convencer a mi madre de que me dejase ir con él, le habían maravillado mis capacidades…

“Me han maravillado sus capacidades atléticas” dijo, “señora, ha traído al mundo a un superdotado, nunca… le repito, nunca, en todos mis años como ojeador y entrenador había visto tanto potencial junto…” giró su mirada hacia mí y continuó, “tienes explosividad, tienes resistencia, tienes velocidad punta y con tu edad, tienes unas posibilidades de mejorar increíbles… ¿no te gustaría ser un corredor famoso…eh? ¿Cuál es tu nombre?” “Malik” respondí entusiasmado, “¿No te gustaría ser un corredor famoso Malik?”.

Esta vez mi madre respondió por mí. “Claro que le gustaría, pero no estoy para nada convencida de que usted vaya a ayudarle de corazón…” “¿¡Cómo?!” gritó el doctor y mi madre continuó con tono acusador. “¡Qué después de ver cómo trata a los nuestros, a nuestros hermanos, con ese bastón suyo; no creo que vaya a ser un buen tutor para nadie!… ¡Tampoco para mi hija!” Justo en ese momento llegaron el resto de mis hermanos, con las manos rebosantes de comida, guiados por mi hermana y, mientras el doctor Cameron comenzaba su defensa con la cara desencajada por la sorpresa y la irritación, “¿¡Pero señora…!?”, mamá se dio la vuelta y con su mano cogiendo la mía, toda la familia comenzó la vuelta a casa.

Tras dejar abandonado al doctor el camino de regreso se convirtió en un suplicio para nuestra madre ya que mi hermana había caído rendida a los encantos prometidos por el occidental, la copiosa comida, las bebidas exóticas y los sueños de un “futuro mejor”. Además, el hecho de haber sido escogida, la hacía sentirse muy especial… la más afortunada de todas sus amigas. A sus diecisiete años pocas opciones le quedaban ya en el pueblo, casarse y tener hijos o probar fortuna en la capital, donde jóvenes como ella se perdían entre la prostitución, el alcohol y la heroína todos los días. Así, con mi hermana enfadada y quejumbrosa, mis hermanos cebados y somnolientos y yo confuso por la reacción de mi madre ante los halagos del doctor Cameron, llegamos a casa. Mi padre nos recibió con una sonrisa y nos preguntó por las pruebas, pero antes de que nadie respondiera, mamá se lo llevó aparte y le contó todo lo que había pasado. Esa noche la cena fue una bronca constante y varios no la terminaron en la mesa; algunos porque con el atracón de por la tarde ya tenían suficiente y se fueron a hacer la digestión a la cama y la otra porque no entendía que quienes más la querían le sabotearan la oportunidad de su vida. Mi hermana gritó mucho y, aunque nuestros padres nos permitían expresarnos libremente, esta vez se pasó de la raya cuando trató de golpear la mesa, con tan mala suerte que su puño cayó sobre el borde de su plato, enviando su sopa sobre el regazo de mi padre. Esta gota colmó el vaso de su paciencia y la castigó dos semanas sin salir más que para terminar el instituto.

Esa misma noche mi hermana se escapó de casa, cogió una mochila llena de ropa, todos sus ahorros y se fue… a la mañana siguiente todos sabíamos a donde había ido, y mis padres, sin desayunar siquiera, se fueron raudos a la capital dejándonos al resto con nuestros abuelos. El día fue normal para mí, fui a la escuela, corrí mucho y lloré un poco por mi hermana. Volvimos a casa por la tarde y en casa seguían solos mis abuelos. No fue hasta la noche cuando mis padres volvieron y volvieron sin mi hermana, después nos contaron de forma resumida lo que había ocurrido.

Habían llegado a la capital al mediodía y todavía sin comer nada, fueron directos a la residencia del doctor Cameron. Preguntaron por él y les dijeron que pasasen al comedor porque les estaba esperando. Al entrar vieron al doctor Cameron con Anana… ¿Cómo? ¿Qué quién es Anana? Anana era mi hermana… ¿Qué no te había dicho su nombre?… perdona… pues eso, estaban en el comedor el doctor y mi hermana, esperando a mis padres detrás de una mesa repleta de comida y café. Los dos sonreían con amabilidad y el doctor les pidió, casi les exigió, que antes de nada, por favor, comiesen algo. Lo hicieron rápido y en cuanto saciaron su hambre, cinco minutos nos dijeron, le ordenaron a Anana que recogiera sus cosas, pero el doctor volvió a hablar. Les dijo que comprendía su miedo pero que esto era lo mejor que le podía haber pasado a su hija, que estuviesen tranquilos ya que Anana iba a estar bajo su tutela personal. Antes de que mis padres pudieran replicar, les espetó que además Anana era mayor tomar sus propias decisiones y que ya había tomado una. Mis padres se quedaron paralizados porque al mirar a su hija, quedaba claro que estaba de acuerdo con todo lo dicho por el doctor y aunque intentaron por todos los medios que cambiase de opinión, tras dos horas de discusiones no consiguieron nada.

El doctor Cameron y mi hermana se fueron primero de la sala dejando abandonados a mis padres en una casa que no era suya. Nos contaron que después decidieron tomar algo para recapacitar y tras unas horas, un par de cafés y muchas lágrimas llegaron a la conclusión de que esa misma tarde le insistirían para que volviera y si ella decidía quedarse, poco más podrían hacer, salvo confiar en que cambiase de opinión al respecto. Volvieron a la residencia del doctor Cameron y volvieron a preguntar por Anana… esta vez no hubo comida, ni educación… tan sólo cinco minutos de recriminaciones y negativas de mi hermana, que embriagada por sus primeros tragos de alcohol, les mando expulsar bajo la mirada orgullosa y protectora del doctor, y las manos curtidas de sus guardaespaldas. Después volvieron a casa y nos contaron lo que te acabo de decir, en la cena pidieron consejo a mis abuelos, incluso nosotros participamos… tal era su desesperación… y tomamos la resolución de que al día siguiente denunciaríamos al doctor Cameron a la policía. Así lo hicieron mis progenitores a la mañana siguiente, los agentes les dijeron que en un principio no habría problemas para recuperar a mi hermana ya que por muy mayor que se sintiera, seguía siendo menor de edad.

Trajeron la buena noticia del inicio de los trámites legales a la hora de la comida y durante dos días la esperanza se apropió de la casa. En este tiempo no hubo mañana ni tarde en la que alguno de los adultos de la familia pasase por la residencia del doctor Cameron y ofreciera a Anana que volviese con los suyos, pero ella rechazó esa opción en todo momento a pesar de que sabían de la denuncia, por lo que el doctor adelantó su viaje de vuelta a Europa, una vez allí nuestra policía no tendría nada que hacer… y al tercer día, en vez de llegar la resurrección, llegó el asesinato y destrucción de todo el pueblo… la masacre de mi familia… todo lo que te he contado antes de perderme en la historia del doctor… así es la memoria… ¿lo recuerdas? Menos mal… pues volviendo a mis recuerdos, el tercer día tras la denuncia fue el día en que perdí a casi toda mi familia, el día en que me prometí que si vivía para crear la mía propia, nunca me separaría de ellos y el día en que acepté por falta de oportunidades, la tutela del doctor Cameron, quien, como ya te he dicho, apareció curiosamente cuando me había abandonado a las garras de la muerte.

Llegó al pueblo con sus ayudantes y guardaespaldas y con mi hermana. Cuando Anana vio a lo que había quedado reducido su pasado en unos pocos días, lloró copiosamente y tras un merecido minuto para apiadarse de sí misma, se abalanzó sobre mí, que continuaba de espaldas al grupo recién llegado y con la cabeza de inerte madre sobre las rodillas, y me abrazó con fuerza y miedo, como tratando de protegerme de todo mal que nos rodeaba… lloramos… lloramos mucho… y en unas pocas jornadas nos fuimos para siempre del hogar dejando atrás tan sólo los quemados recuerdos de un pueblo y una familia que fue, pero que ya no era.

CONTINUARÁ…


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