Capítulo 59. El descapotable


Las colinas se suceden a toda velocidad bajo las ruedas del descapotable que le llevan por las tierras de Teruel. Está en su salsa, viendo el mundo pasar, apreciando los colores que la tierra le ofrece. Ocres pálidos por el suelo copado de verdes oscuros de los matorrales supervivientes al duro clima del lugar. De vez en cuando una encina sorprende por su altura que no por su color, que comparte con los matorrales. Salteadas entre el resto de piedras llaman la atención unas rocas rojas o granates según se mire y que él, distingue incluso a los más de ochenta kilómetros por hora a los que va, cumpliendo las normas de circulación. A pesar de que disfruta de la velocidad no es idiota y, aunque el mundo civilizado ha desaparecido, él no está dispuesto a desperdiciar la oportunidad de libertad total que la vida le ha brindado, por un accidente de tráfico.

Los químicos se hicieron con Europa con rapidez ya que allí estalló la guerra. Lo que sorprendió a la comunidad internacional es que se extendiera casi por sorpresa y sin tiempo para la reacción por toda Norteamérica y por la Latinoamérica y Asia más desarrolladas. África, el sureste asiático y Oceanía estaban libres de químicos y del resto de armas que surgieron de la mezcla entre el MDPV y la mente del pionero Adler. Esto fue todo lo que dijo la radio antes de caer y desaparecer como el resto de instituciones y organizaciones. Él lo había escuchado todo desde la de su descapotable, el cuál robó con toda tranquilidad mientras la gente escapaba de la ciudad que le vio nacer, crecer y que cuando él quiso, no le dejó marchar. Pero ahora nada ni nadie podría pararle, nada ni nadie le impediría largarse para siempre de aquella apestosa ciudad, y así lo hizo.

descapotable '68_Chevrolet_Impala_Convertible_(Cheaters_Kirkland)

Era completamente independiente, iba donde quería  y cuando quería y los encuentros con otros supervivientes, los esquivaba quemando rueda. Recorrió la mitad de Europa con su descapotable en busca de su primordial objetivo, la península ibérica. La recorría con un remolque que escogió por una precisa razón, una gran parte del mismo era un enorme tanque de combustible donde fue recolectando toda la gasolina que a su paso encontraba. Y menos mal porque ahora, mientras sobrepasa colina tras colina, aprecia como en aquella Europa que antaño clamaban de la libertad y la igualdad, ni todos eran libres, lo demostraba su propio pasado, ni todos eran iguales, como veía en la falta de servicios a su alrededor. No veía gasolineras suficientes, por fortuna llevaba los dos tanques repletos de combustible, seguía teniendo autonomía para semanas.

Es hora de comer y para nuestro conductor eso es sagrado, para el descapotable en un alto de la carretera donde observa el inmenso horizonte, que le asegura la tranquilidad buscada al no ofrecer señal de vida alguna, química o no. Saca dos latas de raviolis precocinados, una olla y un camping-gas y después los calienta. Mientras mastica se percata de cómo ha cambiado todo a su alrededor, si mira atrás sigue todo yermo y vacío de vida, pero enfrente, hacía la derecha todo es verde y al fondo, una granja le llama la atención.

¡Joder, qué diferencias! Esto no puede ser natural…

Su voz cazallera se ve interrumpida por un disparo que proviene de la Granja. Quizás por aburrimiento, quizás por curiosidad malsana, pero por primera vez tras muchos meses, quiere saber qué ocurre.

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