Capítulo 57. El chili de los vecinos.


Es el turno de guardia del Contador y la Granja y los alrededores parecen tranquilos en estas intempestivas horas de la noche. Acaba de llegar de la ronda hasta el punto de vigilancia escogido, al lado de la entrada, sentado sobre unas cajas. Incluso ahora que acaba de empezar su turno, ya está cansado y tiene sueño, por eso ha hecho esta primera ronda tan temprana, para despejarse pero no ha funcionado. De repente a través del marco de la puerta observa un brillo en la oscuridad, lejos del pequeño fuego que han preparado y que a estas alturas, en sus últimos estertores, todavía tiñe de un vibrante naranja las paredes y acompaña el ambiente con su constante crepitar. Mientras tanto el Contador sigue ensimismado con ese haz luminoso que parece acercarse cada vez más, agita la cabeza para despertar a sus sentidos y la luz sigue ahí; más y más grande y cálida, hasta que en un instante le ciega. Al principio ha tratado de resistirse golpeándose la cara pero en cuanto ha distinguido a quién brillaba en la noche, ha cejado sus esfuerzos. Carmen y su reluciente velo están a su lado, ella acaricia la cara del vigilante y se aparta el velo de la suya. Le susurra, su voz son gemidos, te quiero y te deseo.Vecinos by David Steven

Justo ahí se despierta el Contador, una mezcla de pánico y deseo atenaza su estómago y más abajo, y saluda a la madrugada con un grito que despierta a sus compañeros. La Amazona y Paco se levantan raudos con sus manos dirigiéndose directas a las pistolas y preguntan al unísono.

¿Qué ocurre?

Pero las pistolas no están en sus sitios, por eso mismo ha gritado el Contador al despertarse. Está saliendo el sol, lo que hace que el levantarse no sea un problema, este era el horario planeado, aunque lo que no estaba planeado era el despiste del vigilante de turno.

¡¡¿Dónde están las armas Contador?!! ¡¿Es otra de tus putas bromas?!

Se desgañita Paco al que todavía se le aprecia en la voz el rencor generado tras la Ciudad de Dios, y el Contador agobiado trata de responder.

Yo… estaba aquí… di una ronda rápida para despejarme y después… después esa luz a lo lejos… que se acercó… era Carmen

Con la culpabilidad arrebatándole el habla termina.

Perdón, me he debido quedar dormido porque mis recuerdos no tienen sentid…

Paco le corta enfadado, mientras la Amazona sigue buscando sus herramientas para la muerte.

¡¡Pero las pistolas donde están!! Si tú no las has cogido, alguien nos ha visitado esta noche durante tu descanso y nos las han robado… no hay otra explicación…

Puede que sí.

Por fin habla la Amazona, quizás la única a la que parece no haberle afectado la extraña visita a Ciudad de Dios.

Aquí hay una nota, al lado de este tupper con algún tipo de guiso y esta cacerola, a ver que dice:

“Hemos aprovechado vuestro descanso para intercambiaros algunos de esos medicamentos de la bolsa por el mejor chili con carne del fin del mundo, perdón por hacerlo así pero os vimos salir de esas ciudad de locos y debemos ser precavidos, por eso mismo cogimos vuestras pistolas, por si acaso…”

¡¡Cabrones!!

Grita Paco al que la Amazona manda callar al seguir leyendo.

… por si acaso os despertabais y la cosa se torcía las escondimos bajo el trapo amarillo de la esquina. Las encontraréis rápido. Perdón de nuevo por esta intromisión, pero necesitábamos con cierta urgencia estos medicamentos…

Mientras el Contador enmudece culpable mirando el suelo, Paco sale en busca del trapo amarillo y lo encuentra y con él, las pistolas. Las comprueba al mismo tiempo que la Amazona termina de leer.

“Ahora que somos vecinos tendremos que ayudarnos porque los vecinos están para eso. Postdata – tratad bien a Malik, aunque ahora esté con vosotros, siempre será nuestro hermano. Pronto nos conoceremos.”

La lectora mira el reverso de la hoja y se asegura de que no hay nada más escrito. El Contador al fin levanta la mirada y entre los tres comparten pensamientos de preocupación sin elaborar palabra alguna y comienzan la recogida, rápida y eficiente, para marchar cuanto antes al Núcleo. Con todo guardado y antes de comenzar la vuelta, sólo hay tiempo para una frase que suelta la Amazona, la única de los embajadores del Núcleo que tras tanta novedad, todavía mantiene la sangre fría.

Parece que nuestro fin del mundo se ha masificado, la zona que creíamos vacía se ha revalorizado… se avecinan problemas, demasiada gente cerca para que no surjan.

En el último instante el Contador recuerda el sospechoso chili y lo recoge y se lo lleva con él.

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