Capítulo 55. Sombra de luz


Por un instante la Ciudad de Dios se quedó sin respiración pero el Contador, con su acción, se la ha devuelto. Los hechos ahora se suceden en silencio por las órdenes que da Carmen al resto de creyentes.

¡Hermanos, bajad las armas y no les hagáis daño! La agresión de Paco la ha contrarrestado el Contador de forma espontánea y valiente.

Los monjes se mueven con unos automatismos y un orden alarmante para cualquiera que se considere su enemigo, aunque es algo normal, por algo han organizado al Ejército de Dios. Mientras el resto rodea a nuestros tres intermediarios, un par de monjes vuelven a taparles los ojos y esta vez, también las manos. Les ha quedado claro que los expedicionarios del Núcleo no son tan pacíficos como aparentaban.

El camino se hace eterno para nuestros protagonistas, después de lo que ha pasado dudan, y mucho, de las salomónicas palabras de Carmen. Pero los monjes cumplen y en pocos minutos y tras otro pequeño viaje en coche, les devuelven al mismo puesto avanzado a donde habían llegado esta mañana. Y como esta mañana ahí continúan los dos guardas sonriendo con sus sospechosos dientes perfectos, pero esta vez están de pie en posición de firmes y entre ellos Carmen espera, mucho más ceremonial que en el resto de la jornada, con la bolsa de deporte que contiene la recompensa prometida. Mientras la Amazona, el Contador y Paco, este último todavía maniatado, siguen a los monjes hasta lo que parecen considerar los límites de Ciudad de Dios; Carmen vuelve a hablar.

Ahora iros de tan sagrada ciudad como la nuestra, la ofensa de Paco ha sido redimida por el Contador y aunque el señor nos enseñó a perdonar, qué es lo que estamos haciendo al dejaros marchar, también hemos aprendido a no olvidar así que Paco tiene prohibida la entrada de por vida bajo pena de muerte. Por ahora dejaremos vuestro asentamiento en paz, tenemos una guerra santa de la que preocuparnos y a pesar de que ni toméis partido ni os obliguemos a ello, tened en cuenta una cosa… llegará el día en que no podréis mantener vuestra neutralidad, el mundo que habéis conseguido obviar os asaltará y entonces tomar decisiones será complicado. No lo olvidéis…

En ese instante le hace una señal al Contador para que se acerque, lo que este hace sin asomo de duda, y cuando se encuentran frente a frente, Carmen le dice.

Tú, honorable como has demostrado que eres, mereces ser el portador de la recompensa.

Nadie oye estas palabras que son susurradas con cariño.

Muchas gracias Contador de Historias, nunca olvidaré cómo has conseguido mantener la paz.

Apoya sus manos sobre los hombros de su salvador y le besa con una ternura que rezuma algo puro que el Contador considera amor, lo que le hace sonrojarse. Después se agacha y recoge la bolsa, se la cuelga como una bandolera y vuelve con sus compañeros. Carmen finaliza la escena con un, id con dios, a la vez que se coloca un sobrero de ala ancha, su color, blanco impoluto y de su borde cuelga un velo de seda que la rodea por completo, tapándola de toda mirada extraña.

Los diplomáticos del Núcleo se van en silencio salvo por la Amazona que aconseja.

Se ha hecho tarde, dormiremos de nuevo en la Granja.

Desatan a Paco y mientras se alejan el Contador vuelve su mirada, todavía puede verla en la distancia, como una sombra de luz, como la aparición de una virgen, brilla por el reflejo del velo y al Contador le parece entrever su silueta, un sueño hecho realidad.

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