Capítulo 47. Cuatro Cabeza. El Contador y Mariano.


Capítulo 47 cuatro cabeza contador mariano 484px-Cabezas_clavas_chavinEl Contador no puede resistirse a hablar con la cabeza de un muerto, desde los días anteriores a los químicos ha disfrutado probando cosas nuevas y aunque siempre se ha considerado algo loco, esto nunca lo ha hecho.

¿Confiar en Paco? Por supuesto, no lo dudes siquiera… aunque también es cierto que, como tú bien has dicho, últimamente ha estado… ¿Cómo lo has descrito? Suspicaz. Sí, suspicaz es la palabra, pero es comprensible… tú no lo entiendes, Paco está pasándolo mal ahora… te lo voy a contar ya que total ¿Quién va a escuchar a un muerto?… Paco, según me contó, superó nuestro cambio de paradigma vital gracias al consumo de alcohol, que por mucho que sea un depresivo, sí que puede ayudar a olvidar, claro que siempre necesita de buena compañía para que esta segunda característica sea efectiva. Pero cuando hace un par de días, en una recaída me contó su historia, no me pareció entender que tuviera mucha compañía antes de llegar a nuestro grupo…

¿Y eso no te hace desconfiar? ¿No te parece que alguien en ese estado es demasiado impredecible para una misión tan importante y peligrosa?

No lo creo, dispararte fue un punto de inflexión para él y desde entonces está muy tranquilo… a pesar de las recaídas claro…

Eso de las recaídas no suena bien

No han sido nada en realidad, sólo un trago antes de que le pillase y se ha arrepentido con sinceridad…

La cabeza de Mariano cambia su tono amable por otro más oscuro y le reprocha.

¡¿Pero es qué no te das cuenta Contador?! Una copa es lo mismo que una borrachera para alguien como él, además parece que tu bondad o tu estupidez te ciegan porque, si siempre le has pillado… y no te quiero restar méritos… ¿Quién te dice que otras veces no lo haya hecho?

La duda, amarga como una buena cerveza, asalta al Contador ocupando su mente con las palabras de un muerto.

¡Maldita sea! Tienes tu punto de razón… puede que haya sobrevivido a la muerte química, asaltos armados y a la locura, pero todavía sigo siendo un inocente… en realidad… fue una de mis máximas vitales, allá en el pasado, mi método de defensa ante lo falso y pervertido del consumismo agresivo que nos gobernaba… pero quizás a estas alturas se ha quedado trasnochado. La Historia me ha demostrado que los poderosos estaban dispuestos a todo con tal de mejorar sus resultados y vamos, la destrucción del mundo occidental y probablemente del resto, me da la razón…

De nuevo la cabeza de Mariano debe cortarle si quiere conseguir llevar la conversación a buen puerto, mejor dicho, a su puerto.

A ver, para un poco por favor, que te vas por las ramas…

Me suele pasar, perdona…

Ya lo sé, te conozco mejor de lo que imaginas, pero tranquilo, ya estoy yo aquí para redirigirte al tema… volviendo a Paco y a lo que me has dicho sobre su suspicacia… no sé si la bebida tiene algo que ver pero debes saber que está tramando algo…

Eso me ha parecido cuando le he visto casi abrazado a ti, no era una imagen muy sana y la he cortado y…

¿Y…? Dilo, no temas.

Pero el Contador no dice nada porque en ese momento, tras bajar las escaleras, aparecen Paco y la Amazona y aunque el primero de los tres haya callado a tiempo, su estampa es tan preocupante como la que antes protagonizaba el segundo. Y la Amazona que vive ajena a la primera conversación con la cabeza de Mariano, sí que ve la imagen perturbadora del Contador, con la barbilla apoyada sobre las manos, la cabeza muy cerca de la del cadáver y sus codos sobre la mesa soportando el conjunto en forman de pirámide. Los dos recién llegados se acercan mientras ella rompe el hielo con una sonrisa.

Bueno, ¿dónde están esas chocolatinas?

El Contador se yergue y devolviendo la sonrisa, le pasa un Kit-Kat. Sin abrirlo todavía, continúa hablando.

Gracias… a ver… ¿cómo estáis? Deberíamos hablar de la situación antes de que vuelvan ¿no?

Sí…pues… estoy nervioso… no era esto lo que esperábamos…

Responde el Contador, Paco se mantiene cabizbajo pero de alguna manera muestra su acuerdo con lo dicho por el que da nombre a estos relatos, y antes de que la Amazona pueda hacer fluir la conversación, el Contador se adelanta.

Paco, ¿me ayudas a traer agua y algo que acompañe tanto dulce?

Y sin más los dos marchan a la cocina.

La Amazona se sienta en la misma silla que los otros dos, a estas alturas parece un diván, abre la chocolatina y muerde y sin haber tragado este primer bocado, suspira en alto sin que nadie la oiga.

¿Qué les pasa? ¿Por qué están tan raros?

La cabeza de Mariano parece sonreír. 

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