Capítulo 43. De cabeza con las estaciones


Nunca supe si fue el sistema el que introdujo los sentimientos en las estaciones o se basó en la experiencia humana para definirlas… no sé si me entendéis… dicho de otra forma… ¿Desde cuándo el invierno es triste? ¿Y por qué el otoño trae consigo a la melancolía? ¿Realmente el verano es la época más alegre? Y sobre todo, ¿Quién decidió estos tópicos? ¿Quién los creó?… esto yo nunca lo supe, lo que sí llegué a adivinar es quien lo continuó de forma descarada y sin cultura alguna, los “creativos” del marketing de la época ante-apocalíptica. Aquellos años en las que los químicos eran profesionales de la educación y la industria, no como los de ahora, nuestros químicos, que sólo piensan en matarnos…

El Contador de Historias deja un silencio por si sus acompañantes quieren comentar algo, pero nadie responde sumidos como están en su labor.

Lo digo porque de un tiempo a esta parte, con esto de tener que gastar todas nuestras energías en la supervivencia, parece que nos hemos sumido en una triste monotonía, en otros días invernal, donde no caben ni tan siquiera estos tópicos estacionales de los que os hablaba… a veces me pregunto sobre nuestra comunidad. ¿Nunca más seremos capaces de mirar vida con alegría? Y eso me preocupa…

Por primera vez desde que han regresado a la Granja para realizar su cometido, el resto de componentes del grupo “diplomático” paran su labor para recriminarle con la mirada.

Sí, sí… ya lo sé, tengo muy presente nuestra situación, la Ciudad ha renacido y además nos ha encontrado y además nuestro descubridor ha sido el mismísimo Paquito pero… pero… pero no veis la belleza del día que vivimos, no apreciáis el agradable calorcito que el sol nos ofrece, ni la viveza de los colores que nos rodean en el verde del prado, el rojo de las paredes de la Granja o el dorado del campo de trigo de ahí al fondo… así es como veo yo la situación, Paquito no tiene poder en esta Ciudad revivida, ni tan siquiera lo tenía en el grupo de búsqueda en el que le reencontramos… después está el hecho de que el hermano Sigmund, respetó en todo momento nuestras decisiones, lo que me hace pensar que quien gobierne su asentamiento es hasta cierto punto civilizado y si es así, puede ser una gran ventaja para el Núcleo… en los días que corren falta optimismo, lo comprendo, por eso preparé la Biblioteca, para evitar esta monotonía sentimental que se ha adueñado de nuestro hogar… hasta ahora hemos encontrado soluciones a los problemas y seguiremos haciéndolo… tenemos que ser positivos…

Es en este punto cuando la Amazona le calla con irritación, mientras Paco sigue cortando con diligencia.

¡¿Pero que te pasa Contador!? ¡¿Has fumado algo raro?! ¡¿O te has tomado algo en mal estado?!

La Amazona respira hondo y ya más calmada, continúa…

Perdona Contador, ya sabes que te quiero, pero tienes que aceptar que con toda probabilidad, nuestra pequeña comunidad está en desventaja ante una que puede proteger toda una Ciudad y que está capacitada para imprimir hojas de búsqueda y captura como la que encontramos… hemos de ser realistas y muy cautos con este tema…

Pero saben imprimir, eso es esperanzador…

¡Oh, mierda!

De cabeza con las estaciones CaravaggioDavidGoliathVienna

Paco interrumpe el toma y daca con sus primeras palabras del día, ha estado alicaído pero muy responsable desde que comenzó su tratamiento secreto contra el alcohol. Les mira con un chorretón de sangre humana cruzándole la faz y dice.

Aparte de este estropicio que me ha saltado a la cara, ya está aserrado el cuello.

Y, quizás con demasiada parsimonia, separa la cabeza de Mariano de su cuerpo y con la ayuda de la Amazona y el Contador, la guarda en un saco de patatas, que a partir de ahora no dejará de gotear ese rojo y vital líquido que a todos por igual nos fluye por las venas, sin importancia de raza, género o condición social. La Amazona mira la posición del sol y vuelve a hablar.

Se ha hecho tarde para ir a la Ciudad, mejor dormimos en aquí y en cuanto despunte el sol, saldremos. ¿Ok?

Ok.

Ya tienen todo lo necesario para cumplir con su misión y cobrar la recompensa por la muerte de Mariano: los manuscritos que recogió en su día el Contador, y la cabeza del proscrito que acaban de recoger entre los tres.

Ahora cenan, la confrontación llegará mañana.

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