Capítulo 41. La Siesta


La siesta tiene muchas cosas buenas, para cada uno las suyas, y una mala, que se termina.

La siesta

Danilo está en la ducha disfrutando del recorrido del agua caliente sobre su piel, el apacible ambiente que le rodea se encuentra conquistado por el vapor lo que le trae a la memoria días pasados y felices en Londres. Con parsimonia y con los ojos cerrados coge el champú de donde siempre está y de donde siempre estará debido a su pequeño trastorno obsesivo compulsivo, y se frota el cuero cabelludo con intensidad. Durante más de cinco minutos repasa su cabeza en un masaje sistemático, siguiendo los mismos pasos día tras día, y llegando a conocerse tan bien como para llegar a darse placer, no placer sexual, quizás algo más gratificante si cabe… el placer sexual llega después mientras se aplica el gel por los más recónditos lugares de su cuerpo. En soledad todos tenemos secretos.

Toni se aleja de todos sus problemas jugando a la consola que sus padres le regalaron las últimas navidades, atrás deja las amenazas del cristianismo que esclaviza a su familia y a la educación que recibe, y lo hace disparando a un gordo en bañador. Puede que no sea la mejor manera, pero es suya. Es el único de la casa que entiende la tecnología y el único que parece entender que lo que su personaje realiza bajo sus órdenes, no es real. Toni no es violento aunque le gusta disparar en la ficción, eso sí, las horas pasan y pasan y él sigue ahí, sólo frente a la pantalla.

Josep tiene prisa, después de la comida con la farmacéutica tiene dos operaciones, no es que sean difíciles ni que las necesite para pagar sus facturas, para eso ya están las compañías aseguradoras. Pero es que Josep, desde que tiene uso de razón, ha sido lo que antes llamaban culo inquieto y ahora hiperactividad, y ha necesitado estar siempre ocupado. Lo cierto es que gracias al diagnóstico aprendió a concentrarse, al principio le costaba mucho pero llegó un día en que no fue un esfuerzo. Eso sí, desde entonces no ha podido estar quieto, ni ha dejado de tener éxito. Termina la comida con dos billetes de avión a París y una reserva en un hotel con spa para el “simposio” al que le han invitado. Más tarde termina las dos operaciones, no recuerda los nombres de sus pacientes aunque da igual, es un cirujano de mucho prestigio, tanto como para que una aseguradora le diese un puesto en la dirección del hospital del que el gobierno de turno les regaló la gestión. A él nada de esto le influye, él es feliz con su soltería, sus ingresos y sus ligues, tampoco es que sea un Casanova, tampoco es que lo busque, pero tiene claro que por ahora no hay tiempo para el amor. Siempre tiene prisa, cosa que le encanta, y no quiere incluir más responsabilidades a su apretada agenda. Coge el deportivo tras despedirse cariñosamente de un par de enfermeras y se va a casa, por la noche se pasarán sus amigos, los casados, a ver a su amado Barça contra el Madrid… vaya, parece que Josep sí tiene amor que dar…

Sara termina de comer en Ikea rodeada de sus seres más queridos, sus hijos y su marido. A veces se siente mal por esa cercanía, como si ya no quisiese igual al resto de su familia, a sus padres, sus hermanos, pero es que esta familia la ha creado ella. Hoy, los cuatro se han cogido fiesta, hoy no hay escuela ni trabajo, sólo compras, en concreto las de los cuartos de Marta y Lorién. Acaban de comprarse una casa, casi la de sus sueños, porque los sueños, sueños son, y la ilusión copa sus vidas. Bueno, ya es hora de elegir vuestros muebles… vamos chicos… Dice mientras su marido le agarra con suavidad de la cadera y la besa en la cara, ella cierra los ojos saboreando el momento y cuando los abre, su mirada se cruza con la de un trabajador y aunque está segura de que no le conoce, siente un cariño extraño hacia esa cara barbuda y mira su identificación, pone Matías, no le dice nada.

El Contador de Historias coge los dados… no, el Contador no coge nada porque uno de los guardias del Núcleo le despierta. Antes de que nadie diga nada, un trueno les ensordece y todo resplandece durante un segundo, después el despertador habla.

Clara me ha dicho que te despierte y te diga que Paquito está e…

El Contador ya no está ahí, con la Amazona a su lado marchan ya por el pasillo, en dirección a la entrada.

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