Capítulo 37. La Ciudad y su final. La huida


Como os decía con otras palabras, la barbarie fue haciéndose cada más fuerte y cruda en la Ciudad. Y Huída comic-1296117_640 by OpenClipart-Vectors in Pixabayyo, desde mi posición de autoridad, dejaba que pasase, pero por fortuna, ni mi Abuela ni la Amazona me dieron por perdida, y el Contador, Sara y Marta llegaron a la Ciudad. Como dos semanas después de su llegada ocurrió un hecho luctuoso que aceleró lo que creíamos la desaparición del asentamiento. Ante lo que llamaban “carne fresca”, uno de “mis hombres” trató, en la oscuridad de un callejón, de violar a Marta (acto que la Guardia tenía prohibido, no así los miembros del Pelotón) y defendiéndola, Sara lo mató. Eso se tradujo en un problema para mí: aunque Paquito había aceptado mi prohibición, no permitía, bajo pena de muerte, que nadie se revelase contra su autoridad y el miembro asesinado de la Guardia, también la representaba. A pesar de que intenté cambiar, con otra sesión de sexo bizarro, la decisión de Paquito de colgar a Sara como ejemplo, todo quedó igual y en ese mismo instante me informó de que en tres noches se llevaría a cabo su ejecución.

Fue en aquel momento de urgencia cuando mi Abuela y la Amazona me presentaron el plan de escape que llevaban un tiempo urdiendo y que con la llegada y ayuda del Contador y Sara, podrían poner en marcha cualquier noche…

Clara respira y bebe un trago de agua de su perenne cantimplora militar, los oyentes ven claro que no está acostumbrada a hablar en público. Aun así continúa.

La primera noche de las tres que quedaban para la ejecución me explicaron el plan, que como los buenos, era simple (los barrocos planes de las películas en la realidad no funcionan): habían recolectado una gran cantidad de MDVP (la droga zombie que destrozó nuestra sociedad), no os olvidéis que sigue estando por todas partes, y aprovechando que las mujeres éramos las encargadas de cocinar para el pelotón, sólo había que echárselo en la comida y explotar su transformación en “químicos” para huir con todos los recursos y personas que pudiéramos…

La siguiente noche y tras superar los miedos que me surgieron gracias al cariño de mi Abuela, planeamos el después de la huida, y fue allí cuando la Amazona nos presentó por primera vez al Núcleo (aunque todavía no le habíamos puesto nombre). Nos dijo que podíamos crear nuestro propio asentamiento en un antiguo colegio, estaba lo suficientemente alejado, con muros en buen estado por todo el perímetro y limpio por completo de “químicos”, ya que lo había revisado varias veces en sus exploraciones secretas. También decidimos que pondríamos el plan en marcha la próxima noche, en la cena que antes de los ajusticiamientos solía celebrar todo el Pelotón, y que no se lo contaríamos a nadie hasta que fuese irreversible para que no hubiera chivatazos, que importante es saber de quién fiarse…

Así lo hicimos, mi Abuela, la Amazona y Marta prepararon la cena aunque no les tocaba, ventajas de tener poder, y la llenaron de MDVP. Pero como nada sale según se ha imaginado, nos sorprendió un cambio de rutinas, los futuros verdugos de Sara iban a cenar después del castigo, lo que provocó que cuando la mayoría del pelotón se transformaron en “químicos”, quedaban todavía bastantes miembros como para mandar al carajo el plan de escape y puede que incluso lograr controlar la situación. Aun así no les dio tiempo siquiera a pensar en colgar a Sara antes de que sus compañeros, ahora transformados, los atacasen hambrientos. Como después me contó el Contador, era una versión de MDVP muy rápida y agresiva…

Por nuestra parte, mientras los disparos y las explosiones se iban sucediendo, redujimos a la guardia, agrupamos a la mayoría de supervivientes y les ofrecimos escapar con nosotros, algo a lo que sólo se apuntó Bonifacio, un anciano con neumonía muy simpático que a la semana de estos hechos se sacrificó para salvarnos frente a un enorme grupo de “químicos”… tenía una curiosa historia de supervivencia que quizás el Contador os cuente algún día… yo voy a terminar la nuestra… como os decía sólo escapamos nosotros y Bonifacio, fue fácil y nadie nos persiguió, suficiente tenían con no morir masticados…

La última imagen que en nuestra huida vi de la Ciudad era un popurrí de disparos, explosiones provocadas y no provocadas e incendios apareciendo por sorpresa y reproduciéndose por todos los edificios… parecía el fin de nuestra odiada Ciudad y así lo creímos hasta la expedición a la Granja, donde pudieron leer en un Diario que siguió funcionando. Debieron calmar la situación que les regalamos y se reorganizaron, no sabemos cómo, lo único que sabemos es que seguían siendo salteadores, ladrones y probablemente asesinos… por el contrario, el cartel de “se busca” que os ha leído el Contador de Historias nos hace pensar que ha habido algún cambio de poder en la Ciudad… y ese amén… todavía no sabemos que pensar… y por eso la reunión…

¿Qué opináis vosotros? ¿Qué debemos hacer?

La sala se queda en silencio…

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *