Capítulo 32. El regreso de la Expedición 1


El sol comienza a salir convencido de que despertará a todos los que no echa a dormir, pero en la granja se lleva una sorpresa porque el movimiento es frenético y nadie tiene intención de acostarse. Los cuatro corren de un lado a otro recogiendo herramientas, semillas e incluso abono. Han decidido juntar todo lo que puede serles útil primero y después escoger lo que puedan y deban llevarse.

Para las nueve de la mañana ya han llevado a cabo el primer paso y toca lo más difícil (no sólo en su situación, si no a lo largo de la vida), elegir, vamos, tomar la decisión sobre cuáles de esos trastos son imprescindibles para el Núcleo. Con algunos no tienen duda alguna, cada uno coloca una azada en su mochila a modo de piolet y se reparten todas las semillas que han encontrado por el lugar con un “algo cuajará” en sus cabezas. También se reparten la comida, algunos de los cachivaches y varias prendas apenas desgarradas que han rescatado de los escombros. Cuando ya parece que han recogido todo lo que pretendían llevarse, el Contador tiene una idea que como es costumbre, no duda en compartir.

A ver, tenemos varios sacos de tierra abonada y entre los sembrados que han sobrevivido, hay varios que podríamos desenraizar, y haciendo una raja en los paquetes de tierra, ponerlos en ellos y llevárnoslos hasta el Núcleo.

Todos lo entienden perfectamente y en media hora han sacado varias hortalizas y verduras y las han introducido (para que sobrevivan) en el abono y con sus espaldas cargadas y sus manos ocupadas por los saquetes repletos de plantas deciden que ya es el momento de volver. Comienzan la marcha sobrepasando esa especie de garaje donde han dormido, pero en ese preciso momento al superar la última pared del edificio, se encuentran con un hombre vestido con pantalones y chaleco hechos de remaches de cuero y con una pistola automática apuntándoles. Grita e intenta mantener un tono grave para no demostrar su miedo, aunque no lo consigue.

¡Quietos! ¿Quiénes sois y qué les habéis hecho a los que vivían aquí?

Por desgracia para nuestra expedición, la idea del Contador les ha deja dejado indefensos ante un solo hombre. A pesar de eso, Amazona no duda en responder.

No sé de qué personas hablas, aquí no hay nadie desde hace tiempo…

Al asaltante se le enrojecen los ojos y parece que va a llorar, con la respiración entrecortada abre la boca para hablar, pero la Amazona se le adelanta.

Me llamo Marisa ¿y tú? ¿Vivías aquí?

La amabilidad le desarma metafóricamente porque responde sin dejar de apuntarles.

Soy Mariano y… sí, esta es mi casa…

La sorpresa se pasa y su rictus vuelve a la agresividad anterior.

¿Dónde están? ¿Por qué os lleváis nuestras cosas?… ¡Responded ya cabrones!

Los expedicionarios recuerdan el Diario de la noche anterior, recuerdan que Mariano era el líder del asentamiento y recuerdan que abandonó la granja para unirse a los saqueadores de la Ciudad. Los dos veteranos del Núcleo, Contador y Amazona, rememoran su propio paso por la Ciudad y aun así, ella responde tranquila.

A ver, no te pongas nervioso, la única verdad es que ayer llegamos aquí y esta granja parecía un buen refugio… pero después, en la casa de ahí, encontramos a varios muertos y a un químico en su interior y nos dimos cuenta de que el lugar no es seguro… hemos dormido en aquel garaje y  ahora nos marchábamos ya con lo necesario para asentarnos en algún sitio donde no haya ocurrido lo que aquí ha…

Mariano grita con rabia y con esa misma rabia les amenaza.

¡No puede ser! ¡Mentís! ¡Vosotros les habéis asesinado para quedaros con todo eso!… ¡Ahora moriréis por ello!

Todo hacía indicar que no iba a dudar en apretar el gatillo, pero antes de que la mente de Mariano tenga tiempo de ordenar la acción al dedo índice, Malik suelta una frase que le paraliza al instante.

¡Tú eres el culpable de sus muertes! ¡Leímos un diario…! ¡Y tú eras su líder, quien decidía sus movimientos y les abandonaste por irte a la Ciudad! ¡Tú, Mariano, eres el responsable de sus muertes!

Y Mariano duda porque sabe que es cierto, lo que no sabe es que esa duda va a ser la causa de su muerte. Paco, que por suerte o por desgracia, es el más beligerante de todos y es de gatillo fácil, no se lo piensa dos veces, suelta el saco con plantas y abono y saca su pistola y descarga la mitad de su cargador sobre Mariano, que no tiene tiempo de reaccionar. Los disparos le golpean el torso haciéndole sufrir espasmos que producen a su vez que Mariano dispare una única vez antes de que su mano inerte suelte el arma.

Todo esto ocurre en un segundo, ninguno de los presentes grita siquiera hasta que dos minutos después, cuando despiertan del shock del momento, Paco deja escapar un rugido de rabia y dolor. La bala de Mariano le ha dado en el antebrazo derecho con el que ha disparado, parece que ese tipo tenía puntería. Amazona le hace una primera revisión y una pequeña cura.

Tranquilo Paco, ya no sangra y no creo que vaya a más… cuando lleguemos al Núcleo, Josep te lo arreglará… ¡Menudos reflejos tienes!

Por su parte, Malik y el Contador van al cuerpo muerto de Mariano para rapiñar y aprovechar todo lo que lleve que pueda ser de utilidad. Mientras recogen su revólver del suelo y revisan sus bolsillos, el Contador no puede evitar echarle una mala mirada a Paco y Malik tampoco puede evitar preguntarle.

¿Qué ocurre? Nos ha salvado la vida… ¿No te parece bien?… leíste el diario, ya sabíamos cómo era…

Sí, lo sé, pero no puedo remediar pensar que ahora lo que yo veía era a un ser asustado, en inferioridad y completamente desubicado ante la noticia de la muerte de sus compañeros… sí, llevaba un arma, pero quizás podríamos haber conseguido más de otra manera… al menos algo de información sobre la Ciudad… porque no sé si lo sabes pero puede ser un verdadero problema…

A Malik le extraña esa reacción pero sólo asiente y continúa su labor. Una vez todos los expedicionarios terminan de prepararse de nuevo y tras repasar lo que le han sacado al cadáver: un par de mecheros, el revólver y unas pocas balas, algo de comida y tabaco, una navaja mariposa y un sobre con varios papeles, que como siempre se apropia curioso el Contador; comienzan su camino de vuelta al refugio con más dudas y preocupaciones que soluciones. Eso sí, al menos podrán empezar a cultivar en el Núcleo, un paso importantísimo para lograr la autosuficiencia que tanto han buscado.

Realizan el trayecto de regreso más rápido de lo que hicieron el de ida, incluso con Paco herido y el resto cargados hasta arriba, ya habían llamado demasiado la atención. Cuando la noche llega, arriban a la colina desde la que se ve su hogar y al fin uno de ellos vuelve a hablar en un recorrido que ha sido sólo silencio y como no podía ser de otra manera, es el Contador quien lo hace, aunque casi parece que esté verbalizando sus pensamientos.

La historia de ese Mariano me ha recordado a otro “líder”, un gobernante que presidía lo que antes era España y que también abandonó a los que decía proteger y que terminó igual… claro que él sólo hablaba de proteger, pero tenía otros jefes, y el Mariano de la granja sí que debió demostrar con sus acciones que de veras quería protegerlos… ¿Qué le pasó para traicionar así a todos los que le confiaron su vida?…

La pregunta se queda en el aire porque a nadie más que a él le importa y más importante, porque han llegado ya a la puerta del Núcleo. El alivio vuelve a recorrer sus venas.

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