Capítulo 29. De cómo el ensayo del ciego, falló


Ikea_Manchester_-_geograph.org.uk_-_1279125 by Gerald England in Wikimedia. IkeaMarta continúa su historia en la nueva biblioteca del Núcleo, con todos los jóvenes rodeándola (la mayoría expectantes) y Sara y Toni mirándola, orgullosa una y enamorado el otro.

Sin dudarlo mí madre y yo corrimos hacia el grupo que dirigía el Contador con máscara de gas, aunque en esos días nadie le llamaba así. Al llegar hasta la barra, el ciego con gafas enormes comenzó a dirigir nuestros movimientos.

“Si ya estamos todos, será mejor que nos reguardemos. Matías, llévanos…”

Y el Contador, que cómo habréis deducido se llamaba Matías, nos metió por la cocina (mucho más grande e intrincada de lo que nunca hubiera imaginado) hasta unas cámaras especiales donde guardaban alimentos, por el camino recogimos a varios cocineros. Nos parecían cámaras frigoríficas pero entramos siguiendo la seguridad que desprendían Matías y sobre todo el ciego. Una vez dentro nos explicaron su funcionamiento con ayuda de los trabajadores rescatados del Ikea, y el por qué este sitio era seguro:

“Se trata de cuatro cámaras interconectadas con diferentes intensidades de frío, salvo esta primera que sólo está fresca (aunque podríamos subir la temperatura si lo necesitásemos), con unos potentes filtros para el aire que impedirá que esa nube de gas que convierte a la gente en hambrientos caníbales, llegue hasta nosotros y nos transforme también… por cierto… mi nombre es José de Sousa y mi enmascarado amigo, se llama Matías

Después todo el grupo se mantuvo en silencio durante muchos minutos, asustados y desconcertados como estábamos, sólo se escuchaban nuestros sollozos y el sangriento alboroto provocado por los químicos, apagados por los anchos muros y puertas de seguridad. También se oía el zumbido constante de los filtros, de los que más tarde el propio José de Sousa nos diría:

“De ellos dependen nuestras vidas”

Pasaron las horas, llegó el cansancio y el sueño y, tras comer algo fresco de la cámara y presentarnos, nos dormimos con muchas dificultades.

Marta hace una pequeña pausa recapacitando sobre como presentar su historia, que duró tanto, en unos minutos y el resumen le parece la mejor opción.

Bueno… como todos vosotros pasasteis por algo semejante a lo que os estoy contando, conoceréis las sensaciones e ideas que rondaron nuestras cabezas… y además lo que queréis es saber por qué el Contador confía tanto en mí. Así que voy a ir rápido… estuvimos encerrados en las cámaras como un mes, sin salir, el ciego no nos lo permitía y entre su convencimiento, el apoyo inquebrantable de Matías y por supuesto, toda nuestra gratitud tras habernos salvado; nadie se permitía contradecirle. Es más, durante la reclusión y de forma automática, se fue gestando una jerarquía en el grupo que terminó con el gobierno de José de Sousa y su lugarteniente el Contador. Era a este último al que el resto contábamos nuestros dilemas (incluso los relativos al ciego) y era él quien nos convencía de que seguir al ciego era lo que necesitábamos y la verdad es que no dejaba de tener razón porque como él nos contó:

José de Sousa está más que preparado para lidiar con todo esto, de hecho lleva preparándose para el fin del mundo desde hace mucho tiempo y es gracias a él que estuviésemos en el sitio y momentos correctos para salvarnos de la nube de gas… esa de la que nadie informó… él sabía que estas cámaras eran la mejor opción…”

En esos días José de Sousa tomó todas las decisiones: subimos la temperatura de dos de las cámaras (una para dormir, otra para convivir), comimos los alimentos que antes se pudieran pasar, preparó turnos para vigilar el correcto funcionamiento de la maquinaría que nos mantenía con vida y en fin, hizo lo correcto. ¿Conocéis la frase, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey? Pues aquí el rey era el ciego, al que, cuando se hizo realidad su paranoia apocalíptica, se transformó en algo más que un tuerto. Pero los días pasaron y lo reducido del lugar y la falta de espacio personal, comenzó a afectar al grupo alterando nuestros nervios y provocando disputas por los más mínimos detalles.

Durante un par de días hubo acusaciones, riñas y recelos, hasta que José de Sousa puso en marcha su deriva dictatorial sin haber intentado antes algo diferente, como le recriminaba Matías en sus reuniones privadas, tras las informativas donde el ciego nos sorprendía a todos con nuevas reglas para mejorar la convivencia, lo que terminó llamando su ensayo de sociedad: creó una especie de guardia que conformaron los tres cocineros que salvamos por fortuna (les dio impunidad casi total y comenzaron a tratarle como a un mesías), racionó la comida a su gusto, le subió la temperatura a una tercera cámara para apropiársela como dormitorio y lo peor de todo, decidió que teníamos la misión de perpetuar la especie. Para ello retrotrajo el papel de las mujeres del grupo a la Edad Media y escogió a una concubina… a mi madre… y la encerró en su cuarto…

Su voz se corta un instante y al cruzar la mirada con la de Sara, esta le recuerda sin palabras la promesa que se hicieron: lo que pasó, pasó, pero nunca más pasará, no lo permitiremos. Marta continúa.

A partir de ese día vivimos aterrados por la guardia, por el ensayo de ese loco salvador ciego y por supuesto, por el fin del mundo que nos esperaba fuera de las cámaras frigoríficas donde nos escondíamos…

De nuevo, el casi adolescente que ya antes había cortado el relato de Marta, vuelve a hacerlo.

¿No nos ibas a contar por qué el Contador confía tanto en ti cómo para darte las llaves?

Marta responde continuando la historia.

Ahora llegaremos a ello…

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