Capítulo 26. Expedición a la Granja (III). Tronco hueco


Tronco hueco by Jorge BernadLos múltiples edificios de la granja se extienden impasibles sobre la campa que los acoge regados por los rayos de un atardecer húmedo para la región. En el interior de la casa, la expedición continúa saqueando mientras piensan en su siguiente paso. En la parte central de la habitación principal, sobre un par de mantas, hay un montón de lo que antes se hubiera considerado basura, pero que ahora son imprescindibles: botellas vacías, latas de conserva pasadas o sin pasar y herramientas oxidadas, se agolpan ordenadas (valga la contradicción). Como siempre la primera en ofrecer un plan es la Amazona.

Hoy dormimos aquí, así que tenemos que prepararnos ya… mañana terminaremos de coger lo importante, hay que empezar el huerto del Núcleo… será mejor que sigamos los pasos que solemos seguir… dos saldremos a reconocer el perímetro para asegurar la zo…

El Contador de Historia la corta con prisas.

Malik y yo nos encargamos del exterior…

Y mirándole más calmado sigue.

Me gustaría que siguieras contándome tu historia…

Malik asiente aceptando sin ningún problema, desde que llegó al Núcleo, aparte de con su hijo, con quien más cómodo se ha sentido ha sido con el Contador. Él fue su anfitrión, quién más insistió en dejarle entrar y el que menos recela de su presencia, está agradecido y además, siempre cuenta historias interesantes. La Amazona termina de exponer su plan.

De acuerdo, vosotros dos fuera, Paco y yo dentro. Creo que no hay ninguna habitación decente aquí y no quiero dormir entre cuatro paredes salpicadas de tripas y sangre seca… dormiremos en la nave de al lado. Nosotros lo dejaremos todo preparado para descansar esta noche y cuando volváis, cenaremos.

Cada uno se empareja con quien le toca y Malik y el Contador salen del edificio. Observan a su alrededor y comienzan el reconocimiento por la única zona arbolada cercana, un pequeño bosque más allá de la casa. Cuanto más se acercan más notan la humedad que ese espacio desprende y Malik apunta.

Debe haber alguna fuente de agua por ahí… ¿Lo investigamos?

El Contador tan sólo asiente, lleva todo el camino callado y a su vez mirándole con inquietud, como si quisiera decir algo pero sin encontrar las palabras, aunque el antiguo corredor no le da importancia, estará cansado, piensa y se pierden entre los árboles. Tras diez minutos de silencio y sombras vegetales los árboles desaparecen dejando a la vista una pequeña laguna que junto al pozo del Núcleo les hace pensar que en esta zona hay aguas subterráneas, pero nadie hace comentario alguno.

De vuelta al perímetro el Contador de Historias se detiene ante un tronco vacío, podrido a pesar de conservar la corteza exterior y al fin suelta lo que llevaba todo el rato rumiando.

Malik ¿Por qué has mentido antes sobre el dibujo de la pared?

El preguntado empieza a negar con la cabeza, no le deja terminar el movimiento.

Te he visto hacerlo, sólo quiero saber qué es y para qué lo has dibujado.

Malik agacha la cabeza avergonzado y responde.

Es una manía, más bien una superstición… en un grupo con el que estuve al principio de mi búsqueda filial lo utilizábamos para saber dónde habíamos estado y como desde entonces sigo vivo, he llegado a relacionar mi suerte con pequeños detalles como este… entiendo tu suspicacia, pero ya se han reído antes de estas costumbres… no quería correr el riesgo de sentirme incómodo o apartado… entiéndeme, soy el nuevo…

El Contador le deja hablar y no encuentra razón para no creerle, todo él rebosa verdad.

No te preocupes Malik, te creo. Sólo necesitaba saber… ¿Te has fijado en el tronco?

Está hueco.

Sí, es un tronco hueco, pero ¿has visto hasta dónde llega el agujero del interior? Yo creo que llega hasta las raíces.

Podría ser… perdo…

Nada de perdones, las palabras se las lleva el viento, sigue ayudando y deja que te ayudemos… el Núcleo se ha forjado así, primero éramos un grupo de troncos vacíos, éramos débiles, desconfiados, pero ahora, ahora somos fuertes y nuestras raíces se han regenerando dándole consistencia a nuestros troncos… déjanos llenarte el tronco…

Después, un silencio incómodo.

Sí, ya me he oído…

Los dos explotan en carcajadas.

Joder… ¡qué mal ha quedado!… terminemos y volvamos con el resto, después de cenar podríamos leer el diario que has encontrado, a ver si descubrimos que ha pasado aquí, amigo.

Perfecto… amigo.

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