Capítulo 14. La Historia de Malik y Omar (III) 4


capítulo 14 historia de malik y omarBien… pues estaba ya en tierra hostil, más concretamente en medio de la nada. Enfrente mío, a un paseo de distancia, se veía el mar Mediterráneo, y a mi alrededor la tierra estaba seca y demacrada, como si hubieses sido víctima de numerosas batallas, que la hubiesen dejado yerma.

Lo cierto es que en ese momento estaba desorientado y algo abrumado ante lo que aún quedaba por hacer, fue entonces cuando resolví que la forma más sencilla de hacerlo era como siempre la mejor, poco a poco, y paso a paso llegué hasta una colina que presidia la costa y el páramo que rodeaba la frontera. La ascensión fue sencilla pero cuanto más me acercaba a la cima, más rastros de humanidad iba encontrando. Busqué en todos ellos restos de cualquier cosa que pudiera serme de utilidad y mereciera ser guardado en la mochila…

Omar abre los ojos un segundo y con un gesto pícaro de “te he pillado” en su rostro, puntualiza a su padre.

No habías dicho nada de una mochila…

Malik sonríe ante la ocurrencia de su hijo y le acaricia el pelo y responde.

Es cierto Omar, desde que salí en tu búsqueda llevé mochila… ya sabrás que es un elemento básico en este mundo… pero bueno, como decía… recogí esos útiles y seguí subiendo pero cada vez con mayores precauciones, no sabía que me podía encontrar. Cuando llegué hasta arriba del todo no vi a nadie aunque, en la pequeña explanada que cubría la cima, había un pequeño campamento compuesto por una tienda de campaña de plástico y una hoguera con brasas candentes aún. Un pequeño hilo de humo blanco se elevaba desde los restos de la fogata, confundiéndose con las nubes. Me acerqué al campamento improvisado con cautela y mientras lo hacía, un jugoso olor proveniente de las brasas, despertó al hambre que había domesticado con el tiempo, lo que se tradujo en un cambio de mi rumbo ya que, si bien iba a comenzar la exploración por la tienda en busca de humanidad, mis pasos se dirigieron hacía la comida que se había colado por mi nariz.

Sobre una roca plana asentada en el viejo fuego había un filete chamuscado y suculento y un cazo metálico con agua hervida, y no pude resistirme a devorar la carne con grandes tragos de agua, hacía mucho tiempo que no comía nada “fresco”. Pero a la vez que yo perdía el control, alguien surgía de la tienda a mi espalda. Carraspeó asustándome y desparramé por el suelo lo que tenía en las manos, después me giré y creí que mi viaje había terminado.

“Tú no eres Mohammed…”

Dijo como saludo un hombre de barba tupida y pelirroja con ropa de camuflaje que me apuntaba ahora con una pistola automática.

“No, soy Malik…”

Le respondí y él me hizo un gesto para que me sentase en el suelo, lejos del fuego.

“Entonces… ¿Te han echado o no te han dejado entrar?”

“Ninguna de las dos, me he ido yo, los de la frontera sólo me han dejado pasar…”

Esto llamó su atención aunque ningún gesto lo indicó, mantenía firme su cara de póker.

“No te creo, ¿para qué vas a cruzar la frontera si estabas en el lado sano del mundo? Nadie se escapa de donde está a salvo…”

Fue entonces cuando le expliqué con pelos y señales cual era mi objetivo, que tenía un hijo, que sabía que estabas vivo y que tenía que encontrarte Omar… ¿Omar?… ¿Omar, estás dormido?… Venga, a la cama.

Omar despega los párpados y farfulla.

Nooo… me gusta tu voz papá y… mañana te vas…

Y Malik, ante estas palabras, no puede hacer otra cosa que continuar.


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